Un pico, un mundial y el segundo puesto de una lista
¿Cómo se mide la influencia de una persona? El Financial Times situó a la futbolista Jennifer Hermoso como la segunda mujer más influyente del mundo en 2023, según la recopilación difundida por medios españoles y recogida en el debate. El dato, que llega después del beso no consentido de Luis Rubiales durante la celebración del Mundial femenino, ha generado un rechazo transversal: no por el nombre en sí, sino por lo que revela del criterio con el que se construyen estas listas.
La jugadora que marcó el gol de la final, según varios mensajes, apenas aparece en el relato público.
Qué dice la lista y de dónde sale
La clasificación fue presentada por medios como
La Vanguardia y atribuida al Financial Times. En el material se cita que la futbolista inglesa Leah Williamson fue la encargada de escoger a las integrantes de la lista, un detalle que varios mensajes subrayan con sorna. La propia fuente original, según se reproduce, incluiría la advertencia de que se trata de una lista sin orden jerárquico:
This is an unranked list. Ese matiz, sin embargo, no impidió que la noticia circulara como un ranking cerrado con Hermoso en segunda posición.
Hay quien sostiene que el nombramiento responde a una operación de propaganda política, no a méritos deportivos. En contra pesa el argumento de que la futbolista fue protagonista involuntaria de un episodio que sí tuvo impacto global y que precipitó la salida de Rubiales de la federación. La discusión, en cualquier caso, no se centra en si el beso existió, sino en si eso basta para coronar a alguien como referente mundial.
El mérito deportivo frente al ruido mediático
Uno de los ejes del debate es la comparación con otras mujeres que, según los mensajes, sí acumulan méritos verificables: investigadoras contra el cáncer, ingenieras premiadas en el extranjero, deportistas que ganaron títulos sin necesidad de un escándalo.
La pregunta que sobrevuela es por qué esas trayectorias no generan titulares equivalentes.
El argumento más repetido es que la notoriedad de Hermoso se disparó tras el pico y no antes. Antes de ese episodio, según se afirma, una parte mínima de la población española habría sabido su nombre. Después, pasó a presentar las campanadas de fin de año en TVE y a ocupar portadas. Esa secuencia temporal, más que el hecho en sí, es lo que alimenta la suspicacia.
La sombra de Rubiales y el uso político del caso
El caso Rubiales recorre todo el material. Se menciona que el expresidente de la RFEF fue señalado por un beso no consentido y que su salida se produjo en medio de un conflicto interno con otros asuntos pendientes. Varios mensajes interpretan que Hermoso habría sido utilizada como instrumento para desalojarlo, lo que no implica que el beso no ocurriera, sino que su proyección pública se habría gestionado con otros fines.
Esa lectura convive con otra más incómoda: si el feminismo institucional necesita convertir a una futbolista en icono global por un episodio de este tipo, el mensaje que lanza es que las mujeres solo alcanzan relevancia cuando son víctimas de algo. Es una crítica que aparece formulada de distintas maneras y que apunta menos a Hermoso que a quienes diseñan las listas.
Las campanadas, el efecto llamada y el rechazo posterior
La presencia de Hermoso en las campanadas de TVE se cita como prueba de que el nombramiento no fue un hecho aislado. También se apunta al efecto contrario: el circo mediático habría generado un rechazo hacia el
fútbol femenino que antes no existía.
Según varios mensajes, los anuncios publicitarios posteriores al Mundial no llegaron al nivel de los que genera el fútbol masculino, incluso con jugadores suplentes.
El material también recoge la mención a la futbolista fallecida Itziar Castro, a quien algunos mensajes reclaman un reconocimiento póstumo equivalente. No hay consenso sobre si eso ocurrirá ni sobre si debería.
Qué se está midiendo realmente
La discusión deriva hacia una pregunta más amplia: qué significa influir. Si influir es cambiar la conversación pública, Hermoso lo hizo. Si influir es transformar una disciplina, una industria o una vida ajena, el listón es otro. La lista del Financial Times, según se reproduce, no aclara el criterio. Y ahí está el problema: sin metodología pública, cualquier ranking se convierte en una declaración de intenciones disfrazada de dato.
Al final, lo más revelador no es que Hermoso ocupe el segundo puesto, sino que nadie en el material discute seriamente el primero. Eso, en una lista que aspira a medir la influencia femenina global, dice bastante.