El coche medio cuesta 23.613 € y el joven medio cobra 1.315 €
Un forero hace la cuenta en una servilleta: mil euros de carnet, tres o cuatro mil de un coche de segunda mano que no se caiga a cachos, quinientos de sobreprecio para figurar como conductor ocasional y otros mil quinientos para ser conductor habitual. El salario medio de un ocupado de 16 a 24 años es de
1.315,43 euros al mes. La servilleta no da.
Esa es la aritmética que hay detrás de la pregunta lanzada por
El País: por qué los jóvenes están cada vez menos interesados en tener coche propio. El precio medio de un vehículo automóvil se situó en
23.613 euros en octubre de 2023. El salario medio de un ocupado de 16 a 24 años, según el INE, se quedaba en
1.315,43 euros, y eso contando solo a los que trabajan, que no son tantos. Con esos dos números sobre la mesa, el supuesto desinterés generacional se convierte en una resta de primaria.
¿Cuánto cuesta sacarse el carnet y comprar un coche?
Antes de pisar el concesionario hay que pasar por caja varias veces. El desglose de partidas que manejan quienes han hecho el cálculo es el siguiente:
- Carnet de conducir: 1.000 euros mínimo.
- Coche de segunda mano utilizable: entre 3.000 y 4.000 euros.
- Sobrecoste para darse de alta como conductor ocasional: 500 euros.
- Alta como conductor habitual: 1.500 euros, si alguna aseguradora acepta.
Y eso es la entrada, no el postre. Después llegan el combustible, la ITV, los impuestos, el aparcamiento y las revisiones. El coche usado no cierra el gasto: lo abre.
El coche ya no vende libertad, vende cuotas
El diagnóstico que más se repite no apunta a los jóvenes, sino al propio objeto. El coche dejó de ser aquella máquina de emancipación que fue para quien se sacó el carnet a los 18 años. Hoy es un goteo: seguro caro hasta los 26, ITV, impuestos, atascos, imposibilidad de aparcar en el centro, multas y un mapa creciente de restricciones de circulación en las grandes urbes. La conclusión que se oye en voz alta es dura: antes el coche daba libertad; ahora se parece más a una servidumbre con ruedas.
¿Desinterés o cambio de prioridades?
Hay una lectura opuesta y bastante extendida, la que sostiene que los jóvenes urbanos simplemente tienen otras prioridades: un teléfono de gama alta de 1.000 euros, viajes, cenas y experiencias. Desde esa óptica, el asunto es cultural, no económico. El contraargumento que se esgrime es que un móvil es un desembolso puntual y un coche es una cuota anual que no se apaga. La sospecha, al final, es que el cambio de prioridades llega después del cambio de capacidad de pago, no antes.
No es solo el coche: casa y familia también esperan
El paralelismo se repite con insistencia: si han perdido el interés en el coche, también lo han perdido en la casa propia y en formar una familia. Lo que describe esa frase es un fenómeno más ancho, el de una generación con empleo y sin patrimonio, con nómina y sin capacidad de acumular. La primera compra grande de la vida adulta es el coche. Si esa se cae, las siguientes se tambalean por pura aritmética.
Japón ya recorrió este camino
El espejo japonés aparece enseguida. La tasa de propiedad se ha deslizado hasta 1,06 coches por núcleo familiar, la más baja desde 1999, en un país donde millones de asalariados van al trabajo en trenes abarrotados. La lectura fácil es cultural. La incómoda es económica: hay quien sostiene que el coche se está desacoplando del poder adquisitivo igual que los pisos lo hicieron hace treinta años. Si la tendencia se confirma, comprar un coche dejará de ser la norma para el español medio y pasará a ser una excepción de renta alta.
Del coche en propiedad al coche por minutos
El sustituto no es la bicicleta, es el alquiler. Un taxi de San Sebastián al aeropuerto de Fuenterrabía, unos 20 kilómetros, cuesta 45 euros. Alquilar un coche sale a 30 euros al día, con mínimos de tres jornadas, y entre 40 y 50 si es una sola. Como apaño ocasional funciona; como rutina diaria, entre recogidas, devoluciones y fianzas retenidas, es un engorro. En el horizonte asoma el coche por minutos y el renting corporativo, ese modelo en el que no se posee nada y se paga por uso. Y ahí engancha la teoría conspirativa del plan global para acabar con la propiedad privada: no hay prueba alguna de semejante plan, pero sirve de coartada para no mirar los números.
Al final, el dato que descoloca. Según un cálculo que circula en el debate, un sueldo de 1.315 euros de hoy compra lo mismo que 910 euros de 2005. La inflación no sale en el titular, pero está en cada nómina. Explicaría, sin necesidad de teorías, por qué una generación entera ha dejado de mirar escaparates.