España gana 580.574 residentes extranjeros en un solo año
¿Cuántos habitantes nuevos tiene España y de dónde salen? El censo a 1 de enero de 2023 sitúa la población en 48.085.361 personas, un 1,26% más que un año antes. El detalle importa: de los 598.634 habitantes ganados, solo 18.060 tienen nacionalidad española. Los otros 580.574 llegaron desde el extranjero. Dicho de otro modo, la población foránea creció a un ritmo muy superior al de la española, y el saldo migratorio explica prácticamente todo el aumento.
El 12,7% de los residentes tenía nacionalidad extranjera en el censo publicado, frente al 13,1% de un año antes. La cifra se lee mejor al revés: los extranjeros ya representan una de cada ocho personas empadronadas en el país.
Colombia, Ucrania y Venezuela concentran la mitad de las llegadas
Los mayores incrementos se dieron entre personas procedentes de
Colombia (142.391 más),
Ucrania (83.401) y
Venezuela (64.498). Entre los tres países suman casi la mitad de los nuevos residentes foráneos. Los marroquíes siguen siendo el colectivo extranjero más numeroso (893.953), por delante de rumanos (629.755) y colombianos (453.911).
Por territorios, la población creció en todas las comunidades autónomas salvo en Extremadura, donde cayó en 2.502 personas. Los mayores incrementos se registraron en Cataluña (140.140 más), Comunidad de Madrid (128.649) y Comunidad Valenciana (108.079). En términos relativos, los municipios que más crecieron fueron Torrevieja (6,8%), Estepona (4,6%) y Benidorm (4,3%).
¿Por qué crece la población extranjera más que la española?
El saldo vegetativo español lleva años en negativo y la natalidad no compensa las defunciones. La inmigración tapa el agujero demográfico. Ese es el dato. La discusión empieza cuando se pregunta a qué coste y con qué criterio.
Hay quien sostiene que el modelo migratorio español prioriza cantidad sobre selección, con efectos sobre el mercado de trabajo y los servicios públicos. Enfrente, el argumento oficial: sin flujos migratorios, el sistema de pensiones y el mercado laboral se descapitalizan. El cálculo más optimista asume que los nuevos residentes sostienen la afiliación; el escenario pesimista parte de que presionan salarios y vivienda sin resolver el problema de fondo.
El impacto en vivienda, salarios y servicios públicos
El aumento de población coincide con tensiones en el alquiler y en el precio de la vivienda en las grandes ciudades. La relación entre oferta y demanda es la explicación más repetida. También se apunta a la presión sobre sanidad, educación y ayudas sociales, con la queja recurrente de que los recién llegados acceden a prestaciones antes que los nacionales.
El detalle completo de los flujos, con desglose por nacionalidad y provincia, arroja diferencias que sorprenden. Los datos del INE están ahí, pero el debate público los toca de refilón.
La pregunta no es si España envejece. Es si el remedio elegido —importar población a este ritmo— es el que alguien votó. Nadie recuerda haberlo hecho.