El precio de los huevos se dispara y el foco apunta a Mercadona
En febrero la docena de huevos costaba 2,15 euros. Ahora supera los 3. Esa es la comparación que ha puesto sobre la mesa la portavoz de Podemos, Irene Montero, en un mensaje en el que señala directamente a Mercadona: la cadena de Juan Roig ha ganado un 40% más este año, mientras el producto básico se encarece casi un 40% en unos meses. La pregunta que lanza —quién se está llevando ese dinero— ha abierto un debate que va mucho más allá de la caja del supermercado.
El argumento de Podemos es simple: los ganaderos no se están beneficiando de la subida, luego el margen se queda en algún punto de la cadena de distribución. Y el sospechoso habitual tiene nombre y apellidos. Pero la respuesta que ha generado ese mensaje es todo menos simple. Porque si algo demuestra el intercambio de análisis, es que el precio de los huevos es un rompecabezas con muchas piezas y ningún culpable único.
¿Por qué han subido los huevos si Mercadona gana más?
La primera corriente de análisis apunta a los costes de producción. Hay quien sostiene que la legislación europea sobre bienestar animal ha endurecido las condiciones de cría de gallinas ponedoras: menos densidad, jaulas más grandes, inversiones que los pequeños productores no siempre pueden asumir. El resultado sería menos explotaciones rentables y, por tanto, menos oferta. Cuando la oferta se contrae y la demanda no cede, el precio sube. Es economía básica, aunque duela.
Hay quien va más allá y señala un efecto colateral que pocos mencionan: las jaulas que los ganaderos europeos retiraron por obligación legal acabaron en Marruecos, donde se cría con estándares que aquí están prohibidos. Esos huevos compiten después en el mismo lineal que el producto local. La paradoja es evidente: se encarece la producción propia mientras se importa de quien no cumple las mismas reglas.
El segundo factor que aparece en el análisis es el coste energético y de los piensos. La electricidad, el gasóleo, los cereales: todo lo que alimenta y calienta una nave avícola se ha encarecido. Y eso se traslada al precio final antes de que ningún supermercado ponga su margen. La pregunta de Montero —quién se lleva el dinero— tiene una respuesta incómoda: en parte, nadie. Se lo lleva el coste.
El beneficio de Mercadona y el IVA que nadie menciona
El dato del 40% de beneficio de Mercadona es real, pero incompleto. La cadena de distribución no es la única que gana cuando sube el precio de un producto básico. El IVA de los alimentos básicos se ha convertido en una fuente de recaudación récord para Hacienda. Con cada docena de huevos que se vende, el Estado se lleva un porcentaje fijo. Si el precio sube, la recaudación sube. Sin invertir un euro en gallinas, en naves ni en logística.
Ese es el argumento que esgrimen quienes defienden a Mercadona: el margen neto de la distribución alimentaria es estrecho, a menudo por debajo del 1% o el 2%. El beneficio bruto puede crecer porque el volumen crece, pero el porcentaje por unidad vendida no es el que sugiere el titular. La comparación con otros supermercados —Carrefour, Eroski, Alcampo, Día— desmonta la tesis del monopolio: todos han subido precios, y algunos más que Mercadona. En Eroski, según los datos que se manejan, la docena supera los 4,40 euros.
La pregunta, entonces, no es por qué Mercadona gana más. Es por qué se señala solo a Mercadona cuando el fenómeno es sistémico. La respuesta que dan algunos analistas tiene que ver con la estructura de la empresa: sin publicidad en medios tradicionales, sin puertas giratorias, sin dependencia de los canales habituales de influencia. Un actor incómodo para quien espera reciprocidad.
La batalla política detrás del precio de los huevos
El mensaje de Montero no es solo económico. Es político. Y como tal se ha interpretado. La izquierda lleva meses buscando un relato que conecte con el bolsillo de la gente, y la inflación alimentaria es el terreno más fértil. Señalar a una gran empresa —especialmente a una con la popularidad de Mercadona— permite construir un enemigo claro. El problema es que el enemigo no siempre es el que parece.
La respuesta del sector empresarial ha sido contundente: si el problema fuera el margen de Mercadona, bastaría con que abriera una línea de huevos a 2 euros para hundir al resto. No lo hace porque no puede. Los costes no lo permiten. Y esa es, quizás, la refutación más elegante: la competencia funciona, pero el suelo de precios lo pone la estructura de costes, no la avaricia de un directivo.
Mientras tanto, el consumidor sigue pagando. La docena que en febrero costaba 2,15 euros hoy supera los 3. Un 40% más en unos meses. Para una familia que compra dos docenas a la semana, hablamos de más de 100 euros al año solo en huevos. La cifra no es dramática, pero suma. Y en un contexto de inflación acumulada, cada suma cuenta.
La predicción más razonable es que el precio no baje mientras no cambien los costes. La legislación europea no se va a revertir, los costes energéticos siguen volátiles y la oferta tardará en recuperarse. Si alguien esperaba que señalar a Mercadona resolviera algo, se equivocó de herramienta. El problema no es quién se lleva el dinero. Es que el dinero, simplemente, ya no alcanza para lo que alcanzaba.