Ir de Asturias a Madrid ya cuesta casi 60 euros solo en peajes
¿Cuánto cuesta hoy cruzar la frontera natural que separa Asturias de la Meseta? La respuesta oficial desde el 1 de enero es de 59,20 euros para un turismo que haga el trayecto hasta Madrid, un 5% más que el año anterior. El desglose no admite discusión: 30 euros en la autopista del Huerna y 29,20 en el tramo Villalba-Adanero. Para los vehículos pesados la factura se dispara hasta los 107 euros entre ambos peajes. La actualización la ha firmado el Ministerio de Transportes y ha caído como un jarro de agua fría entre los empresarios asturianos, que ven en cada subida un nuevo clavo en la tapa de su competitividad.
¿Por qué se paga peaje entre Asturias y la Meseta?
La respuesta corta es que la concesión de la autopista del Huerna no expira hasta 2050, según la prórroga que el Gobierno de José María Aznar decretó en el año 2000. La respuesta larga es que esa prórroga convirtió una infraestructura de pago en una suerte de aduana interior permanente. Mientras en otras regiones los peajes se han ido desmantelando, Asturias sigue abonando un canon que sus vecinos ya no pagan. El presidente de la Cámara de Comercio de Oviedo, Carlos Paniceres, lo resumió con una frase que debería estar grabada en la entrada de cada ministerio: «tenemos que tener precios competitivos» para llegar a la capital de España.
Desde la Federación Asturiana de Empresarios (FADE) hablan directamente de «una nueva barrera para las conexiones asturianas» y reclaman soluciones que persigan la cohesión entre regiones. El argumento no es nuevo, pero cada enero gana urgencia. La comparación con Galicia, donde ir de Vigo a Coruña cuesta casi la mitad, o con Cataluña, donde las salidas de Barcelona llevan décadas gravadas, sirve de consuelo relativo: el problema no es exclusivo, pero el agravio comparativo con la Meseta es difícil de tragar.
La alternativa gratuita: puertos de montaña y menús del día
La respuesta de muchos conductores no ha tardado en aparecer en forma de ruta alternativa. El puerto de Pajares y el de Navacerrada se han convertido en la escapatoria clásica para quien no está dispuesto a pagar. El cálculo que circula es simple: una hora más de viaje a cambio de un ahorro que permite que cuatro personas almuercen «como gorrinos» en Casa Ezequiel. La N-630 y los tramos de montaña se reivindican como una experiencia que, además de gratuita, tiene su propio encanto. Hay quien sostiene que por el puerto de los Leones se tarda solo quince minutos más que por el túnel, y que el menú del día compensa cualquier penalidad.
No todo el mundo comparte el entusiasmo. La bajada por el Besaya se describe como impracticable, y la saturación de la autovía cántabra es un riesgo real si el tráfico se desvía masivamente. La A-1 es peor que la A-6, pero al final la gente conduce hacia donde no le cobran. El resultado es una red viaria gratuita que soporta un peso para el que no siempre está dimensionada, mientras la autopista de pago mantiene un caudal estable de usuarios cautivos.
El tren como válvula de escape
El ferrocarril aparece en la conversación como la alternativa lógica. Un Alvia Oviedo-Madrid ronda las tres horas y cuarto y los 80 euros ida y vuelta, un precio que compite de tú a tú con el coche cuando se suman gasolina y peajes. La ironía es que el tren que debía ser la solución lleva años lastrado por trazados antiguos y tiempos de viaje que no terminan de despegar. El nuevo material rodante que se presentó en Vigo y que llegará a Asturias en marzo promete mejorar la experiencia, aunque la configuración densa y los asientos apretados en turista no invitan precisamente a dejar el coche en casa.
La conexión por alta velocidad sigue siendo una promesa con fecha indeterminada. El tramo Palencia-Santander se ha aceptado por compromisos políticos y se espera que sea el de menos tráfico de España con bastante diferencia. Mientras tanto, el viajero asturiano sigue haciendo cuentas: coche con peaje, coche sin peaje, tren o autobús. Ninguna opción es redonda.
¿Se puede considerar gratis la carretera?
El debate de fondo es si tiene sentido hablar de carreteras gratuitas. Los impuestos vinculados al motor recaudan en España miles de millones al año entre matriculación, carburantes, ITV, IVA de seguros y similares. La partida presupuestaria para mantenimiento de carreteras es una fracción de esa cifra. Con esos números sobre la mesa, la idea de que el usuario debe pagar dos veces por el mismo kilómetro tiene poco recorrido. El argumento oficial de que quien usa paga choca con la realidad de un sistema fiscal que ya grava la posesión y el uso del vehículo por múltiples vías.
La discusión deriva entonces hacia el modelo territorial. Hay quien defiende que las autovías se construyeron en parte con fondos europeos y con el superávit de la Seguridad Social, y que ahora se pretende cobrar por lo ya pagado. Otros recuerdan que países como Francia tienen menos kilómetros de autovía y la mayoría son de peaje. El consenso, si existe, es que el sistema actual combina lo peor de ambos mundos: peajes donde no debería haberlos y una presión fiscal que no se traduce en infraestructuras a la altura.
Con estos números, la migración interior debería ser masiva. Sigue siendo marginal. Y el peaje del Huerna seguirá ahí, recordándole a cada conductor asturiano que la frontera con la Meseta tiene precio.