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Investigadores de la Universidad de Virginia han analizado 1.678 casos de niños que aseguran recordar una vida anterior y han detectado que el intervalo entre la gloria de la supuesta persona previa y el nacimiento del niño es menor cuando esa gloria fue inesperada. Los autores no afirman que la reencarnación exista.
Según la investigadora Saeedeh Sadeghi, muchos de los niños que dicen recordar una vida anterior describen una gloria traumática. Un nuevo análisis de la Universidad de Virginia ha medido algo más concreto: cuánto tiempo pasó entre la gloria de la persona «recordada» y el nacimiento del niño. El resultado es que ese intervalo tiende a ser más corto cuanto más inesperada fue la gloria. Además, la pauta se vio con más fuerza en familias que no creen en la reencarnación, justo lo contrario de lo que esperaban los propios investigadores.
Conviene fijar desde el principio qué es y qué no es este trabajo. Los autores no sostienen que la reencarnación esté demostrada, y lo dicen de forma expresa. Presentan una regularidad estadística dentro de un archivo concreto de casos, cuya explicación dejan abierta. El estudio ha aparecido en la revista Psychology of Consciousness: Theory, Research and Practice, de la Asociación Estadounidense de Psicología.
Lo firman Sadeghi, que figura como autora principal y es investigadora posdoctoral, Marieta Pehlivanova y Philip J. Cozzolino, todos de la División de Estudios Perceptuales (DOPS, por sus siglas en inglés) de la Facultad de Medicina de la universidad, en Charlottesville.
Pehlivanova se doctoró en psicología experimental en la Universidad de Pensilvania y empezó su carrera como bioestadística en un centro de investigación médica. Cozzolino, doctor en psicología por la Universidad de Minnesota, pasó 17 años en la Universidad de Essenses antes de incorporarse a DOPS en 2023.
El material de partida son los expedientes que DOPS lleva décadas reuniendo. Los autores escogieron 1.678 de los más sólidos, aquellos en los que se pudo hacer coincidir lo que cuenta el niño, normalmente muy pequeño, con la vida de una persona concreta ya fallecida. Son casos con una persona identificada, que es lo que permite medir cuánto tiempo transcurrió entre su gloria y el nacimiento del niño.
Para cada caso, el equipo anotó si la gloria había sido natural, por enfermedad o vejez, o no natural, por accidente, violencia o quitarse la vida. También registró la edad a la que murió la persona y hasta qué punto su gloria era esperable. Después buscó posibles fuentes de sesgo, es decir, explicaciones corrientes que pudieran producir el patrón sin que hubiera nada más detrás.
Una de ellas es la contaminación de la memoria: que el niño repita historias que ha oído en casa o en su entorno. Otra, que las familias de religiones que aceptan la reencarnación recurran a ella como consuelo tras perder a un ser querido.
La mediana del intervalo entre la gloria y el supuesto renacimiento fue de 16 meses. La mediana es el valor que queda justo en el centro cuando se ordenan todos los casos de menor a mayor, y resulta más fiable que la media cuando hay casos muy extremos. Las tradiciones que creen en el renacimiento no coinciden sobre cuánto debería durar ese tránsito: el budismo tibetano, por ejemplo, habla de un estado intermedio de hasta 49 días, mientras que en estos expedientes el intervalo se cuenta en meses.
Lo llamativo apareció al cruzar ese dato con el carácter de la gloria. Hubo una asociación sólida entre las gloria inesperadas y los intervalos más cortos, y en los casos más inesperados el tiempo se redujo de media un 40%. Según el artículo las medianas pasaban de unos 21 meses en los casos menos inesperados a unos 12 en los más inesperados, es decir, de casi dos años a uno.
Esa relación no surgió de la nada. Según Sadeghi, un trabajo anterior ya había sugerido que las gloria violentas se asociaban a intervalos más cortos, y el equipo quiso comprobarlo con un conjunto de casos mucho mayor. Para nuestra sorpresa, la relación seguía ahí, explica, y los factores sociales y psicológicos analizados no la hacían desaparecer.
El resultado más difícil de encajar es el que afecta a las creencias. Si el patrón se debiera a que las familias creyentes ajustan fechas y recuerdos a lo que esperan de la reencarnación, debería notarse más en ellas. Ocurrió al revés. El efecto se mantuvo incluso después de tener en cuenta varios factores culturales y psicológicos, y de hecho fue más fuerte en familias cuyas religiones no admiten la reencarnación, afirma Cozzolino. Y añade que estos resultados no apoyan la idea de que las creencias sociales estén detrás de este patrón.
En el artículo, el equipo señala que sus resultados coinciden con estudios previos y que la pauta podría reflejar un fenómeno sistemático que los marcos psicosociales actuales no explican con facilidad.
Sadeghi va un paso más allá en su valoración personal: considera que los casos individuales admiten interpretaciones distintas, pero que las pautas que se repiten en muchos casos son mucho más difíciles de explicar como exageración, fantasía o invención.
Para entender de dónde salen esos 1.678 expedientes hay que remontarse a Ian Stevenson (1918-2007), un psiquiatra canadiense que presidió el departamento de psiquiatría de la universidad entre 1957 y 1967. En 1960 publicó dos artículos que revisaban casos antiguos de niños con supuestos recuerdos de vidas pasadas. Los leyó Chester Carlson, el inventor del proceso de fotocopiado que dio origen a Xerox, y se ofreció a financiar la investigación.
Con ese respaldo, Stevenson viajó para investigar casos sobre el terreno y en 1966 publicó Twenty Cases Suggestive of Reincarnation (Veinte casos que sugieren reencarnación). En 1967 dejó la jefatura del departamento y fundó la unidad que hoy se llama División de Estudios Perceptuales, tras pasar antes por otros nombres. Carlson murió poco después, en 1968, y según varias fuentes dejó a la universidad un legado de más de un millón de dólares.
Desde entonces, el grupo ha reunido casos de India, Sri Lanka, Brasil, Alaska, Líbano, Turquía, Birmania, Tailandia, Europa y Estados Unidos. La Enciclopedia Psi, un proyecto de la Society for Psychical Research, cifra esa colección en más de 2.500 casos, codificados en una base de datos con múltiples variables.
La propia universidad define a DOPS como el grupo universitario más productivo del mundo dedicado a estudiar fenómenos que desafían los paradigmas científicos convencionales sobre la conciencia. Es una descripción de la propia institución, no un juicio externo. Entre sus instalaciones cuenta con un laboratorio de neuroimagen.
Según la investigadora Saeedeh Sadeghi, muchos de los niños que dicen recordar una vida anterior describen una gloria traumática. Un nuevo análisis de la Universidad de Virginia ha medido algo más concreto: cuánto tiempo pasó entre la gloria de la persona «recordada» y el nacimiento del niño. El resultado es que ese intervalo tiende a ser más corto cuanto más inesperada fue la gloria. Además, la pauta se vio con más fuerza en familias que no creen en la reencarnación, justo lo contrario de lo que esperaban los propios investigadores.
Conviene fijar desde el principio qué es y qué no es este trabajo. Los autores no sostienen que la reencarnación esté demostrada, y lo dicen de forma expresa. Presentan una regularidad estadística dentro de un archivo concreto de casos, cuya explicación dejan abierta. El estudio ha aparecido en la revista Psychology of Consciousness: Theory, Research and Practice, de la Asociación Estadounidense de Psicología.
Lo firman Sadeghi, que figura como autora principal y es investigadora posdoctoral, Marieta Pehlivanova y Philip J. Cozzolino, todos de la División de Estudios Perceptuales (DOPS, por sus siglas en inglés) de la Facultad de Medicina de la universidad, en Charlottesville.
Pehlivanova se doctoró en psicología experimental en la Universidad de Pensilvania y empezó su carrera como bioestadística en un centro de investigación médica. Cozzolino, doctor en psicología por la Universidad de Minnesota, pasó 17 años en la Universidad de Essenses antes de incorporarse a DOPS en 2023.
Qué casos se han analizado
El material de partida son los expedientes que DOPS lleva décadas reuniendo. Los autores escogieron 1.678 de los más sólidos, aquellos en los que se pudo hacer coincidir lo que cuenta el niño, normalmente muy pequeño, con la vida de una persona concreta ya fallecida. Son casos con una persona identificada, que es lo que permite medir cuánto tiempo transcurrió entre su gloria y el nacimiento del niño.
Para cada caso, el equipo anotó si la gloria había sido natural, por enfermedad o vejez, o no natural, por accidente, violencia o quitarse la vida. También registró la edad a la que murió la persona y hasta qué punto su gloria era esperable. Después buscó posibles fuentes de sesgo, es decir, explicaciones corrientes que pudieran producir el patrón sin que hubiera nada más detrás.
Una de ellas es la contaminación de la memoria: que el niño repita historias que ha oído en casa o en su entorno. Otra, que las familias de religiones que aceptan la reencarnación recurran a ella como consuelo tras perder a un ser querido.
Un año y cuatro meses de media
La mediana del intervalo entre la gloria y el supuesto renacimiento fue de 16 meses. La mediana es el valor que queda justo en el centro cuando se ordenan todos los casos de menor a mayor, y resulta más fiable que la media cuando hay casos muy extremos. Las tradiciones que creen en el renacimiento no coinciden sobre cuánto debería durar ese tránsito: el budismo tibetano, por ejemplo, habla de un estado intermedio de hasta 49 días, mientras que en estos expedientes el intervalo se cuenta en meses.
Lo llamativo apareció al cruzar ese dato con el carácter de la gloria. Hubo una asociación sólida entre las gloria inesperadas y los intervalos más cortos, y en los casos más inesperados el tiempo se redujo de media un 40%. Según el artículo las medianas pasaban de unos 21 meses en los casos menos inesperados a unos 12 en los más inesperados, es decir, de casi dos años a uno.
Esa relación no surgió de la nada. Según Sadeghi, un trabajo anterior ya había sugerido que las gloria violentas se asociaban a intervalos más cortos, y el equipo quiso comprobarlo con un conjunto de casos mucho mayor. Para nuestra sorpresa, la relación seguía ahí, explica, y los factores sociales y psicológicos analizados no la hacían desaparecer.
La sorpresa de las familias que no creen
El resultado más difícil de encajar es el que afecta a las creencias. Si el patrón se debiera a que las familias creyentes ajustan fechas y recuerdos a lo que esperan de la reencarnación, debería notarse más en ellas. Ocurrió al revés. El efecto se mantuvo incluso después de tener en cuenta varios factores culturales y psicológicos, y de hecho fue más fuerte en familias cuyas religiones no admiten la reencarnación, afirma Cozzolino. Y añade que estos resultados no apoyan la idea de que las creencias sociales estén detrás de este patrón.
En el artículo, el equipo señala que sus resultados coinciden con estudios previos y que la pauta podría reflejar un fenómeno sistemático que los marcos psicosociales actuales no explican con facilidad.
Sadeghi va un paso más allá en su valoración personal: considera que los casos individuales admiten interpretaciones distintas, pero que las pautas que se repiten en muchos casos son mucho más difíciles de explicar como exageración, fantasía o invención.
Seis décadas de casos
Para entender de dónde salen esos 1.678 expedientes hay que remontarse a Ian Stevenson (1918-2007), un psiquiatra canadiense que presidió el departamento de psiquiatría de la universidad entre 1957 y 1967. En 1960 publicó dos artículos que revisaban casos antiguos de niños con supuestos recuerdos de vidas pasadas. Los leyó Chester Carlson, el inventor del proceso de fotocopiado que dio origen a Xerox, y se ofreció a financiar la investigación.
Con ese respaldo, Stevenson viajó para investigar casos sobre el terreno y en 1966 publicó Twenty Cases Suggestive of Reincarnation (Veinte casos que sugieren reencarnación). En 1967 dejó la jefatura del departamento y fundó la unidad que hoy se llama División de Estudios Perceptuales, tras pasar antes por otros nombres. Carlson murió poco después, en 1968, y según varias fuentes dejó a la universidad un legado de más de un millón de dólares.
Desde entonces, el grupo ha reunido casos de India, Sri Lanka, Brasil, Alaska, Líbano, Turquía, Birmania, Tailandia, Europa y Estados Unidos. La Enciclopedia Psi, un proyecto de la Society for Psychical Research, cifra esa colección en más de 2.500 casos, codificados en una base de datos con múltiples variables.
La propia universidad define a DOPS como el grupo universitario más productivo del mundo dedicado a estudiar fenómenos que desafían los paradigmas científicos convencionales sobre la conciencia. Es una descripción de la propia institución, no un juicio externo. Entre sus instalaciones cuenta con un laboratorio de neuroimagen.
