El cristianismo, acusado de copiar a Mitra, Horus y el Sol Invicto
El cristianismo no es original. Es una síntesis de mitos anteriores. Esa es la tesis que recorre un análisis que compara el relato de Noé con el mito griego de Deucalión, el sumerio de Ziusudra y versiones persas, chinas, mayas y mapuches, y que sitúa el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre como una fecha elegida por la Iglesia en el siglo IV. La discusión derivó hacia un terreno más incómodo: si el relato evangélico es una construcción simbólica humana, ¿por qué se impuso con tal fuerza y ha perdurado 2000 años?
El diluvio, el 25 de diciembre y los paralelismos incómodos
El punto de partida es un repaso a los paralelismos entre el cristianismo y culturas anteriores. El mito de Deucalión, el relato sumerio de Ziusudra en las tablillas de Nippur y otras versiones similares en culturas persas, chinas, mayas y mapuches alimentan la tesis del plagio. La fecha del 25 de diciembre, según esta lectura, fue una elección eclesiástica del siglo IV para competir con el Sol Invicto, una de las religiones con más fuerza entre los soldados romanos del siglo III.
La refutación llega por el mismo camino. Hay quien sostiene que el Sol Invicto es una pista falsa: ya había cristianos que identificaban el 25 de diciembre como fecha del nacimiento antes de que el emperador decretase la festividad del Sol Invicto, y el decreto imperial habría sido el intento de eclipsar una celebración cristiana en aumento. La Iglesia, en esta versión, siempre admitió que la humanidad buscó a Dios antes de la revelación.
¿Por qué se impuso el cristianismo en el mundo antiguo?
La pregunta que descoloca a propios y extraños. El islam se impuso con más fuerza, según una de las respuestas, y no hay tanto misterio: el judaísmo ya estaba extendido, y tras la caída de Jerusalén y la diáspora los judíos estaban dispersos por todo el imperio. Los primeros predicadores solo tuvieron que ir de comunidad judía en comunidad judía con la propia Biblia judía proponiendo una nueva secta en la que no era necesario circuncidarse, algo que aparece en el texto como muy polémico entre los judíos más ortodoxos pero que ayudó al éxito entre gentiles.
Otra línea apunta a la religión del imperio como herramienta de control: al que no le convenciera se le consideraba hereje, con la ruina como castigo. Y una tercera tesis, más radical, sostiene que el budismo fue utilizado por el rey Ashoka para desplumar a los brahmanes, que Roma en el año 0 estaba en la ruina por el comercio con la India, y que los indios pasaron una epopeya fantástica sobre Buda, el Buddhacarita, para desplumar a los judíos de la época. De ahí habría salido Jesús, luego el islam y después el comunismo. Herramientas para desplumar pueblos, en suma.
La moral cristiana frente a los Yamas del yoga
El contraste moral también tiene su hueco. Frente a los principios del Yoga Sutra de Patanjali —Ahimsa, Satya, Asteya, Brahmacharya—, que provienen de miles de años atrás, se responde que todo eso está cubierto por la moral cristiana: el autoperfeccionamiento de la conciencia no sería más que el camino hacia la santidad, sometiendo el orgullo y las pasiones. Lo que no aparece en el Yoga Sutra, se argumenta, es el «Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen».
La contraoferta es clara: si alguien tiene principios más elevados que los que propone Cristo, que los exponga. Y el aviso de que hay tantas casualidades en la Biblia que describen circunstancias de Jesús en textos varios siglos anteriores que uno debe negarse a propósito la posibilidad de que todo apunte a un mesías enviado por Dios.
Abusos en el ámbito religioso: 445.000 personas en España
El giro más duro llega con las cifras. Un informe del Defensor del Pueblo estimó que algo más del 1% de la población adulta en España ha sufrido abusos en el ámbito religioso, lo que representaría a unas 445.000 personas. De ese total, se estima que unas 237.000 habrían sido agredidas directamente. El dato se lanza para cuestionar a los que se suponen pastores de hombres, y la respuesta no se hace esperar: un niño en una iglesia es una rara avis desde hace al menos diez años.
La discusión deriva hacia la represión de los impulsos. Se argumenta que reprimir no funciona porque el impulso regresa, y que la solución es observar ese impulso sin dejarse llevar, situándose en una posición de observador silencioso desidentificado. La contrarréplica: esa teoría es inspiradora, pero la realidad es tozuda, y cuando se trata con gente traicionada, abandonada o apaleada por la vida, los mecanismos de superación no funcionan como se promete.
La astroteología y el trauma original
La raíz común de todos los cultos, según una de las tesis más ambiciosas, es la astroteología. La muerte y resurrección al tercer día sería un evento solar, puramente astrológico, que señalaba el fin del invierno y el inicio de la primavera, crucial para las civilizaciones del hemisferio norte. Y en el extremo opuesto, la sospecha de que todo lo reprimido regresa como trauma, y que aquello que llaman Dios es tal vez el trauma original, una hiperstición o delirio colectivo que persigue a los hombres en todas las épocas.
El cierre, con reservas: si la civilización cristiana fue capaz de sacar a los americanos del canibalismo y las culturas sacrificiales, algo dice eso al respecto. Y si todo es programación, también lo es para lo demás. Nadie cuadra del todo por qué.