Mourinho arranca en el Madrid sin pivote y con Diomandé de 140M
El Real Madrid ha empezado la temporada 2026/27 con José Mourinho en el banquillo, un mercado de fichajes que ha dejado sin resolver el puesto de organizador y un cuerpo de aficionados partido entre quienes piden paciencia y quienes dan el proyecto por roto antes de que llegue el frío. A tres semanas del siguiente partido, el equipo suma una derrota liguera y marcha a seis puntos del Barcelona. El verano se resume en tres operaciones: el fichaje más caro de la historia del club por un delantero que muy pocos habían visto jugar, la renovación hasta 2032 de Vinicius Jr. y el pivote Rodri —señalado durante dos años como imprescindible— camino del máximo rival, según una parte del aficionado.
Rodri, Zubimendi y el agujero que nadie tapa en el mediocampo
Desde las retiradas de Luka Modric y, sobre todo, de Toni Kroos, el diagnóstico es unánime: el Real Madrid necesita un futbolista capaz de sacar el balón jugado desde atrás. Lleva dos temporadas sin él y ha vuelto a empezar la tercera sin solución. La operación Rodri, que se arrastró durante meses con la idea de aprovechar su último año de contrato, se da por perdida en el Barcelona, y el efecto es peor que la simple ausencia: si el jugador termina en el club azulgrana, el argumento que se repite es que nunca estuvo realmente sobre la mesa.
El caso Zubimendi pesa todavía más. El verano anterior, cuando el donostiarra salió al mercado por un precio similar al que se pagó por Mastantuono, la dirección deportiva optó por el mediapunta argentino con el argumento de que se estaba esperando a Rodri. Un año después, se repite que Zubimendi fue el eje de un Arsenal que ganó la Premier y alcanzó la final de la Champions, y Mastantuono ha salido cedido. Hay quien calcula que pagar más de 65 millones por un pivote de 30 años con el contrato a punto de expirar era una locura; enfrente está la advertencia de que, si acaba en el máximo rival, este refuerza su mediocampo con el mejor jugador del último Mundial.
De fondo, un negocio que se mueve solo en una dirección. En el mismo tramo del verano, un club modesto de la Premier pagó 46 millones por el portero suplente del Manchester City, valorado en 25 en los mercados de referencia. La inflación no perdona ni a los suplentes.
Diomandé: 140 millones por un delantero que no arregla ninguna carencia
El fichaje más caro de la historia del Real Madrid es un extremo que apenas ha jugado en una liga de primer nivel y que llega a un vestuario con siete delanteros. La crítica más repetida durante el arranque liguero no es que sea malo, sino que es innecesario: el equipo sigue sin organizador y sin un nueve de referencia, y en esa tesitura gastar el mayor desembolso de su historia en otro perfil de ataque se interpreta como un capricho.
Los partidos han alimentado esa lectura. Frente a rivales de la parte baja, el equipo generó ocasiones de sobra y no las convirtió; en el primer encuentro serio, el mediocampo se diluyó y la defensa hizo aguas. Un análisis muy compartido resumía el problema con una frase que se puede aplicar al resto de la plantilla: alguien que cuesta 140 millones no vale con que lo intente.
La defensa del fichaje se apoya en dos cosas concretas que sí ha traído: un desbordador por la derecha, capaz de romper a un lateral en el uno contra uno, y un delantero de área con cuerpo para pelear balones largos. Sobre esa base, la pregunta que recorre el seguimiento es si Mourinho sabrá montar un sistema que no dependa de que dos estrellas coincidan en la misma banda con el mismo espacio.
La renovación de Vinicius hasta 2032 después de dos años en blanco
El acuerdo se cerró en la fase final de negociación y el propio entrenador empujó para que el brasileño continuara. El contrato se extiende hasta 2032 y el reparto de salarios vuelve a estar en el centro de la discusión: durante dos años sin títulos de liga ni de Europa, la renovación de un futbolista que solo ha acertado a rachas se lee en buena parte del aficionado como una cesión de más.
Las cifras que circulan son modestas comparadas con las de otras estrellas de la plantilla. Quien defiende la operación sostiene que retenerlo evita que se marche gratis y refuerce a un competidor; quien la ataca recuerda que la venta más clara de la historia se ha convertido en una subida de sueldo tras dos temporadas de vacío. La comparación que se repite es la de Mesut Özil en 2013: también pidió más dinero tras un curso sin títulos y la respuesta de la dirección fue una patada y un billete al Arsenal.
Dentro de ese mismo debate aparece un asunto extradeportivo. Una parte del aficionado ha registrado con hostilidad la decisión del futbolista y de algún compañero de no presentarse con la camiseta homenaje a Ceuta que el club había preparado antes de un partido de competición, quitándosela en el último momento. Es una línea de crítica frente a la que algunos foreros recuerdan que ya se organizaron campañas similares contra Cristiano Ronaldo.
¿Quién organiza el mediocampo?: siete jugadores para un solo hueco
Con Camavinga, Tchouaméni, Valverde, Bellingham, Güler, Bernardo Silva y el pivote que se sigue esperando, el Madrid tendría más centrocampistas que sillas en el banquillo y ninguno con la función clara de arrancar el juego. Mourinho, preguntado en pretemporada por la ausencia de un organizador, argumentó que Modric llegó desde el Tottenham como mediapunta y se reconvirtió en el Madrid. La conclusión que se extrae, y que ha cundido entre quienes siguen la temporada, es que el plan pasa por convertir a Güler en el futbolista que saque el balón desde atrás.
Las pruebas se han sucedido con resultados desiguales. En algunos partidos el turco ha sido el mejor del equipo y ha sostenido la salida; en otros, el técnico lo ha dejado fuera al descanso mientras mantenía a dos volantes sin criterio para dar el pase filtrado que exige la plantilla. La crítica más repetida de este arranque apunta a la gestión del banquillo como el verdadero problema, por encima de la falta de fichajes: se ha quitado a los mejores cuando el equipo estaba perdido y se ha mantenido a quien no pasa el balón nunca.
Tampoco ayuda la defensa. El equipo encaja una media de tres goles en los partidos contra rivales serios, y la sensación recurrente es que el pivote defensivo llega tarde a todas partes porque el equipo está partido en dos. El desglose de los enfrentamientos directos contra el Barcelona —una sola victoria en los últimos seis, con un 0-4 y un 2-5 incluidos— es el dato que muchos utilizan para demostrar que la temporada no ha mejorado en lo esencial.
Negreira, los arbitrajes y la liga que una parte del aficionado da por perdida
El caso Negreira recorre todo el seguimiento de la temporada y sirve de marco para cualquier decisión arbitral. Los argumentos que más se repiten son de tipo estadístico: relación de faltas pitadas y no pitadas a favor y en contra de Real Madrid y Barcelona, tarjetas recibidas en Liga frente a las mismas en competiciones europeas con las mismas reglas, y penaltis señalados a uno y otro lado. Una parte del aficionado defiende que estos sesgos no se explican solo con la interpretación arbitral.
En el otro lado está quien recuerda que un partido se pierde o se gana por muchas razones y que cargar todo el peso sobre los árbitros oculta las deficiencias propias. Ese debate se ha vuelto central en la temporada: la denuncia del arbitraje compite con la crítica al mediocampo, a la dirección deportiva y al banquillo, y en no pocos mensajes las tres acaban mezcladas. Según se repite, la UEFA mantiene el expediente abierto y sin resolución pública conocida.
El último baile institucional: Bolsa, CNMV y socios accionistas
Por debajo del ruido semanal hay una pregunta que va a definir la próxima década: qué Real Madrid va a dejar Florentino Pérez. Hay quien sostiene que el club está camino de la salida a Bolsa, con folleto registrado en la CNMV incluido, y que los socios van a acabar convertidos en accionistas sin derecho a voto ni a elegir presidente. El argumento se apoya en la dificultad de explicar movimientos recientes con la lógica de un socio más.
El historial del actual presidente justifica que una parte de la afición no se lo tome a broma: siete Champions y tres Euroligas de baloncesto, los fichajes de Zidane, Modric o Cristiano Ronaldo y una remodelación completa del estadio. La pregunta que queda flotando es qué más se le puede pedir. La respuesta que se repite con más frecuencia en el seguimiento de esta temporada es una sola: un final justo para el caso Negreira.
El detalle que descoloca la discusión es la coincidencia. El mismo verano en que se apura el mercado, se renueva al futbolista más discutido y el pivote más cantado se marcha al rival, la sensación extendida es que el aficionado lleva tres años de discusiones internas que la realidad del campo no resuelve. El último tramo del seguimiento se ha convertido en una pelea entre veteranos por cómo interpretar cada movimiento del club, sin que las posturas se muevan del sitio. La temporada no ha hecho más que empezar, y el debate sobre el Madrid va ya por el segundo volumen.