Seis puntos del Barça en septiembre: el banquillo de Mourinho ya arde
A seis puntos del FC Barcelona en septiembre, sin cumplirse los dos meses de Liga. La derrota por 2-1 en el Metropolitano, con penalti discutido y un error defensivo que se paga con expulsión, ha dejado al Real Madrid 2026/27 en una posición incómoda para lo que el club considera su hábitat natural. En el centro de la diana, tres nombres: Mourinho, Florentino Pérez y una plantilla que genera dudas hasta entre los propios aficionados que la defienden.
La 2026/27 estaba vendida sobre el papel como el último baile del presidente. Un año para cerrar mandato con un entrenador de peso que devolviera al equipo a la pelea. El arranque dice otra cosa: la Liga ya parece cuesta arriba y el relato de la remontada se sostiene con pinzas.
La Liga perdida en septiembre
El calendario adelanta lo que otros años llegaba en primavera. El año pasado el derbi se perdió 5-2 y no pasó gran cosa: reelección del presidente y a seguir. Esta vez el margen con el Barcelona se abre antes, y la excusa arbitral sirve de coartada para no cambiar nada, según la lectura más repetida. Cuando la diferencia se cocina en septiembre, el diagnóstico cambia de naturaleza: ya no es mala suerte, es diseño.
El equipo compitió contra el Atlético como el visitante pobre que se atrinchera y espera el milagro. Enfrente, el conjunto blanco renunció al balón y se dedicó a defender, con la sensación de que el gol llegaría tarde o temprano. Llegó. Y con él, la enésima crónica de un partido que el equipo no supo gobernar.
El regreso de Mourinho y el análisis del banquillo
Las decisiones desde el banquillo son el flanco más atacado. La crítica principal apunta a que el entrenador portugués retira siempre a los mismos jugadores —los que no protestan y cuyas quejas no arman escándalo— en lugar de tocar a las estrellas intocables. Un patrón que, según este análisis, ya tumbó a entrenadores anteriores y que ahora amenaza con repetirse.
Llama la atención el contraste con la vieja imagen del técnico combativo. El Mourinho que volvió no proyecta autoridad, ni mala sangre, ni esa guerra permanente que se esperaba de él. Un año sin ganar una liga —ni la turca, ni la italiana, ni la portuguesa en una década— pesa en un currículum que algunos leen como el de un técnico al que le quedaba un solo contrato antes de retirarse. Su comparecencia tras el partido, limitada a abrazar a los suyos y calificar el primer tiempo como notable, encendió a propios y extraños.
El problema no es solo el entrenador: la plantilla
El foco se reparte entre los fichajes recientes. La defensa queda en evidencia en cada acción a campo abierto; el centro del campo formado por Valverde y Tchouaméni no genera fútbol, según las voces más críticas, que los comparan con duplas de épocas oscuras y piden vaciar esa parcela. La llegada de un central joven por precio de crack y el rendimiento de Mbappé —con partidos de elogio y partidos de silencio— completan el cuadro.
El fichaje de Mbappé quedó grabado como el gran error negro de la era. La venta de Vinicius, que se descartó cuando aún valía una fortuna, se lee ahora como el desaguisado de un mandato: no se vendió a tiempo y se renovó a un futbolista que, según la crítica, se rompió el vestuario. Hay quien recuerda que Xabi Alonso aplicó meritocracia, hizo los cambios que tocaban, y acabó fuera del banquillo cuando el presidente se puso del lado del jugador.
Florentino, el vestuario y un nombre nuevo
El análisis de fondo es estructural. Los entrenadores llegan al Madrid con las manos atadas: cualquier futbolista encabronado tiene acceso directo al despacho del presidente, y eso hace imposible imponerse. El único que echó huevos, recuerdan, fue Solari, y duró lo que duró. El resto templó gaitas hasta que la grada le pidió la cabeza.
Sobre la mesa electoral aparece un nombre que hasta hace meses era desconocido: Enrique Riquelme. Según los estatutos del club, el universo de candidatos posibles se reduce a un par de personas, y ahí entra el empresario como la única alternativa real al mandato de Florentino, que habría movido las normas para ser candidato único y se habría llevado un susto con la aparición del rival empresarial.
El dato que descoloca
Hace seis meses, dos de cada tres aficionados rechazaron una salida ordenada del actual presidente. Prefirieron seguir con el proyecto. Si la temporada se descarrila en septiembre, ese respaldo tendrá que explicarse solo. Y mientras tanto, Mou sigue sin ganar una liga desde hace diez años.