Hezbolá lanza cientos de cohetes y mata a dos soldados israelíes
Dos soldados israelíes muertos y varios heridos. Es el balance que dejó un ataque con drones de Hezbolá en la zona de Yara, en el Galilea occidental, según los primeros recuentos que circularon mientras el líder de la milicia, Hasán Nasralá, ultimaba un discurso que tenía a media región pendiente del reloj. Uno de los fallecidos era un militar druso, Nael Fawarseh, herido grave en el mismo ataque. Horas antes, el ejército israelí había lanzado una oleada de bombardeos sobre el sur del Líbano. La coincidencia no era casual: los ataques arrancaron minutos antes de que Nasralá tomara la palabra.
Un discurso retransmitido en directo y una explosión en Beirut
El líder de Hezbolá compareció en directo y anunció que dividiría su intervención en tres partes. La última, dijo, serviría para explicar qué piensa hacer su organización. La primera, en cambio, se fue en digresiones históricas y religiosas que agotaron la paciencia de buena parte de la audiencia. «El toallero es más soporífero que JL», resumía un comentario del seguimiento. Mientras hablaba, Israel bombardeaba el suburbio sur de Beirut, Dahiyeh, bastión de la milicia. Un edificio de varias plantas quedó casi destruido. El objetivo declarado era el número dos de Hezbolá, que según la agencia AFP se reunía en ese momento con líderes palestinos en Líbano. Al menos once personas murieron en el ataque.
¿Qué ha pasado con los misiles de Hezbolá?
La respuesta de la milicia llegó en forma de cientos de cohetes hacia el norte de Israel, en lo que Israel describió como el mayor ataque desde el 7 de octubre. Hezbolá empleó por primera vez misiles Burkan contra la localidad fronteriza de Metula, donde el alcalde informó de graves daños y al menos un soldado israelí herido. Las alarmas sonaron incluso en la base de las fuerzas de interposición de la ONU, cuyos efectivos tuvieron que bajar a los refugios. El ministro de Economía libanés calificó las siguientes 48 horas de críticas y de tensión muy elevada. Israel, por su parte, advirtió de días dramáticos por venir.
El inventario real de la milicia queda lejos de lo prometido. Según un cálculo que circula entre los seguidores del conflicto, buena parte de lo lanzado son cohetes tipo katiusha, prácticamente tuberías tuneadas, sin rastro de los misiles hipersónicos o de los viejos Scud que la propaganda de Hezbolá lleva años anunciando por centenares de miles. La comparación con el despliegue israelí es despiadada: mientras caían cohetes sobre el norte, cazas F-15 sobrevolaban Beirut en pleno discurso de Nasralá. Hay quien sostiene que la doctrina israelí se ha vuelto explícita y que ya no se trata de un objetivo quirúrgico: se destruye el edificio entero y lo que haya dentro, la misma lógica aplicada en Gaza, y nadie espera que se parezca a la guerra de 2006.
La cuenta que nadie quiere echar
El intercambio de golpes deja una asimetría incómoda. Israel informó de cientos de explosiones en el norte, varios impactos en objetivos civiles y militares, y dos soldados muertos por drones. Hezbolá, en cambio, acumula bajas de mando sin haber logrado un golpe equivalente. Hay quien sostiene que la milicia es un tigre de papel que blasfema pero no actúa, y quien recuerda que Israel necesita la guerra para sostener su propia coalición. Entre ambas lecturas, una certeza: el portavoz del líder supremo iraní, Alí Jamenei, aseguró que Irán ejecutará «pronto» su venganza por el ataque que mató a Ismail Haniyeh. La fecha sigue sin concretarse.
¿Cuánto de esta escalada es disuasión y cuánto es el prólogo de algo peor?