Bajada de tipos: el dinero barato riega primero a los de arriba
¿Notas ya el dinero más barato en tu bolsillo? El BCE recortó un cuarto de punto y la FED medio punto en septiembre, y el bitcoin se anotó un 5% en una sola sesión. Para el análisis dominante en el subforo, ese movimiento no es más que el pistoletazo de salida de una nueva ronda de expansión monetaria. La tesis que vertebra la discusión es que el crédito barato no llega a todos a la vez: fluye de arriba abajo por una red clientelar en la que quien está más cerca de la impresora se beneficia antes y quien está más lejos paga la fiesta.
Qué ha pasado con los tipos de interés
La secuencia de recortes que se maneja es amplia: el Banco de Canadá bajó 25 puntos básicos al 4,25% el 4 de septiembre, el BCE recortó un 0,25% hasta el 3,50% el 12 de septiembre, la FED aplicó 50 puntos básicos el 18 de septiembre y el banco central chino tocó 10 puntos básicos los repos a 14 días el 23 de septiembre. El Banco de Inglaterra ya había movido ficha el 1 de agosto. Un ciclo coordinado, no una decisión aislada.
La discusión inmediata fue terminológica. Hay quien sostiene que bajar tipos no es lo mismo que quantitative easing, y quien responde que el efecto es idéntico: expansión crediticia con otro nombre. La respuesta más citada apunta a que las empresas con problemas tienen dos opciones, acudir a la barra libre de crédito o quebrar, y que la elección está clara.
El chorreo de arriba abajo: quién cobra primero
El esquema que se dibuja tiene tres escalones. Arriba, fondos de inversión, venture capital, hedge funds y gobiernos reciben el dinero sin trabajar, como contrapartida de seguir determinadas consignas. En medio, quienes trabajamos para esas grandes empresas cobramos antes de que los precios absorban la expansión y podemos comprar a precios antiguos. Abajo, la mayoría que no pertenece a esa red recibe las migajas cuando los precios ya han subido. El resultado, se argumenta, es una transferencia de riqueza de abajo hacia arriba.
Sobre esto hay matices. Un análisis sostiene que en economías muy endeudadas la impresora puede no generar inflación si el dinero se destina a pagar compromisos ya existentes, como nóminas públicas y pensiones, porque los patrones de gasto no cambian. Otro participante rebate que el gasto público sí distorsiona: los recursos se asignan a bienes y servicios que nadie demanda, y los que se habrían producido de otra forma encarecen.
¿Es lo mismo bajar tipos que imprimir dinero?
No exactamente, pero el efecto práctico se parece. Bajar tipos no inyecta billetes directamente: reduce el precio del dinero y abarata el crédito, lo que empuja a bancos, empresas y consumidores a endeudarse. El multiplicador bancario hace el resto. La discusión se enreda en si eso constituye creación de dinero bancario, y la respuesta técnica es que sí, siempre que alguien venga a pedir prestado, porque el pasivo ya está garantizado por el banco central.
La cita que resume la postura crítica: no es imprimir, es quantitative easing; no es imprimir, es repo inverso; no es imprimir, son coeficientes de caja parciales. La neolengua, se dice, cambia el nombre a algo que ya se sabe perjudicial.
La música que suena en el mercado laboral
La predicción central del planteamiento inicial es que el empleo se reactive. El argumento: desde principios de septiembre el tema laboral estaba muerto, y con dinero más barato empezarán a aparecer ofertas. La incertidumbre electoral en Estados Unidos añade ruido al escenario.
Otros leen la misma partitura al revés. Se apunta a que la bajada de tipos responde a un frenazo económico a las puertas de las elecciones estadounidenses, no a un impulso expansivo. Y se señala que la inflación sigue sin controlarse: si los precios no suben más es porque los sueldos normales ya no pueden pagarlos.
Señales contradictorias: descuentos, oro y liquidez
Hay indicios que no encajan con el relato inflacionario. Se mencionan descuentos del 20% en motos KTM, rebajas relevantes en Honda y un 50% en Cortefiel, con stocks acumulados que no se colocan. El oro, en cambio, marca máximos en dólares y en euros. Y la masa monetaria M2 ha entrado en expansión tras la contracción más profunda desde 1960, según el gráfico que se comparte.
La posición más extrema avisa de un estallido inmobiliario y de un escenario geopolítico que tensa la cuerda. Otros esperan nuevos planes de estímulo, el plan Draghi y lo que implemente quien gane en Estados Unidos, con inflación oficial en el 2,5-3%.
La fiesta sigue, el crédito se abarata y los precios aguantan. Que cada cual mire en qué escalón de la pirámide le toca bailar.