Sestao, el «paraíso» que nadie quiere reconocer
Sestao es un municipio de la margen izquierda del Nervión que arrastra décadas de reconversión industrial, prejubilaciones y un casco urbano que muchos consideran feo. Un viaje reciente a su gaztetxe y a Txabarri desata una discusión sobre estética, clase social y memoria obrera. La ironía recorre cada mensaje: se llama «paraíso» a lo que otros describen como un horror. El asunto va más allá del gusto: toca la dignidad de quienes vivieron del acero.
Qué se encuentra al llegar a Sestao
El relato de la visita arranca con una escena concreta: al entrar al gaztetxe, el visitante dice haber sufrido un pampurrio, una suerte de síndrome de Stendhal ante la belleza. La comparación con Florencia es deliberada y exagerada. Otros mensajes describen el barrio de Txabarri como un lugar donde, si vuelves con la cartera, no puedes decir que has visitado Sestao. La imagen que se proyecta mezcla humor negro y una realidad urbanística muy concreta.
La discusión deriva pronto hacia la estética. Se menciona el estadio de fútbol de Segunda División y se espera que no lo hayan remodelado. Se habla de un pueblo «más feo que pegarle a un padre tetrapléjico con un calcetín sudado en Nochebuena», una comparación que otros extienden a Eibar. La fealdad se convierte en categoría de análisis.
La reconversión industrial y sus secuelas
El hilo no se queda en la superficie. Aparece la figura de los jubilados de Altos Hornos y de La Naval, que se descornaron en las fábricas durante años. La reconversión industrial de los años ochenta desmanteló el tejido siderúrgico. Una parte de los mensajes sostiene que los obreros aceptaron prejubilaciones y vendieron el pan de sus hijos; otra responde que fue el gobierno quien ordenó cerrar las plantas y que los trabajadores hicieron lo que pudieron, como en la Marcha del Hierro. La comparación con Ensidesa en Asturias aparece como ejemplo de trato desigual por razones electorales.
La discusión se encona cuando se califica de «gentuza» a los jubilados. La respuesta es tajante: los pobres jubilados de Altos Hornos y de La Naval también son gentuza. La dignidad y valía de las personas no tiene que ver con su estatus social ni con que el barrio sea más o menos pudiente.
De Sestao a Getxo: la geografía de la margen izquierda
Un participante relata que fue andando de Sestao a Getxo, cruzando la ría. La caminata sirve para trazar un mapa mental de la zona: Olabeaga, Muskiz, Basauri, Erandio. Se menciona el viaducto de la autopista elevado 50 metros con pilares de cemento bruto. La central eléctrica y el aparcamiento de Eroski aparecen como lindes que han ido cercando un caserío de más de cuatro siglos.
La comparación con otros municipios es constante. Santurtzi se reivindica como más bonito. Se habla de ir a Santurtzi a recoger marineros filipinos para llevarlos a un local con el que se tiene comisión, una salida que mezcla humor y estereotipo. La conversación salta a Bilbao: se dice que era feo en los años setenta, con el desarrollismo, y que antes era bonito. Se menciona a Pilar Careaga como alcaldesa en esa época.
El fútbol como termómetro social
El Sestao siempre fue piedra de toque en Segunda División, con muy buena afición salvo cuatro ostiables. El equipo y su estadio funcionan como símbolo de identidad. La mención al Kaiku y a los Altos Hornos de Barakaldo aparece en una canción popular que alumbra todo Bilbao. El deporte sirve para medir el orgullo local.
La conversación deriva hacia la política. Se cita una entrevista a Karra Elejalde en la que dice sentirse orgulloso de que no haya salido elegido ningún representante de la extrema derecha. El comentario se cierra con un «eso es lo importante», que desplaza el foco de la estética a la convivencia.
La evolución del barrio y el precio de la vivienda
Alguien apunta que Sestao en la actualidad es Salzburgo comparado con el Sestao de los años setenta y ochenta. La mejora es relativa. Se menciona el bar del costo debajo del grupo Sagarminaga, que no tenía ni vino ni cerveza, y que, según un mensaje, cerró porque los canis aparcaban en doble fila para comprar costo y bloqueaban el tráfico. Son detalles de economía sumergida y de transformación urbana.
La discusión sobre la prostitución en Santutxu y Bolueta se aborda de pasada: se dice que los locales siempre se conocieron cerrados durante decenios y que en Santutxu nunca ha habido locales de prostitución abiertos como tal. El bar de la vieja de Bolueta sigue repartiendo, según un mensaje.
El cierre: una predicción con reservas
El retrato de Sestao que emerge no es halagüeño, pero tampoco unánime. La ironía del «paraíso» convive con el reconocimiento de una memoria industrial que marcó a varias generaciones. La mejora urbanística es real, aunque insuficiente para borrar la etiqueta. Si la tendencia continúa, la margen izquierda seguirá siendo un laboratorio de reconversión y de prejubilaciones. Lo que no está claro es si el sarcasmo sobre su fealdad acabará cediendo ante el reconocimiento de su historia.