Altos Hornos de Vizcaya: el último aliento del dragón industrial
Treinta años después del cierre, nadie discute que fue el símbolo del declive industrial español. Llegó a emplear a 14.000 personas y controlaba más de la mitad del acero del país. Pero la crisis del petróleo y la deuda en moneda extranjera iniciaron un derrumbe que duró dos décadas y costó a los contribuyentes más de 1.200 millones de euros en rescates públicos.
El legado de la obsolescencia y la deuda
El colapso no fue repentino. La planta, con tecnología de los años 50 y 60, dependía de un régimen intervencionista y de energía barata. Cuando los precios del crudo se dispararon y los mercados asiáticos empezaron a producir acero más eficientemente, el modelo se quebró. La competencia china y coreana fue sencillamente mejor: fabricaban más barato.
Las sombras de la reconversión
Pero no todo fue inevitabilidad tecnológica. En Sagunto se modernizó la planta con participación japonesa, y meses después se cerró. Tras aquellas decisiones hubo movimientos poco claros, y el coste lo pagaron los trabajadores y las regiones. La democracia, para algunos, fue talando la industria autónoma del país como castillos de naipes.
El debate sigue abierto: ¿era una industria obsoleta que debía morir, o un desmantelamiento político con beneficiarios ocultos? Lo cierto es que el dragón exhaló su último aliento hace treinta años, y aún buscamos culpables.