Sánchez, el adelanto electoral y las dos teorías que circulan
Un martes, elecciones convocadas y el Rey de viaje a Ceuta. Con esa escena arranca la hipótesis más extravagante sobre un adelanto de las elecciones generales: un enfado controlado de Marruecos, las Cortes ya disueltas y un estado de sitio que dejaría al presidente en funciones durante un par de años. La otra teoría renuncia al misterio: convocar, dejar gobernar al PP con Vox y volver en dos años con el país en llamas. Ninguna está confirmada. Ambas se discuten como si lo estuvieran.
La primera teoría: urnas, Ceuta y estado de sitio
La secuencia es minuciosa. Se convocan elecciones el martes. El Rey viaja a Ceuta y Marruecos se incomoda —según esta lectura, con el
guion pactado—. Con las Cortes disueltas, el presidente anuncia el estado de sitio para atajar el problema y se queda al mando de forma indefinida. Es la versión más cinematográfica y la que peor encaja con la letra de la ley. Pero retrata un estado de ánimo: la sensación de que cualquier cosa puede pasar antes de que la gente vote.
La segunda teoría: dejar caer al PP y volver con las calles ardiendo
El otro guion apuesta por la paciencia. Sánchez convoca, deja que Feijóo pacte con Abascal —con horquillas de
176, 185, 196 o incluso 210 escaños y opción de reforma constitucional, aunque sin consenso a la izquierda— y se queda como líder de la oposición. Después, con las calles ardiendo y recortes al estilo de la congelación de pensiones y sueldos públicos que se aplicó en
Francia en 2010, vuelve a intentarlo. El plan exige dos años sin una sola pieza fuera de sitio.
¿Se puede disolver el Congreso con un estado de excepción declarado?
No. El
artículo 116.5 de la Constitución y la
LO 4/1981 impiden disolver el Congreso mientras esté declarado el estado de alarma, excepción o sitio. Es decir, el estado bloquea la disolución, no la provoca. Ahí está el agujero de la primera teoría. La secuencia real del estado de sitio se contaría al revés: primero habría que no disolver, luego declarar y después sostener la excepción. Cualquier relato que invierta el orden arrastra un problema legal de partida.
El calendario que aprieta: amnistía, Cataluña y mayo
Al caso se le añade el
timing. En la misma semana se espera una decisión del Tribunal Constitucional sobre la amnistía que podría anular el delito de malversación a Puigdemont. Y se subraya que Alianza Catalana no concurriría a las elecciones generales, con lo que Junts se queda sin rival por ese flanco y puede permitirse quedar como el malo de la película. A eso se suma el calendario de mayo con municipales y autonómicas, y el argumento de aprovechar la
ventana de Overton —lo que la sociedad acepta discutir— antes de que el clima cambie.
El telón de fondo: gas, petróleo y fin del dinero fácil
El trasfondo es económico. Se apunta a un
gas natural que subiría un
50% y a un
petróleo rondando los
100 dólares, con la deuda pública disparando sus intereses. A esto se añade el final de los fondos europeos y de programas como el Kit Digital o el bono cultural de 400 euros, que sostenían parte del consumo. Si las empresas empiezan a cerrar y el paro sube de verdad, el relato se rompe. La lógica del que huye: votar antes de que la factura llegue a casa.
En el debate se da por hecho que Iván Redondo ha dicho que el PSOE será primera fuerza, y hay quien interpreta esa frase como una encuesta encargada: no describe, moviliza. Hay quien da por seguro que las elecciones serán en
2027 y quien sostiene que no habrá ninguna. La única cifra que sigue sin admitir interpretación es el 116.5.