La pregunta incómoda: ¿queda un filósofo español respetable?
La pregunta se ha planteado a propósito de un encontronazo entre Gustavo Bueno, José Antonio Marina y el recuerdo de Aranguren. La respuesta que más circula no es un nombre único, sino un canon de catorce nombres que va de Séneca a Zubiri y que deja fuera a casi todos los vivos.
El canon histórico resiste
La lista: Lucio Anneo Séneca, San Isidoro de Sevilla, Raimundo Lulio, Luis Vives, Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Francisco Suárez, Juan de Mariana, Gregorio Mayans, Gaspar Melchor de Jovellanos, Marcelino Menéndez Pelayo, Eugenio d'Ors, José Ortega y Gasset y Javier Zubiri. Todos cumplen el requisito de haber dejado obra, aunque la mayoría arrastra la etiqueta de pensadores vinculados a la Iglesia o al poder de su tiempo. No faltan tampoco nombres menos ortodoxos, como el averroísmo andalusí: este año se cumplen nueve siglos del nacimiento de Averroes, al que algunos reclaman como primer filósofo "español" y que nunca pisó una cátedra castellana.
El descrédito moderno
Frente a esa solemnidad, hay quien responde con sarcasmo y cita a Francisco Franco como el gran filósofo patrio, y quien niega que quien no genere ideas nuevas merezca ese título. La pulla no es nueva: la filosofía española ha oscilado siempre entre la escolástica y el panfleto. Entre los nombres propuestos aparecen Jesús G. Maestro, Antonio Vallejo-Nájera y Rafael Gambra, todos con perfiles incómodos. Y queda la sospecha sobre el propio Gustavo Bueno, a quien algunos recuerdan que no fue especialmente antifranquista, mientras Aranguren carga con el reproche de su pasado. Quizá por eso la pregunta del millón sigue siendo si lo verdaderamente respetable es el filósofo, o el silencio de quien lo nombra.