Ormuz, la guerra que se libra en los precios del crudo
La
guerra de Oriente Medio ya no se decide solo con bombas. Se decide con barriles. A la altura del tramo final de esta discusión, el estrecho de Ormuz se ha convertido en el campo de batalla real: Irán confirma el cierre total del paso y anuncia que no permitirá la entrada de ningún buque estadounidense o israelí, mientras las cifras del crudo y los seguros marítimos hacen el resto. El frente militar avanza, pero el económico es el que marca el reloj.
Qué se juega en el estrecho de Ormuz
El pulso tiene dos relatos que no encajan. Washington sostiene que el estrecho está abierto y que los barcos transitan con normalidad; Teherán afirma lo contrario, que no sale ni entra un barco del golfo Pérsico. La lectura más matizada que se abre paso en la conversación es que la realidad está a medio camino: se trata de un paso semiabierto, con petróleo saliendo en cantidades insuficientes para satisfacer la demanda. Ese diferencial entre lo que se dice y lo que se mueve es, precisamente, el negocio.
Hay quien va más allá y sostiene que ambas capitales habrían llegado a un acuerdo informal de cuotas: Washington permitiría el tránsito de un número limitado de buques iraníes y Teherán haría lo propio. La tesis no está confirmada por ninguna fuente oficial, pero explica por qué el precio no se ha disparado ni se ha hundido. Un petrolero que se apartó de la ruta establecida por las autoridades iraníes acabó explotando, según las imágenes difundidas. El estrecho funciona como un grifo que nadie quiere cerrar del todo.
El cálculo que mueve la guerra: 90 dólares el barril
La hipótesis más elaborada que circula en la conversación no es militar, es de manual de economía política. Dos semanas de ataques, destrucción de infraestructura iraní, cierre de Ormuz, el petróleo subiendo hasta los 90 dólares el barril. Los amigos del complejo militar-industrial y energético se forran. Después, Washington detiene los combates, anuncia que Teherán ha pedido de rodillas una tregua —Irán lo niega, pero da igual— y el crudo empieza a bajar al reanudarse el tránsito. Dos pájaros de un tiro: estrangulamiento económico contra Irán y golpe militar contra Ucrania. La cifra clave que se maneja: la guerra le habría costado al régimen iraní unos 300.000 millones de dólares entre costes directos e indirectos, con aviones, barcos, puentes, bases militares y radares fuera de combate.
El escepticismo sobre el relato oficial es la nota dominante. Se estima que más del 95% de la información que circula en internet es propaganda, de un bando y del otro. La razón por la que hasta los marcianos saben que Estados Unidos está corto de misiles es porque el 98% de los medios de desinformación masiva repiten el mismo mantra. Un cálculo que circula y que conviene tomar con pinzas: la propaganda no se combate con más propaganda, sino con números que cuadren.
El frente libanés y la advertencia del propio ejército israelí
Mientras el foco se va al crudo, el frente norte se recalienta. Irán anuncia una respuesta contundente al último ataque israelí en Beirut y amenaza con romper el acuerdo con Estados Unidos. La milicia chií libanesa se reivindica como el verdadero ejército libanés frente al invasor, en una formulación que en la conversación se discute con dureza y sin matices.
El dato más incómodo no viene de Teherán ni de Beirut, sino de dentro de Israel. Altos mandos del ejército israelí habrían advertido a Netanyahu de que el 80% de los incidentes recientes en Cisjordania son protagonizados por colonos judíos, y que el sistema actual hace imposible detener el fenómeno. Un operativo militar para escoltar a unos colonos terminó con la muerte de un palestino de 16 años. La advertencia interna desmonta la lectura de una violencia exclusivamente externa.
El 7 de octubre como punto de inflexión y la solución de los dos Estados
El argumento que más se repite en la conversación es que la solución de dos Estados está muerta. A los palestinos se les concedió un Estado de facto en 2005, cuando se expulsó a todos los judíos de Gaza. Tuvieron 18 años. ¿Qué hicieron? Cohetes, guerra, el 7 de octubre. La frase, atribuida al comentarista Douglas Murray, resume la posición dominante. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, lo plantea desde el otro lado: el 7 de octubre fue un punto de inflexión crucial que marcó un antes y un después en la historia de la región, y los pilares de la doctrina de seguridad nacional israelí se derrumbaron ese día.
La ironía recorre el debate. Un mensaje que circula compara la propuesta de un Estado palestino a un kilómetro de Jerusalén con darle a Al Qaeda un Estado a un kilómetro de Nueva York tras el 11-S. Y en la réplica más afilada, se propone aplicar la misma receta a Francia: dividir el país en dos y entregar una parte. La solución de los dos Estados como espejo incómodo para Europa.
Yemen, el frente olvidado que sangra por abajo
El tablero tiene una esquina que casi nadie mira. Ocho pescadores murieron por bombardeos sauditas en Dhubab, según informaciones difundidas en la conversación; los aviones volvieron a atacar a pescadores que habían sobrevivido a un bombardeo anterior. La guerra contra Yemen se lee como preludio de la reanudación de la guerra contra Irán: no solo israelí, sino principalmente estadounidense contra el eje de la resistencia, que constituía el único obstáculo para el proyecto del Gran Israel.
La contraposición de costes es brutal. Las bombas y los misiles son caros; matar moscas a cañonazos arruina. Si destruir un Toyota con dos ocupantes cuesta cuatro o cinco millones de euros, la guerra se pierde por la vía del presupuesto antes que por la del campo de batalla. El truco es hacer daño al enemigo, no autolesionarse.
Putin, Trump Jr. y la grieta en Washington
En el flanco diplomático, Vladímir Putin comunicó a Steve Witkoff que Moscú mantiene una relación especial basada en la confianza con sus socios iraníes y que está dispuesta a contribuir a poner fin a la guerra. La Guardia Revolucionaria, por su parte, advierte de que Teherán responderá a cualquier ataque contra su infraestructura. Y en el corazón del poder estadounidense aparece una grieta: Donald Trump Jr. habría expresado en privado su rechazo a la guerra de su padre contra Irán, al considerar que contradice su promesa de evitar nuevos conflictos en Oriente Medio.
El relato de la victoria total no cuadra con un ejército que advierte del terrorismo de sus propios colonos, ni con un aliado que negocia con el adversario, ni con un estrecho que nadie termina de abrir o cerrar. La guerra se ha vuelto un ejercicio de gestión de expectativas.
La predicción con reservas: si el acuerdo informal de cuotas existe, el crudo se quedará en una banda incómoda que ni ahoga a Teherán ni alivia a Europa. Si no existe, el primer petrolero que arda en Ormuz pondrá el barril a cien dólares en una semana. Nadie en la conversación se atreve a firmar cuál de las dos cosas está pasando ahora mismo.