:Aplauso: Me ha encantado.
Una pregunta... ¿y por qué crees que hay gente que abraza sus creencias con semejante firmeza? ¿necesitamos de alguna forma creer en algo?
Uff... es un tema sobre el que han corrido ríos de tinta, y en realidad es un off topic a éste hilo. Pero, para hacer una síntesis, diría que hay una base biológica que está antes que cualquier interpretación cultural.
No es que "necesitamos" creer en algo. Esa idea ya es una interpretación "post hoc ergo propter hoc". Dicho de otro modo, la misma idea de que "necesitamos creer en algo" ya es una elaboración intelectual a posteriori. La cruda realidad es que nuestra estructura cerebral tiene la tendencia a "creer" por defecto. Venimos seteados de esa forma; no es una "necesidad" intelectual.
Las razones de esto tienen una base biológica muy anterior a la consciencia. Las estructuras cerebrales son el resultado de millones de años de adaptación evolutiva, en la cual las prioridades cognitivas siempre han sido la autodefensa; eso es lo que nos ha permitido haber llegado hasta aquí.
Nuestra condición depredadora es muy reciente en la escala temporal biológica, y mucho más reciente aún nuestra condición superdepredadora. Hasta hace unos pocos miles de años, éramos apenas unos mamíferos debiluchos mucho más depredables que depredadores. De modo que nuestra arquitectura neuronal presenta muchos más rasgos de tropismos defensivos que de ataque.
Uno de ellos, un clásico muy citado para ilustrar estas cosas es la
pareidolia, sobre la que yo he escrito algunas cosas por ahí. La pareidolia que es la capacidad del cerebro de buscar sentido a las configuraciones visuales azarosas, aunque también existen mecanismos equivalentes para estímulos auditivos, cinestésicos y de todo tipo.
La base de este mecanismo es contrastar un conjunto de datos impreciso o incompleto (como puede ser una imagen borrosa) con nuestro banco de memoria, para intentar completar (es decir, darle sentido) a un estímulo en principio ambiguo o parcial, e interpretarlo. Este es un mecanismo mental automático y prácticamente instantáneo, y su empleo (también automático) tiene grandes ventajas prácticas: sólo necesitamos de un pantallazo rápido de algo para reconstruirlo con bastante precisión, sin necesidad de procesar todos y cada uno de los detalles, lo que haría el proceso sumamente costoso.
Es, en otras palabras, uno de los tantos atajos con que nuestro cerebro procesa la información externa de manera automática, con un grado aceptable de precisión.
Se trata de un mecanismo de supervivencia; una adaptación evolutiva a las amenazas depredatorias. Si nuestro cerebro no hubiera tenido la capacidad de interpretar de manera muy rápida que un conjunto de manchas y sombras que se mueven en la maleza nocturna tenían una alta posibilidad de ser un león al acecho, probablemente no estaríamos hoy aquí para teorizar al respecto.
Pero ese mecanismo no es infalible; como se trata de una interpretación mental basada en datos escasos y fugaces, el cerebro necesita desarrollar un conjunto de "patrones" probabilísticos para interpretarlos de manera muy rápida y poder emitir un veredicto: "tigre", "rinoceronte", "gacela", etc; de modo de decidir casi instantáneamente si estamos en riesgo o no, y garantizar, si es el caso, activar con suficiente rapidez y fiabilidad los protocolos de huída, ataque, o los que sean adecuados para cada situación.
Claro que hay un margen de error estadístico en estas interpretaciones; pero la premisa evolutiva es sobrevivir: más vale hombre equivocado que hombre perecid.
Pero al mismo tiempo, estos mecanismos que funcionaban bastante eficazmente en un entorno agreste han dejado secuelas en nuestro software; sesgos cognitivos que pueden convertirse en un lastre al dejar atrás esa era de las sabanas y adentrarnos en los territorios desconocidos del conocimiento especulativo, en donde una de sus consecuencias es que vemos cosas en donde no las hay; y tenemos la tendencia a encajar datos en patrones preconfigurados que nos llevan a conclusiones erróneas, derivados de aquel mecanismo arcaico de que el cerebro no está trabajando con hechos, sino con interpretaciones probabilísticas de datos en las que nos convenía confiar. En otras palabras, confiamos en nuestras "creencias", porque han sido clave en nuestra supervivencia. Y ese mecanismo de creer es automático, es parte de nuestro cerebro basal, no podemos elegirlo a priori.
Sólo después de haber alcanzado un estado evolutivo de autoconsciencia es cuando podemos ponernos a teorizar sobre ello: pero debemos ser conscientes de que el pensamiento autorreflexivo (o crítico), que es la base de la cultura y posteriormente del pensamiento científico, son desarrollos biológicos extremadamente recientes, que tienen una relación bastante conflictiva con muchos aspectos de nuestro historial evolutivo.
Solemos creer que somos sociedades racionales y objetivas en un grado excesivamente optimista. Lo cierto es que somos aún animales mucho más irracionales de lo que nos gusta imaginarnos, y nuestra "racionalidad" es apenas una débil pátina de reciente adquisición, digamos que del espesor del grafeno
😀.
PD. Sin embargo, al releer lo que he escrito, veo que me ha quedado demasiado sesgado. Lo que me faltó decir es que no debemos olvidarnos que la inteligencia creativa se basa, al mismo tiempo, en esa misma capacidad interpretativa. El buscar el sentido de las cosas es también lo que nos permite explicarnos cada vez más lo que nos rodea. De modo que sería más justo decir que "las creencias" son una de las caras de la moneda, el coste que debemos asumir por ser inteligentes. Y al mismo tiempo funcionan también como un balance psíquico que nos aparta de riesgos de otro tipo.
En fin, como dicen por ahí, que no existen los almuerzos gratis.
Un saludo.