Bridgestone anuncia el despido del 40% en Basauri: 335 trabajadores
La planta de Bridgestone en Basauri (Bizkaia) afronta el despido de 335 trabajadores, el 40% de su plantilla, después de más de un año en ERTE. La medida, anunciada por la multinacional japonesa, se extiende también a la factoría cántabra de Puente San Miguel, donde otros 211 empleados quedan afectados. Según los mensajes del hilo, los sindicatos han convocado una huelga indefinida en respuesta.
El anuncio se ha convertido en un termómetro del malestar industrial en Euskadi. La planta vasca, que llevaba más de un año con un expediente de regulación temporal de empleo, ve ahora cómo el ajuste se convierte en despidos definitivos. En el hilo, hay quien sostiene que la dirección justifica la medida por la caída de la demanda y la pérdida de competitividad, mientras que otros participantes afirman que los representantes de los trabajadores denuncian que la compañía ha aprovechado la coyuntura para ejecutar un recorte que venía planificando desde hace tiempo.
¿Por qué Bridgestone recorta en Basauri y Puente San Miguel?
En el debate, algunos participantes apuntan a la estanflación y al desplome de la demanda de neumáticos en Europa. El sector del automóvil atraviesa una crisis profunda, con fábricas que reducen turnos y multinacionales que reubican producción en países con costes más bajos. Un forero menciona la competencia de factorías en Rumanía y otros destinos donde los salarios son inferiores, y sostiene que la empresa considera el ajuste inevitable para mantener la viabilidad del negocio en la región.
Otros participantes rechazan ese relato. Sostienen que la multinacional japonesa ha utilizado el ERTE como una palanca para forzar despidos masivos y presionar a la baja las condiciones laborales. La convocatoria de huelga indefinida fue la respuesta inmediata, aunque el anuncio de los despidos ha llegado antes de que pudiera frenar el proceso. En el fondo del conflicto late una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto una multinacional está dispuesta a perder dinero para mantener contentos a los sindicatos?
El efecto dominó en la industria vasca
Basauri no es un caso aislado. En Euskadi, la industria del automóvil y de componentes arrastra años de ajustes. Michelin tiene plantas en Vitoria y Lasarte, y el sector de neumáticos afronta una reestructuración global. La crisis de Bridgestone se suma a la de otras factorías que han cerrado o reducido plantilla en los últimos años, como ocurrió con Fagor, un episodio que muchos consideran una anécdota frente a lo que viene.
Hay quien sostiene que el problema de fondo es la pérdida de competitividad de la industria europea frente a Asia y América. Los costes energéticos, la fiscalidad y la rigidez del mercado laboral empujan a las multinacionales a buscar destinos más baratos. En ese contexto, Euskadi compite con desventaja: sus salarios industriales son más altos que la media española, y su tejido productivo depende en gran medida de decisiones que se toman en Tokio, París o Múnich.
Los sueldos públicos y la burbuja vasca
El debate sobre el futuro industrial de Euskadi ha derivado rápidamente hacia el gasto público. El Gobierno vasco mantiene una estructura de asesores que, según los datos que circulan, equivale a la del Ejecutivo británico: 122 asesores con un gasto de 9 millones de euros, solo seis menos que el Reino Unido. La comparación ha alimentado las críticas sobre la sostenibilidad del modelo vasco, especialmente cuando la industria, principal fuente de riqueza, se desmorona.
A esto se suma la presión sobre los salarios públicos. Los maestros vascos han protagonizado recientes movilizaciones para exigir subidas salariales, con 18 horas lectivas de clase. En un contexto de cierre de fábricas, la pregunta es cómo justificará el Gobierno vasco nuevas subidas mientras el sector privado destruye empleo. Los sueldos públicos en Euskadi son más altos que en el resto de España, una realidad que muchos ven insostenible si la base industrial se resquebraja.
¿Qué pasa con los trabajadores afectados por el despido?
Los 335 trabajadores de Basauri y los 211 de Puente San Miguel afrontan un futuro incierto. Muchos llevaban décadas en la planta y ahora se enfrentan a prejubilaciones o recolocaciones en un mercado laboral poco receptivo. La huelga indefinida convocada por los sindicatos busca arrancar mejores condiciones de salida, pero la empresa ya ha dejado claro que su prioridad es reducir costes. El pulso entre ambas partes marcará el devenir de las negociaciones.
Mientras tanto, la sombra de otros cierres planea sobre el sector. La industria del automóvil en Europa está en plena transformación, y las plantas que no se adapten a los nuevos tiempos tienen los días contados. En Euskadi, la dependencia de multinacionales extranjeras hace que cada decisión corporativa se viva como una amenaza existencial. El caso de Bridgestone es solo el último capítulo de una historia que parece no tener final.
El dato que descoloca: mientras Bridgestone despide a 335 trabajadores en Basauri, el Gobierno vasco mantiene 122 asesores, solo seis menos que todo el Ejecutivo británico. La industria se cae, pero la estructura política no se toca.