El Barça recoge de una bolsa las medallas de la Copa de la Reina
Las medallas de la Copa de la Reina no las entregó nadie. Un miembro del staff técnico del Barcelona recogió dos bolsas de la Federación, las repartió entre la plantilla y fueron las jugadoras las que se colgaron las preseas unas a otras sobre el césped de La Romareda, mientras Alexia Putellas levantaba el trofeo de manos de la reina Letizia. La escena, captada por las cámaras y comentada por los narradores de televisión, ha reabierto la discusión sobre cómo se organizan las entregas en el
fútbol femenino. El matiz incómodo para el relato de la indignación es que en la final de la Copa del Rey se hizo exactamente lo mismo.
Qué pasó en la entrega de medallas de la Copa de la Reina
Lo habitual —lo que dicta el protocolo deportivo y, de paso, el sentido común— es que representantes de la Federación o de las instituciones presentes en el palco vayan entregando las medallas una a una a las futbolistas. En La Romareda no hubo nadie para eso. Fue un integrante del cuerpo técnico del Barcelona quien recogió las
dos bolsas con las preseas y empezó a repartirlas entre la plantilla, y fueron las propias jugadoras las que se las colocaron las unas a las otras, con besamanos improvisado incluido.
La aragonesa
Salma Paralluelo, una de las más sorprendidas, dejó una frase que muchos espectadores leyeron en sus labios: «¿Es broma, no?». Después llegaron el arco rotulado con la palabra Campeonas, las guirnaldas y el confeti. La celebración quedó, según la crónica del acto, deslucida por una entrega que debería haberse planificado mejor.
El protocolo que la RFEF ya había aplicado en la Copa del Rey
La respuesta de la Federación es que no hay nada nuevo bajo el sol. Fuentes de la RFEF justificaron episodios anteriores con un argumento simple: «el protocolo es el mismo que la Copa». Y es literal. En la final de la
Copa del Rey masculina, con el Athletic como protagonista, las medallas se entregaron también en bolsa y fue el propio equipo técnico el que se encargó de repartirlas. Nadie lo leyó entonces como un desprecio institucional.
El precedente femenino es aún más explícito. En la Supercopa femenina de
2023, las jugadoras del Barcelona tuvieron que ir cogiendo una a una sus medallas de una mesa sin que ningún mandatario se dignara a colocárselas. La Federación defendió entonces la misma explicación, y el asunto se archivó por la vía rápida. Ahora no ha sido así.
¿Es distinta la entrega de medallas en el fútbol femenino?
Sobre el papel, no. El procedimiento es idéntico, la Federación lo aplica sin distinguir categorías y los datos disponibles apuntan a una simplificación del acto que viene de lejos: hace varios años que la RFEF entrega las medallas en una bolsa y reserva la entrega formal para el trofeo. Lo que cambia es quién mira y con qué humor se cuenta.
Hay quien sostiene que el formato en bolsa es una chapuza de protocolo que desluce una final, sin más carga ideológica: acortar la ceremonia no justifica que las campeonas tengan que repartirse los metales como si fueran avituallamiento. Enfrente pesa el argumento de la simetría: si el procedimiento es el mismo que el del fútbol masculino y allí no se abrió ningún frente, la singularidad no está en el protocolo, sino en la recepción.
Por qué la polémica desborda el asunto de las medallas
A partir de aquí, la discusión se despega del césped. Una parte del comentario público enmarca lo ocurrido en un clima institucional en el que, se argumenta, los cargos evitan cualquier contacto físico con las jugadoras por temor a que se interprete mal o acabe en una denuncia. Ese temor se presenta en el debate como una lectura, no como una instrucción documentada: la Federación no ha reconocido semejante motivo, y el protocolo de la bolsa es anterior a ese escenario.
Por otro lado, el episodio ha arrastrado consigo una capa de descalificaciones hacia las futbolistas que nada tiene que ver con el protocolo ni con el partido. Conviene separarlo: la crítica al formato de entrega es legítima y discutible; el ataque al colectivo por su condición no aporta un solo dato y contamina cualquier debate sobre organización de eventos.
El marcador que nadie comenta
Entre las dos corrientes se cuela un dato que resume la asimetría. De la final de la Copa del Rey, con idéntico reparto de bolsas y medallas, no ha quedado una sola línea de polémica. De esta, en cambio, se discute el protocolo, el gesto, la cara de las protagonistas y hasta quién tenía que haber dado la mano a quién. El resultado deportivo, los goles y las jugadas apenas ocupan espacio.
Con el procedimiento sin cambios sobre la mesa, la próxima final volverá a ofrecer dos bolsas y un pasamanos improvisado, y la próxima polémica llegará sola. La incógnita no es qué hará la Federación, que no ha anunciado nada, sino si la próxima vez alguien se acordará de la Copa del Rey. Ahí está la prueba de que el problema nunca fue la bolsa.