Getafe borra a Alfonso Pérez del Coliseum y busca patrocinador
La placa que da nombre al estadio municipal de Getafe lleva donde está desde 1998. Ese año, con el equipo en Segunda B, los socios votaron ponerle Alfonso Pérez, uno de los pocos —si no el único— deportistas conocidos salidos del municipio. El Ayuntamiento ha decidido retirarla y sustituirla por la de un patrocinador, y lo ha hecho después de que el exjugador cuestionara en una entrevista que el fútbol femenino pueda equipararse económicamente al masculino.
La decisión convierte un asunto de rotulación en un pleito sobre los límites de la opinión. Cruza tres discusiones y ninguna se ha cerrado: quién manda sobre el nombre, qué méritos lo sostenían y hasta dónde llega la caja del fútbol femenino.
Qué dijo Alfonso Pérez y qué le reprochan
En la entrevista, el exjugador sostenía que las mujeres tienen su espacio y sus derechos y añadía que no ve equiparable el negocio de un deporte y otro. Ahí se acaba. No habló de agresiones sexuales, ni de convenios, ni de condiciones laborales de las jugadoras.
Lo que se le achaca en la respuesta pública es, precisamente, lo que no dijo:
la argumentación municipal enlaza la retirada del nombre con las condiciones laborales del colectivo y con los asesinatos de mujeres. Ese salto —de una opinión sobre taquilla a un reproche sobre violencia machista— es el que ha indignado a buena parte de quienes han seguido el caso. Conviene el matiz: que el argumento se estire no convierte la decisión en ilegal. El estadio es municipal y quien manda en la rotulación manda.
¿De quién es el Coliseum? El estadio no pertenece al club
Hay que repetirlo porque se olvida en cada discusión:
el recinto no es propiedad del Getafe CF, sino del Ayuntamiento. El club juega allí como inquilino y paga por usar la casa. Alfonso Pérez, por su parte, es uno de los pocos deportistas conocidos de la localidad, y su nombre se eligió por votación de los socios en una época en la que el equipo estaba en Segunda B, no en Primera.
Ese detalle sostiene la tesis más repetida: que el consistorio llevaba tiempo buscando la excusa para cambiar la denominación y la entrevista se la sirvió
en bandeja. La alcaldesa defendió la medida por otro camino: todos los equipos venden el nombre de su campo a un patrocinador, vino a decir. O sea, que el criterio no sería el mérito deportivo, sino el contrato.
El palmarés que se esgrime frente al criterio político
En el debe del homenajeado se repite un dato: una sola liga. En el haber, la lista completa, corta pero más ancha de lo que sugiere ese resumen interesado:
una liga, dos Copas del Rey, una Supercopa y una medalla de oro con la selección olímpica, torneo en el que fue el jugador más joven de la convocatoria.
Nadie ha puesto encima de la mesa un baremo público de qué palmarés merece una placa municipal. Ese vacío explica que todo se dirima a gritos: unos comparan al exjugador con otros nombres ilustres de la localidad; otros responden que un campo de Primera no se bautiza por simpatía.
Fútbol femenino: la comparativa de taquilla que domina la discusión
La parte económica es la que ha dejado los números más citados. Según una comparativa lanzada en el propio debate, en un partido de la liga femenina, con el Real Madrid recibiendo al Villarreal,
el estadio tiene capacidad para 6.000 personas y las entradas se venden a 12 euros. En un partido masculino de media tabla, con el Real Madrid contra Osasuna en un recinto de 81.000 asientos,
la localidad más barata arranca en 65 euros.
Son dos competiciones con estructuras de costes, contratos televisivos y audiencias distintas. Compararlas en bruto es tramposo; ignorar la brecha, también. Lo que se discute no es si existe la diferencia, sino si justifica retirar el nombre de un deportista de un edificio público. Y ese paso, de la contabilidad al castigo simbólico, es el que nadie ha argumentado por escrito.
¿Qué nombre sustituirá a Alfonso Pérez?
La respuesta oficial apunta a un patrocinador, aún sin nombre. La extraoficial es un surtido de ocurrencias: desde bautizar el campo con el apellido de una jugadora de moda hasta recuperar etiquetas políticas del pasado, pasando por propuestas que solo buscan la gracia fácil. Ninguna tiene recorrido formal.
Ahí está el punto que nadie cierra. Si el criterio es el palmarés, el sustituto tendrá que ser mejor futbolista. Si el criterio es el negocio, quedará quien pague más. Si el criterio es la oportunidad política, ya está decidido y la discusión sobra.
Lo que el expediente no resuelve
El argumento municipal es que un estadio público no debe mantener el homenaje a quien incomoda a un colectivo. Los críticos responden que la incomodidad no es delito y que una decisión así no puede depender de una frase.
Un estadio bautizado por votación de los socios en 1998 se queda sin nombre por una frase en una entrevista. El sustituto, cuando llegue, no lo elegirán los socios.