Ferraz: 10.000 según el PSOE, 1.000 según un vídeo desde una azotea
¿Cuánta gente cabe en la calle Ferraz un sábado de lluvia? La cifra que se atribuye al PSOE es 10.000 personas. La que sostiene quien se subió a una azotea con el móvil es bastante menos: 1.000, y gracias. Entre esas dos cifras —la que se atribuye a la organización y la del vídeo— se ha montado el primer balance del acto de exaltación de Pedro Sánchez, y el resultado no invita al optimismo en la sede de la calle Ferraz.
Porque el problema no es la lluvia. El problema es que, según las cifras que se atribuyen al propio partido, la convocatoria se queda muy por debajo de lo que se esperaba de una movilización con autobuses fletados desde toda España. Y cuando la primera cifra que se filtra es 1.000 y la segunda es 10.000, la sensación que queda, según algunos participantes, es la de un ajuste al alza sobre la marcha.
¿Cuántas personas fueron realmente a la manifestación de Ferraz?
El recuento es el corazón del asunto. Se atribuye al PSOE la cifra de 10.000 asistentes. El vídeo grabado desde una azotea por el periodista Javier Negre sitúa la cifra en torno al millar. Entre medias, algunos cálculos de participantes en el debate: 5.000 como máximo, 2.000 si se atiende a la superficie de la calle y a la imposibilidad física de apilar cuerpos.
Hay un dato que no depende de la ideología de nadie: Ferraz es una calle estrecha. Con poco se llena. Y con lluvia, menos. Quien haya visto las imágenes —las del propio medio que las publicó— sabe que no hay marabunta. Lo que hay es una concentración discreta, con dirigentes saludando y megafonía sonando.
La discrepancia entre 1.000 y 10.000 no es un matiz. Es un factor de diez. Y en política, un factor de diez en la movilización propia es una señal.
El himno, la media de edad y el detalle que nadie esperaba
El acto tuvo su banda sonora: «Quédate», de Quevedo. Un detalle que no pasó desapercibido entre quienes siguieron la retransmisión, porque la media de edad de los asistentes —según los cálculos que circularon— rondaba los 57,7 años. La canción no parecía elegida para el público presente.
Hubo también lágrimas. Varios dirigentes socialistas, entre ellos el vicepresidente del Congreso, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, salieron a saludar a los congregados y no pudieron contener la emoción. La escena, retransmitida en directo, dio la vuelta en pocos minutos.
Y luego está la pregunta incómoda: ¿dónde estaban los demás? Ni los rostros habituales del apoyo mediático al Gobierno —los nombres clásicos de la cultura y el espectáculo— ni los cargos intermedios que suelen poblar este tipo de convocatorias. La ausencia de los primeros se notó. La de los segundos, más.
Los autobuses fletados y el cálculo que no cuadra
La convocatoria incluyó el fletado de autobuses desde distintos puntos de España. Ese es el dato que convierte la cifra final en un problema: si se pone transporte a disposición de los simpatizantes y aun así el recuento se queda en el entorno del millar, la conclusión que sacan muchos es que el problema no es logístico.
El cálculo que circula entre quienes siguieron el acto es simple: cuatro autocares contados a la vuelta, a las once y media de la noche. Cuatro. Para una movilización que aspiraba a ser masiva.
Hay quien sostiene que la mayoría de los asistentes eran empleados públicos, afiliados y personas con algún tipo de vinculación laboral o contractual con la estructura del partido. Es una afirmación que no puede verificarse con los datos disponibles, pero que explica por qué la convocatoria no desbordó.
El contexto: un acto en medio de una semana complicada
La manifestación no se entiende sin el resto de la semana. La comparecencia de Begoña Gómez en la comisión de investigación del Senado, las investigaciones que rodean al entorno del presidente y la presión judicial sobre el Gobierno forman el telón de fondo de la convocatoria.
Zapatero llamó a la movilización con un mensaje directo: «No nos podemos quedar quietos». La respuesta, según las cifras que se atribuyen al propio partido, fue de 10.000 personas. Según el vídeo desde la azotea, de mil.
Y en medio del debate, un detalle que resume el tono de la semana: los sindicatos han pedido convertir el 1 de mayo en una manifestación a favor de la democracia, con el argumento de que «España necesita una regeneración». La calle, de momento, no se ha llenado sola.
Con estas cifras, la pregunta del lunes no es si Sánchez resiste. Es cuántos de los suyos están dispuestos a salir en la foto. Y la foto, por ahora, tiene más huecos que gente.