Ferraz en directo por RTVE 24H: Montero, «Fuerza, fuerza» y «Perra»
RTVE 24H emitió en directo el acto de apoyo a Pedro Sánchez en la calle Ferraz y la retransmisión dejó una escena que resume el tono: la vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, agradeciendo el respaldo de los militantes con un «Fuerza, fuerza» mientras sonaba a todo volumen «Perra», de Rigoberta Bandini. La escena se siguió con estupefacción desde muchos salones. Los planos cerrados sobre un público de edad avanzada dibujaron una postal muy concreta: un partido movilizando a su base más fiel y exhibiéndola en la televisión pública.
La cita tenía fecha y sello institucional. La Delegación del Gobierno en Madrid publicó en su cuenta oficial los datos de la concentración del
sábado 27 de abril, de 11:00 a 15:00 horas, con itinerario por la calle Ferraz, bajo la etiqueta de «información de servicio público». Un organismo del Estado difundiendo la logística de una convocatoria partidista, con el motivo de la manifestación bien visible en la imagen. Eso chirría incluso a quien no ve problema en que se autorice.
¿Qué publicó la Delegación del Gobierno y a qué se convocaba?
El mensaje institucional no se limitaba al aviso de tráfico. Incluía horario, recorrido y una imagen con el lema de la convocatoria, que en la práctica funcionaba como cartel de la concentración. Ahí arranca la primera discrepancia seria: si comunicar las concentraciones autorizadas entra dentro de la función ordinaria de una delegación o si, al hacerlo con el motivo tan explícito, el canal público se convierte en altavoz de una parte.
Hay quien sostiene que la obligación de informar existe y que ocultar el dato sería peor. Enfrente pesa un argumento difícil de esquivar: la misma cuenta no suele prodigarse en la promoción de los detalles de otras convocatorias. Quien revisó el histórico asegura no haber encontrado otro caso equiparable. No es una prueba de nada, pero es el tipo de detalle que alimenta la sospecha de trato favorable.
¿Hubo una agresión a un manifestante en Ferraz?
Circulan vídeos de una agresión a una persona que pedía la dimisión de Pedro Sánchez en las inmediaciones. Los clips se difundieron junto a la acusación de que el partido no admite discrepantes en su entorno. El material disponible no identifica al agresor, no aclara la secuencia completa y no confirma que se haya abierto expediente o actuación alguna. El episodio queda abierto.
Conviene separar lo grabado de lo interpretado. Lo primero es una refriega en una concentración y una persona golpeada. Lo segundo, la lectura política que cada cual hace de ella. Sobre eso no hay consenso posible: para unos confirma un clima de intolerancia y para otros es un incidente aislado en una concentración con público de todas las edades.
¿Cuánta gente fue a Ferraz y qué perfil tenía?
La horquilla que se maneja es estrecha y modesta:
entre 1000 y 1500 personas. Nada que ver con las cifras que se lanzan cuando el acto es de la acera contraria. El cálculo se apoya en la densidad de asistentes por metro cuadrado y en el tamaño de la calle, no en cifras oficiales, que no se han publicado.
El otro dato que se repite es la media de edad. Los planos muestran una concurrencia mayor, con presencia de banderas vascas y banderas de España, y con el paraguas como objeto estrella de la jornada. Se especula con autobuses fletados y con desplazamientos costeados, pero la sospecha se queda en eso: nadie aporta facturas, listados ni contratos. También se comenta la presencia de personal laboral del sector público, funcionarios y pensionistas, como núcleo de la movilización.
RTVE y el doble rasero informativo
El malestar no es solo estético. Se critica que la emisión repitiera el mismo contenido durante casi una hora, como si fuera una retransmisión institucional y no un acto de partido. Ese reproche conecta con una discusión más vieja: qué informaciones del entorno del presidente reciben minutos y cuáles se despachan en un titular.
En el otro extremo, hay quien responde que la investigación sobre la mujer del presidente también aparece en medios de derecha y de extrema derecha, de modo que el supuesto silencio no existe. Las dos corrientes no pueden tener razón a la vez, y ninguna aporta aquí una medición de minutos por cadena. Sin ese recuento, la queja del doble rasero queda en la sensación, que no es poco, pero no es un dato.
El recuento sigue abierto y eso es lo más revelador. Mil o mil quinientos asistentes, una media de edad alta, banderas, paraguas, una vicepresidenta arengando y una televisión pública emitiendo sin pudor aparente. Con esos mimbres, la discusión no avanza hacia la cifra exacta, sino hacia una pregunta anterior: qué parte de todo esto es movilización real y qué parte es puesta en escena para el telediario.