Díaz Villanueva y el meme del metro: del sarcasmo al vídeo durísimo
¿Cómo reacciona un divulgador que ha hecho del sarcasmo su marca cuando el meme le cae encima a él? Fernando Díaz Villanueva, conocido por su tono socarrón y su defensa del liberalismo, ha respondido con un vídeo que buena parte de su audiencia califica de durísimo a un meme que lo situaba en una estación de metro rodeado de migrantes. El episodio ha reabierto la discusión sobre su figura: su estilo, su público y su papel en el ecosistema mediático.
Qué pasó: del meme a la reacción airada
El detonante fue un meme que colocaba a Díaz Villanueva en una estación de metro, rodeado de personas migrantes. La imagen circuló y el divulgador respondió con un vídeo en el que, según la descripción que se hace del mismo, abandona el tono guasón habitual para insultar y amenazar abiertamente al autor del montaje. Quienes siguen su trayectoria señalan que siempre ha tendido a la pasivo-agresividad y al sarcasmo, pero que este registro es nuevo.
La discusión derivó rápidamente hacia el doble rasero.
Se argumenta que Díaz Villanueva ridiculiza a otros colectivos y etiquetas ideológicas sin problema, pero reacciona con furia cuando el objeto de la burla es él. La descripción del vídeo como «durísimo» procede del propio título del asunto, no de una valoración externa.
El currículum y el enchufe: la crítica que no cesa
Una parte del análisis se centra en su trayectoria profesional. Se describe su currículum como «surrealista», con trabajos sin conexión aparente, cambios de rumbo y una sensación de estar siempre bien situado. La pregunta recurrente es de quién es hijo o qué contactos explican esa sucesión de puestos.
El dato que más se repite:
estudió Historia y al acabar la carrera comenzó a trabajar como periodista. Para varios intervinientes, que un recién licenciado en Historia sea contratado como redactor en un medio apesta a enchufe. La conclusión que extraen es que los liberaloides de este perfil son «niños de papá» con red.
El público hispanoamericano y la sobreactuación
Un argumento recurrente es el del público. Se sostiene que gran parte de su audiencia es hispanoamericana y que eso le lleva a sobreactuar en los temas migratorios para ganarse su favor. La crítica es que
solo le preocupan los migrantes porque de ahí saca dinero, no por convicción.
A eso se suma la etiqueta política: se le sitúa como pepero, no solo por ideas, sino porque aspiraría a obtener patrocinio o algún tipo de encaje en ese espacio. La descripción que se hace de él es la de un «liberaloide bohemio de bicicleta y palomar en el Madrid de los Austrias» que se ha ofendido cuando le han dicho cuatro verdades.
La evolución del personaje: de original a meme
Hay un reconocimiento de que, hace años, su propuesta tenía algo de refrescante.
Se le atribuyen dotes de comunicación y el mérito de divulgar historia desde una óptica conservadora cuando eso era casi revolucionario. Renunciaba a los mantras progresistas y eso le dio notoriedad.
El problema es que el tiempo pasó. Otros comunicadores le han pasado por la derecha: mejores, más originales, más provocadores y más valientes. Él se ha quedado como alguien que repite fórmula. La sentencia más repetida es que hoy solo es un meme.
Las peleas y el aislamiento: Rallo, Garín, Jano
El retrato se completa con sus rupturas. Se mencionan peleas con Rallo por el Juan de Mariana, con Garín y con Jano por VoxOne. La descripción es la de alguien que acaba a tortas con todos sus amigos y que se ha quedado solo por no reconocer sus límites.
La explicación que se da a la ruptura con Jano es que le jodió que en su canal hubiera católicos.
Se le describe como un totalitario de sus ideas, igual que el resto, con puño de hierro y mandíbula de cristal: puede llamar de todo a los demás, pero salta por los aires cuando le tocan a él.
La foto y el contraataque: el episodio final
El asunto escaló con una fotografía que se califica de demoledora. La reacción de Díaz Villanueva fue, según el relato, poner toda la carne en el asador. La imagen se convirtió en el símbolo del episodio y alimentó el meme.
El cierre del asunto es el de siempre:
quienes participan en la discusión se acusan mutuamente de hacerle publicidad. Hablar de él es darle visibilidad, y eso, en el fondo, es lo que busca. La ironía final es que el meme que le enfureció ha acabado siendo el mejor escaparate de su figura.