Feijóo critica el cine gratis para Amancio Ortega
Un líder de la oposición que denuncia un privilegio que, según su argumento, nadie ha pedido. Feijóo puso sobre la mesa el caso de las entradas de cine subvencionadas los martes y los abonos de cercanías gratuitos para señalar que el dinero público acaba financiando el ocio de quienes menos lo necesitan. El ejemplo elegido, Amancio Ortega y Juan Roig, dos de los patrimonios más grandes del país, funcionó como detonante: la medida, defendida como universal, ignora la renta de quien la recibe.
El argumento tiene su lógica contable. Si el objetivo es aliviar el bolsillo de las familias, entregar el mismo descuento al dueño de Inditex que a un pensionista con la mínima convierte la política en un reparto ciego.
El coste lo asume el contribuyente, y el beneficio se diluye entre quienes no lo necesitan. La crítica, sin embargo, llegó envuelta en un problema de forma: mencionar a dos empresarios concretos como ejemplo de despilfarro abre la puerta a que el debate derive hacia la figura de los millonarios y no hacia el diseño del gasto.
¿Es un escándalo subvencionar el ocio de los más ricos?
La respuesta depende de qué se entienda por política social. Una parte del análisis sostiene que las ayudas universales son más baratas de gestionar y evitan el estigma de la comprobación de renta. La otra corriente, mayoritaria en la discusión, responde que universal no es sinónimo de justo:
los viajes del IMSERSO llevan décadas funcionando sin que, según un participante, nadie haya cuestionado que un jubilado con patrimonio use el mismo servicio que uno con pensión no contributiva.
Ahí está el nudo. El sistema actual mezcla prestaciones contributivas con subvenciones indiscriminadas, y el resultado es que la misma administración que calcula la renta para una beca no la mira para regalar una entrada de cine. Hay quien defiende que toda ayuda debería estar sujeta a la renta del beneficiario. Y hay quien recuerda que
filtrar por renta encarece el sistema y deja fuera a gente que sí lo necesita por no saber pedirlo.
El ejemplo de Ortega y Roig que nadie pidió
La elección de los nombres fue el punto débil del argumento. Ninguno de los dos va a usar el cercanías ni necesita el descuento del martes, así que la comparación se lee más como recurso retórico que como diagnóstico.
El debate real no es si Ortega va al cine, sino si tiene sentido que el Estado pague el ocio de quien no lo solicita.
La crítica más incisiva no fue al fondo, sino a la forma: un líder del PP usando a empresarios como ejemplo de abuso de lo público legitima el marco de la izquierda, que lleva años señalando a los grandes patrimonios como beneficiarios indebidos. El resultado es una paradoja: la derecha denuncia el gasto social citando a los ricos, y la izquierda defiende la universalidad citando a los pobres.
La letra pequeña del gasto público
Más allá del ruido, el episodio deja una pregunta incómoda: ¿cuántas partidas del presupuesto se reparten sin mirar la nómina del receptor? Las entradas de cine, los abonos de tren, las ayudas por hijo, los viajes del IMSERSO.
Cada una tiene su propia lógica, pero todas comparten el mismo diseño: se entregan por categoría, no por necesidad.
El cálculo completo de lo que cuesta mantener ese modelo, desglosado partida a partida, da una cifra que ningún gobierno ha querido poner por escrito. Y mientras tanto, la discusión pública se queda en el ejemplo concreto, en si Ortega va o no al cine, en lugar de entrar en el diseño del gasto. Eso es lo que convierte un debate económico en una pelea de nombres propios.
Qué se juega el PP con este argumento
Para Feijóo, el terreno es incómodo. Denunciar subvenciones universales lo acerca al votante que paga impuestos y ve cómo su dinero financia el ocio ajeno. Pero hacerlo citando a Amancio Ortega le aleja del empresario que no quiere ser utilizado en una pelea política.
El equilibrio es delicado: criticar el gasto sin parecer que se ataca a los ricos, y defender la eficiencia sin caer en el discurso de la izquierda.
La pregunta que queda en el aire no es si el cine de los martes es un escándalo. Es si algún partido está dispuesto a rediseñar el sistema de ayudas para que la renta sea el criterio, o si seguiremos discutiendo sobre qué millonario concreto aparece en el ejemplo.