El vídeo que pide a los migrantes negros abandonar España
Un clip grabado —según quienes lo difunden— en una aldea de Senegal y pronunciado en un idioma que solo su comunidad entiende recoge a un hombre pidiendo a las personas negras que abandonen España. El motivo que esgrime: allí no les dan contrato de trabajo por no tener papeles. La pieza circula sin autor conocido y ha reavivado una discusión incómoda: si el trato que recibe un migrante justifica dar media vuelta y marcharse.
Qué pide el vídeo y a quién va dirigido
El mensaje va en una dirección poco habitual: en vez de pedir a España que cambie, pide a los propios migrantes que se marchen.
«Salgan ordenadamente» resume el tono con que lo ha recibido una parte del público. Otros ven ahí una operación de propaganda disfrazada de espontaneidad. Hay quien sostiene que el discurso parece escrito por una organización que vive de subvenciones y quien atribuye el guion a un interés político de fondo.
El idioma del clip —incomprensible, se dice, salvo para los hablantes de esa comunidad— se usa como argumento para dudar de su naturalidad. Y que el discurso meta en el mismo saco a varios colectivos distintos alimenta la sospecha de un guion ajeno. Ninguna de esas sospechas cuenta con una prueba que las respalde.
La competencia por los puestos de trabajo
Aquí la conversación se vuelve económica. Se argumenta que un migrante africano que
chapurrea el español queda por detrás de otros recién llegados que comparten idioma, y que eso le condena a los peores empleos. La comparación con Alemania se repite: allí, sin hablar alemán, se accede a trabajos decentes; aquí, la barrera del idioma se suma a la falta de papeles.
La otra cara es la queja de que el país desperdicia talento. La imagen que ha quedado flotando es la de los
millones de cirujanos que acaban recogiendo tomates y pimientos en los invernaderos. Exagerada, sin duda: es una hipérbole lanzada en el foro, no un dato.
Y hay quien recuerda que
los salarios en España nunca han sido altos y que la única ventaja competitiva ha sido el clima y que la cosecha empiece antes. De ahí se extrae que la mano de obra barata no sería un accidente, sino el modelo.
El relato generacional y el cierre de fronteras
Aparece también el esquema por generaciones —la primera no trabaja, la segunda delinque, y así hasta la quinta—, un marco que cualquier demógrafo rechazaría por su simpleza pero que ordena buena parte del malestar. La conclusión que se extrae es siempre la misma:
cerrar la puerta al salir y no dejar entrar a más gente.
Otra corriente pone precio al retorno y defiende el
puente de plata: que quien quiera irse lo haga cuanto antes. Una tercera mueve el foco hacia una supuesta estrategia de los partidos de izquierda para que estos votantes sin documentación engrosen el censo. Es una acusación grave que no aparece respaldada por ninguna prueba y que en la propia conversación se plantea como teoría, no como hecho.
Por qué vuelve siempre el mismo marco histórico
Buena parte de la conversación mira hacia atrás. Se recuerda que el despegue económico de los años sesenta y setenta llegó justo después de que Estados Unidos cambiara de criterio en
1958 y decidiera que España era un buen bastión anticomunista. Y se subraya que la devaluación de la peseta —la mayor de la historia— fue una de las palancas de aquel crecimiento.
De ahí sale una tesis incómoda: que el país siempre ha sido un destino de salarios bajos y que, si se volviera a la peseta, no solo se marcharían los migrantes, sino también varios millones de españoles. Es el argumento de quien sostiene que el problema no es la política migratoria, sino el modelo económico que hace de la mano de obra barata su razón de ser.
La reacción: quién quiere que se vayan y quién no
El abanico de reacciones es amplio. En un extremo, la petición de que cunda la salida y que además sirva de advertencia para quienes piensan cruzar el Mediterráneo. En el otro, quien responde que, si se marchan, España quedaría más saneada.
Entre medias asoma un apunte que descoloca: se recuerda que en el cine de Hollywood los negros son lo más. También aparece una referencia a los países que, aun recibiendo cada año millones en remesas de sus emigrantes, no terminan de salir del lodo.
El vídeo pide a los migrantes que se marchen. Nadie ha calculado, en cambio, qué queda cuando se van: los invernaderos siguen ahí, con sus tomates y sus pimientos, esperando a alguien que los recoja.