Campeón del mundo a los 28 con cara de prejubilado
Ganó el Mundial de ciclismo. Tiene
28 años. Las fotos, en cambio, cuentan otra historia: a Brandon McNulty, estadounidense, le echan el doble de años de los que tiene, y el bigote no ayuda. Se proclamó campeón del mundo y lo primero que hizo el debate fue poner en duda su fecha de nacimiento.
Es la servidumbre del ciclismo: un deporte en el que el campeón parece llevar
28 años cotizados y no precisamente de vida laboral. La broma se agota sola, pero deja una pregunta incómoda sobre qué le hace el fondo a un cuerpo joven.
¿Cuántos años tiene realmente Brandon McNulty?
Veintiocho. El dato no admite discusión; el reflejo, sí. La propia crónica que abrió el asunto lo dejaba claro: al joven estadounidense le echan el doble de años de los que tiene, y las fotos, decía, no le hacen justicia. Ahí empieza todo.
A partir de ahí, el repertorio es previsible. Que si debería hacerse pasar por prejubilado de una teleco. Que si es Mark Spitz reciclado a ciclista. Que si parece el general Montgomery dando una vuelta al pueblo camino del pub. El material gráfico hace el resto: un tipo con cara de haber atravesado tres crisis económicas celebrando el título más importante de su vida.
El desgaste del fondista: ¿salud o ruina física?
En paralelo al chiste de la edad aparece otro debate. Un participante sostiene que las disciplinas de resistencia —ciclismo, maratón, triatlón— dejan un cuerpo castigado, y compara el cuerpo de un maratoniano o de un triatleta con el de quien practica lucha o esprints. Su imagen para describirlo es la de un prisionero de un campo de trabajo.
El mismo mensaje añade un dato sobre sí mismo: sin practicar ningún deporte de fondo, dice, se hizo una prueba de esfuerzo y superó los
18 METs, el rango que atribuye a un atleta de élite. Cifra de sobremesa, sin informe que la respalde: tómese como lo que es.
El Mundial: resistencia y veteranía
Uno de los participantes sitúa la carrera en Canadá y sostiene que no fue una prueba para jóvenes impulsivos, sino una batalla de resistencia y veteranía. Según ese mensaje, el segundo clasificado tiene
36 años; el comentario apunta a que, a ese nivel, la experiencia pesa más que el carné de identidad.
Y ahí está el nudo. Si el vencedor aparenta el doble de su edad y el subcampeón roza los cuarenta, ¿estamos ante un deporte que premia la madurez o ante un deporte que envejece a quien lo practica? Las dos lecturas caben en el mismo podio.
El Mundial está decidido y la edad de McNulty, también. Lo que sigue abierto es lo otro: si un cuerpo que rinde así a los 28 y aparenta el doble es un prodigio, una advertencia o simplemente la foto que alguien eligió para abrir el artículo. Ahí se atasca la cuenta, y ahí sigue.