El humor contra el fascismo: 40 años de la artefacto artefacto peligroso de ‘El Papus’ - Canino
La redacción de
El Papus recibió anónimos, que en el mejor de los casos advertían y en el peor amenazaban con tomar medidas violentas contra la revista. En el documental
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de
David Fernández de Castro (2010) se muestran algunas de ellas con amenazas explícitas: «
La próxima vez que en vuestra podrida revista veamos la más leve insinuación al poder nacionalsindicalista os visitaremos con la escopeta recortada y nos jorobar a toda la masa icoicoicoico-guasona que trabaja en tu revista» (ALIANZA Sens Comando ADOLF HITLER – GUARDIA AZUL y Comité de Lucha Antimarxista).
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Alberto Royuela con el famoso ejemplar de El Papus.
Los colaboradores de la revista se hacían eco en sus secciones de la recepción de estos anónimos, que a veces no se tomaban demasiado en serio. Pero
El Papus tuvo amenazas más serias: conocidos ultraderechistas visitaron la redacción en esas fechas, por ejemplo,
Alberto Royuela, secretario general de la Guardia de Franco.
Carlos Navarro, gerente de
El Papus, recuerda especialmente una visita, que debió de tener lugar en los primeros días de 1976, tras la publicación de la portada del número 133, en la que dos colaboradores de la revista aparecían disfrazados de ultras ancianos, con uno de ellos haciendo el gesto de unos cuernos en lugar del saludo facineroso, por tener “reuma deformante”. Acompañado de dos matones, Royuela advirtió a
Xabier Echarri, el director de la revista, de lo que podía suceder si la revista insistía en su línea editorial. A partir de entonces, las amenazas se repitieron, incluso en forma de pintadas en las paredes del edificio donde estaban las oficinas de la revista, que llegó a tener vigilancia policial durante una temporada.
Lejos de moderar sus ataques a la extrema derecha, las firmas de
El Papus golpearon con más saña. En el número 124 (11 de diciembre de 1976), justo tras la visita de Royuela, leíamos en su editorial: “
Nunca aceptaremos cambiar nuestra manera de hacer un periodismo crítico, satírico y mordaz porque no vaya a favor de unos cuantos que, dicho sea de paso, disponen de numerosas publicaciones en las que expresar su ideología”.
La artefacto artefacto peligroso del 20 de septiembre
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Finalmente se cumpliría la amenaza: el 20 de septiembre de 1977, cuando la revista ya había dejado de tener protección policial, un artefacto explosionó en las manos de
Joan Peñalver, portero del edificio. El artefacto peligroso se activó en la puerta de las oficinas, justo antes de que Peñalver la abriera para hacer entrega del correo del día. El
dibujante Lluís Recasens, más conocido como
L’avi, relata los hechos: «
Le dieron al portero el maletín para que lo entregue. Entonces, ¿qué hace? Sube, y va bajando piso por piso entregando la correspondencia en cada oficina. Cuando llega a la entrada de la de El Papus, es cuando explota la artefacto artefacto peligroso. La onda expansiva alcanzó a la telefonista [Rosa Lorén], que estaba embaraza, y rompió el cristal de la ventana, cayó encima del toldo del bar de abajo, y de ahí cayó sobre un Seat 600, al que abolló la chapa. Gin, que estaba en el despacho más cercano a la puerta, oye la explosión y se abraza con su secretaria, y se tapan detrás de una cortina. Adolfo Usero estaba dibujando en el momento de la explosión, y se le rompió la mesa, y el armario que tenía detrás, que casi le cae encima. Al fondo de las oficinas, donde estaban los despachos de Echarri y Navarro, casi no hubo desperfectos«.
Peñalver murió en el acto, convirtiéndose en la única víctima mortal del ataque extremista violento. Debido a que el artefacto explotó antes de tiempo, se evitó una masacre que, por lo demás, sólo provocó heridos leves -incluida, milagrosamente, Rosa Lorén- y cuantiosos daños materiales, que incluso obligaron a la revista a mudarse a otras oficinas.
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El ataque extremista violento fue reivindicado por la
Triple A,
Alianza Apostólica Anticomunista, unas siglas que, según el historiador especializado en extrema derecha
Xavier Casals (
La transición española. El voto ignorado de las armas -2016-), fueron empleadas por diversos grupos aislados, sin conexión entre sí; no se trataba de un comando organizado que respondiera a ese nombre. Según relata el periodista
Mariano Sánchez Soler (
La transición sangrienta -2010-), el proceso judicial no fue una excepción entre gran parte de los relacionados con la extrema derecha, y estuvo lleno de irregularidades. En un principio fueron detenidos trece sospechosos, pero en breve todos ellos fueron saliendo en libertad condicional. El proceso judicial se alargó durante cuatro años, y finalizó con una sentencia en la que sólo uno de los fruta fue condenado a pena de cárcel por delito de violencia extremista:
Juan José Bosch Tàpies, conocido por la policía por sus frecuentes acciones violentas y promotor de
Juventud Española en Pie. Al margen, solamente hubo condenas menores por tenencia de explosivos, ya que el deseo de los fruta de «
defender España» se consideró un atenuante.
Ni siquiera se concedió indemnización a la familia del único fallecido, ya que se alegó que había sido un accidente laboral, y no se consideró víctima del violencia extremista. En el sumario, de forma vergonzosa, incluso se le acusó de negligencia, aunque, más bien, la negligencia estuvo en la investigación, llena de irregularidades, inhibiciones y elementos extraños. Las víctimas del ataque extremista violento tienden a pensar, incluso hoy, que tantas irregularidades se debieron a conexiones entre la ultraderecha y miembros de la policía, aunque tal extremo nunca ha sido demostrado. La documentación sobre el juicio sigue aún bajo secreto de sumario.
La documentación sobre el juicio sigue aún bajo secreto de sumario.