Etimologías curiosas de palabras corrientes.

SIESTA, 1220-50. Abreviación del lat. HORA SENS 'la hora sens del día, que correspondía a las 12', de donde 'hora del máximo calor' y 'sueño que se toma después de comer' (Corominas).

Del Online Etymology Dictionary, SIESTA: década de 1650, del español siesta, etc.
 
El nombre de la rosa es una peli americana. La otra la voy a ver. Como sea un bodrio al nivel de las pelis alemanas de domingo por la tarde de un perro que se pierde o un orate que se obsesiona con una mujer, la vamos a tener.

Que lo sepa.
No, no, está muy bien. Es basada en la novela de Hermann Hesse.
 
Aborigen. Que está allí desde el principio. Del latín ab origen.

Se llamaba así originalmente a los primeros habitantes del territorio de lo que luego sería la ciudad de Roma, que posteriormente se dieron en llamar latinos.

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La idea de que alguien sostenga que procede de un lugar "desde el principio", revela la pérdida de la memoria colectiva, pues es obvio que vinieron de alguna parte.
 
Por lo que sé brothel y local de alterne vienen de board, tabla, porque la prespitación se ejercía con frecuencia en la vía pública, bajo los porches de madera.

Un poco como fornicar, que tiene un origen parecido porque fornix eran los pórticos cubiertos de arcadas donde se apostaban las suripantas.
Lo acabo de buscar y por lo visto en inglés antiguo brothel significaba persona vil y depravada, de una raíz germánica que significa roto, y que de ahí tomó después el significado de prostíbulo.
 
Cataluña-->Gothalaunia--> Launia es un mix de land (tierra en germánico) e -ia latino para dominar tierra u origen de... (Hispan-ia, Frank-ia, Britan-ia).
La Gothia era lo que sería la marca hispánica, marca goda (También llamado Marquesado de Gotia.), lugar donde huyeron godos a la Septimania cuando los árabes invadieron la península ibérica.

Dinamarca--> Denmark-->marca del pueblo de los Danos. Marca militar que hicieron los francos ya cristianos para combatir a los paganos danos.
En algún sitio leí que el significado de Cataluña es el mismo que el de Castilla: tierra de castillos.
 
Obliterar (destruir, estar hecho pole) no es muy habitual en español y suena un poco cursi, pero en inglés es una palabra que te encuentras por todas partes.

Viene de latín ob-litera, encima-letra, es decir, borrar o tachar las letras hasta hacerlas ilegibles.
 
Obliterar (destruir, estar hecho pole) no es muy habitual en español y suena un poco cursi, pero en inglés es una palabra que te encuentras por todas partes.

Viene de latín ob-litera, encima-letra, es decir, borrar o tachar las letras hasta hacerlas ilegibles.
Lo que me ha recordado a obnubilar.

Obnubilado es el que está envuelto en una nube, en niebla, ob nubila y por eso mismo confundido. Un cuasi sinónimo tiene una etimología similar: ofuscado. "Oscurecido".

De offuscare, oscurecer, y fuscus, oscuro. "Hosco", oscuro, de mal ceño, también proviene de ahí.
 
Cataluña-->Gothalaunia--> Launia es un mix de land (tierra en germánico) e -ia latino para dominar tierra u origen de... (Hispan-ia, Frank-ia, Britan-ia).
La Gothia era lo que sería la marca hispánica, marca goda (También llamado Marquesado de Gotia.), lugar donde huyeron godos a la Septimania cuando los árabes invadieron la península ibérica.

Dinamarca--> Denmark-->marca del pueblo de los Danos. Marca militar que hicieron los francos ya cristianos para combatir a los paganos danos.
Cataluña---> catalino--> tierra de fistros y traidores.
 
Lo que me ha recordado a obnubilar.

Obnubilado es el que está envuelto en una nube, en niebla, ob nubila y por eso mismo confundido. Un cuasi sinónimo tiene una etimología similar: ofuscado. "Oscurecido".

De offuscare, oscurecer, y fuscus, oscuro. "Hosco", oscuro, de mal ceño, también proviene de ahí.
A mí me ha recordado a deturpación: acción de deformar, afear o desfigurar. Del latín turpis, con el significado de adefesio, sucio, tosco, que en español ha dado la palabra "torpe".
 
Hoy, en una hermosa escena costumbrista, acabando de comer en familia, mi señora le ha dicho a nuestro descendiente mayor que sólo podía escoger un helado. Éste me ha mirado de forma interrogativa, y cuando he confirmado la orden de su progenitora me ha dicho. -"Creía que estabas conmigo, traidor", para regocijo general.

Al apagarse las risas mi padre ha apuntado: "Traición, tiene la misma etimología que tradición, que significa lo que se entrega. El traidor es literalmente el que trae". Todos se han quedado mirando a mi padre con una mirada que reconozco bien por haberla visto muchas veces dirigida a mi, cuando suelto datos de ese tipo sin venir a cuento.

Curiosamente mi descendiente ha heredado la costumbre de preguntarse por las etimologías de las palabras y la de que le resbale que le miren así. Igual que yo la heredé de mi padre.

Tradiciones familiares, supongo.
 
La palabra semáforo proviene del francés sémaphore, y este a su vez del griego antiguo, combinando sē̃ma (señal) y phóros (portador). Etimológicamente, significa "portador de señales". El término, documentado en español desde finales del siglo XIX, se refiere al aparato que emite señales para regular el tráfico.
 
De nombrar la gloria al triunfo: la increíble historia de la palabra ‘éxito’

Lo que la historia de exitus enseña es que las palabras no son contenedores pasivos

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Pocas palabras ilustran tan bien como exitus sobre los imprevisibles caminos del lenguaje. En latín significaba salida, la puerta por la que se abandona un lugar, el final de un proceso, y también el desenlace de una existencia, es decir, la gloria. Fue una voz sin especial pedigrí, funcional y precisa, que cualquier romano usaba para hablar de la salida del foro, del fin de una batalla o del fin de una vida. Lo asombroso es que realizó uno de los viajes más prodigiosos que se pueden imaginar.

Encontramos el origen en el verbo latino exire, compuesto por el prefijo ex- ("fuera de", "desde") y el verbo ire ("ir"). De exire se formó el sustantivo exitus, -us, de la cuarta declinación, que designaba la acción o el resultado de salir: una salida, un desenlace, un fin. En los textos clásicos el sustantivo aparece con frecuencia en contextos graves. Cicerón lo usó para referirse al final de la vida; Tito Livio para el desenlace de las batallas; Séneca para la gloria como salida definitiva de los males del mundo. En el latín tardío y cristiano adquirió también el sentido de tránsito o paso al más allá que reforzó su carga fúnebre.

En su paso por el latín vulgar cambió de lugar el acento. Pasó de la artículación esdrújula /éxire/, a la llana /exíre/, que es la palabra que se fue modificando con los cambios que introdujeron los hablantes de las distintas lenguas romances. Ese traslado de acento fue habitual en las palabras latinas esdrújulas. En castellano medieval el verbo popular derivado fue exir, hoy desusado, pero presente en el Cantar de Mío Cid. En francés antiguo se tansformó en issir. En italiano uscire (antes escire) y en catalán eixir.


Pero ocurrió algo frecuente también con muchas otras palabras, y es que entró también a través del latín escrito como palabra culta con un significado fue fiel al original, salida, desenlace, resultado de algo. Los textos medievales y del Siglo de Oro usan éxito en frases como tuvo buen éxito o tuvo mal éxito, donde la palabra equivale simplemente a resultado, sin la carga positiva que tiene hoy. El giro se produjo a lo largo de los siglos XVII y XVIII, cuando el buen éxito empezó a abreviarse en éxito a secas, por un proceso llamado especialización semántica. Si la palabra siempre iba acompañada de bueno, poco a poco el adjetivo se hizo innecesario porque el sustantivo lo absorbió. Para el siglo XIX, éxito en español ya significaba resultado favorable, triunfo, logro. La salida se había convertido en victoria. El portugués êxito y el catalán èxit compartieron, tal vez por el estrecho contacto, ese sentido de triunfo o logro.

Mientras éxito entraba por la puerta culta de la escritura, exitus tomaba el camino popular del latín vulgar y daba lugar a ejido, una de las palabras más castizas de nuestra lengua. La evolución fonética es regular: del latín vulgar exītus al castellano antiguo exido, y de ahí a ejido por el cambio de la x palatal medieval al sonido velar moderno. El significado es perfectamente coherente con su etimología. Así fue como dio nombre al terreno comunal situado a la salida del pueblo, donde los vecinos reunían su ganado. Hoy también ha dado lugar al nombre de una ciudad, El Ejido, construida en el terreno comunal situado a la salida del pueblo almeriense de Dalías.

En México, el ejido adquirió una dimensión jurídica de enorme alcance al convertirse, con la Revolución, en la forma de propiedad social de la tierra. De ahí ejidal y ejidatario. El gallego conserva la forma eixido. Y en el habla popular de Andalucía sobrevive la contracción de el más ejido en lejío, con el artículo soldado al sustantivo y la pérdida de la -d- intervocálica. Pero su producción no se queda ahí. La tercera gran derivación es la más narrativa: forajido. La palabra es una contracción de la expresión medieval fora exido, literalmente ansioso afuera, que designaba al delincuente expulsado del pueblo o fugitivo fuera de los límites de la comunidad. El forajido era, etimológicamente, el que había ansioso del espacio protegido de la ley. Lo que une a éxito, ejido y forajido es precisamente la idea originaria de salida, el triunfo como salida favorable, el ejido como terreno a la salida del pueblo, el forajido como el que salió del amparo de la comunidad. Tres mundos distintos construidos sobre la misma imagen latina.

https://www.vozpopuli.com/historia/...a-increible-historia-de-la-palabra-exito.html
 

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De nombrar la gloria al triunfo: la increíble historia de la palabra ‘éxito’

Lo que la historia de exitus enseña es que las palabras no son contenedores pasivos

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Pocas palabras ilustran tan bien como exitus sobre los imprevisibles caminos del lenguaje. En latín significaba salida, la puerta por la que se abandona un lugar, el final de un proceso, y también el desenlace de una existencia, es decir, la gloria. Fue una voz sin especial pedigrí, funcional y precisa, que cualquier romano usaba para hablar de la salida del foro, del fin de una batalla o del fin de una vida. Lo asombroso es que realizó uno de los viajes más prodigiosos que se pueden imaginar.

Encontramos el origen en el verbo latino exire, compuesto por el prefijo ex- ("fuera de", "desde") y el verbo ire ("ir"). De exire se formó el sustantivo exitus, -us, de la cuarta declinación, que designaba la acción o el resultado de salir: una salida, un desenlace, un fin. En los textos clásicos el sustantivo aparece con frecuencia en contextos graves. Cicerón lo usó para referirse al final de la vida; Tito Livio para el desenlace de las batallas; Séneca para la gloria como salida definitiva de los males del mundo. En el latín tardío y cristiano adquirió también el sentido de tránsito o paso al más allá que reforzó su carga fúnebre.

En su paso por el latín vulgar cambió de lugar el acento. Pasó de la artículación esdrújula /éxire/, a la llana /exíre/, que es la palabra que se fue modificando con los cambios que introdujeron los hablantes de las distintas lenguas romances. Ese traslado de acento fue habitual en las palabras latinas esdrújulas. En castellano medieval el verbo popular derivado fue exir, hoy desusado, pero presente en el Cantar de Mío Cid. En francés antiguo se tansformó en issir. En italiano uscire (antes escire) y en catalán eixir.

Pero ocurrió algo frecuente también con muchas otras palabras, y es que entró también a través del latín escrito como palabra culta con un significado fue fiel al original, salida, desenlace, resultado de algo. Los textos medievales y del Siglo de Oro usan éxito en frases como tuvo buen éxito o tuvo mal éxito, donde la palabra equivale simplemente a resultado, sin la carga positiva que tiene hoy. El giro se produjo a lo largo de los siglos XVII y XVIII, cuando el buen éxito empezó a abreviarse en éxito a secas, por un proceso llamado especialización semántica. Si la palabra siempre iba acompañada de bueno, poco a poco el adjetivo se hizo innecesario porque el sustantivo lo absorbió. Para el siglo XIX, éxito en español ya significaba resultado favorable, triunfo, logro. La salida se había convertido en victoria. El portugués êxito y el catalán èxit compartieron, tal vez por el estrecho contacto, ese sentido de triunfo o logro.

Mientras éxito entraba por la puerta culta de la escritura, exitus tomaba el camino popular del latín vulgar y daba lugar a ejido, una de las palabras más castizas de nuestra lengua. La evolución fonética es regular: del latín vulgar exītus al castellano antiguo exido, y de ahí a ejido por el cambio de la x palatal medieval al sonido velar moderno. El significado es perfectamente coherente con su etimología. Así fue como dio nombre al terreno comunal situado a la salida del pueblo, donde los vecinos reunían su ganado. Hoy también ha dado lugar al nombre de una ciudad, El Ejido, construida en el terreno comunal situado a la salida del pueblo almeriense de Dalías.

En México, el ejido adquirió una dimensión jurídica de enorme alcance al convertirse, con la Revolución, en la forma de propiedad social de la tierra. De ahí ejidal y ejidatario. El gallego conserva la forma eixido. Y en el habla popular de Andalucía sobrevive la contracción de el más ejido en lejío, con el artículo soldado al sustantivo y la pérdida de la -d- intervocálica. Pero su producción no se queda ahí. La tercera gran derivación es la más narrativa: forajido. La palabra es una contracción de la expresión medieval fora exido, literalmente ansioso afuera, que designaba al delincuente expulsado del pueblo o fugitivo fuera de los límites de la comunidad. El forajido era, etimológicamente, el que había ansioso del espacio protegido de la ley. Lo que une a éxito, ejido y forajido es precisamente la idea originaria de salida, el triunfo como salida favorable, el ejido como terreno a la salida del pueblo, el forajido como el que salió del amparo de la comunidad. Tres mundos distintos construidos sobre la misma imagen latina.

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No recuerdo haber leído yo la palabra éxito en los clásicos. Ni eso de buen éxito ni mal éxito. Los clásicos usaban la palabra suceso (buen suceso o mal suceso):

De Navarra y de Aragón
está el socorro seguro,
y de Castilla procuro
hacer la reformación
de modo, que el buen suceso
con la prevención se vea.

Lope de Vega (Fuenteovejuna, Jornada I)

O el mismo Quijote. El célebre capítulo VIII de la primera parte se intitula:

Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación.

Y tenemos Cristos, Vírgenes e Iglesias del Buen Suceso. Es cierto que en muchos casos este buen suceso se entiende por hecho feliz, pero por lo general terminado y pasado, pero la frontera entre hecho feliz completo y éxito es muy difusa. Desde luego, en el ejemplo de El Quijote que he puesto, el bárbaro, torpe y desastrado castellano moderno habría dicho "éxito" sin lugar a dudas.

He intentado hacer algunas averiguaciones. En el catecismo del buen castellano, esto es, el Tesoro de Covarrubias, la palabra éxito no aparece:

Y en el mapa de diccionarios que ofrece la RAE aparece la palabra desde el primero, esto es, el Diccionario de Autoridades, pero sólo con el significado de salida en sentido figurado.

Lo cierto es que no sé cuál es el origen en castellano de la palabra. Patrimonial no es desde luego ni parece proceder de un préstamo de otra lengua, porque nuestras lenguas más cercanas (francés, italiano y modernamente inglés) no lo usan. Quizás sea un cultismo introducido en algún momento con el significado que le da el Diccionario de Autoridades. ¿Cuándo? Tal vez a finales del siglo XVII o comienzos del siglo XVIII, puesto que el tomo que contiene la letra E salió en 1732.

Desde luego, me he quedado a cuadros cuando escribiendo este mensaje he hecho algunas consultas en internet para corroborar mis pensamientos y he llegado aquí:

(mensaje citado en revisión)

Pero ¿no hay nadie en esa fundación que siquiera se haya leído los primeros capítulos del El Quijote? Aunque vaya usted a saber si Cervantes en la intimidad hablaba inglés como Aznar catalán.
 
Me autocito de un hilo donde una rusita rubia de buen ver baila con un oso al lado. Cierto forero de origen ruso conocido por su amor a las cajas comentó que oso en ruso es miedvied, literalmente "el que come miel". Yo contesté que:

Es una palabra que viene de un tabú prehistórico, el de no nombrar a la "fiera feroz" por su auténtico nombre para no llamar al mal tiempo. Como pasa hoy en la India con el tigre, por el ejemplo. En lenguas germánicas tienes "El lobo de las abejas" (Beowulf*) y la "fiera/bestia" (Bear y similares)

*Sí, Wulf, wolf y tal (el que aulla) también viene de un tabú similar.


Añadir que, sobre el oso, también se le llamaba también elípticamente "el marrón". Hay una expresión que dice "es una bestia parda", ignoro si es una doble referencia de origen prehistórico o simplemente casualidad.

Y ya por último y para no cansar. En estos lares esa palabra de arriba equivalente a fiera se aplicó al lobo, y luego a su pariente domesticado. De forma que: Ber --> Per --> Perro --> Perrv (este último en burbujo)
[...] por estas cosas me hice forero de Burbuja hace tantos años. Mis días.
 
Lo de "Andalucía" también tiene su tela.

Viene de Al-Andalus, eso nos lo han contado a todos, pero...

Es que eso del Al-Andalus se lo pusieron por los Vándalos, pueblo germánico que habitaba las orillas del Báltico y terminó quedándose con el norte de África en el reparto del imperio romano.

Y para echarnos unas risas, viene de Wandjaz, que significa "vagabundo".

No voy a hacer el chiste fácil con los andaluces... Aunque lo piense.
Lo de "Andalucía" también tiene su tela.

Viene de Al-Andalus, eso nos lo han contado a todos, pero...

Es que eso del Al-Andalus se lo pusieron por los Vándalos, pueblo germánico que habitaba las orillas del Báltico y terminó quedándose con el norte de África en el reparto del imperio romano.

Y para echarnos unas risas, viene de Wandjaz, que significa "vagabundo".

No voy a hacer el chiste fácil con los andaluces... Aunque lo piense.
Podríamos también hacer chistes de vascos, pero mira tú por donde, acabaríamos cayendo en el mismo tipo de patidifuseces... Aunque lo piense. Que mal envejecen algunos post...
 
De nombrar la gloria al triunfo: la increíble historia de la palabra ‘éxito’

Lo que la historia de exitus enseña es que las palabras no son contenedores pasivos

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Pocas palabras ilustran tan bien como exitus sobre los imprevisibles caminos del lenguaje. En latín significaba salida, la puerta por la que se abandona un lugar, el final de un proceso, y también el desenlace de una existencia, es decir, la gloria. Fue una voz sin especial pedigrí, funcional y precisa, que cualquier romano usaba para hablar de la salida del foro, del fin de una batalla o del fin de una vida. Lo asombroso es que realizó uno de los viajes más prodigiosos que se pueden imaginar.

Encontramos el origen en el verbo latino exire, compuesto por el prefijo ex- ("fuera de", "desde") y el verbo ire ("ir"). De exire se formó el sustantivo exitus, -us, de la cuarta declinación, que designaba la acción o el resultado de salir: una salida, un desenlace, un fin. En los textos clásicos el sustantivo aparece con frecuencia en contextos graves. Cicerón lo usó para referirse al final de la vida; Tito Livio para el desenlace de las batallas; Séneca para la gloria como salida definitiva de los males del mundo. En el latín tardío y cristiano adquirió también el sentido de tránsito o paso al más allá que reforzó su carga fúnebre.

En su paso por el latín vulgar cambió de lugar el acento. Pasó de la artículación esdrújula /éxire/, a la llana /exíre/, que es la palabra que se fue modificando con los cambios que introdujeron los hablantes de las distintas lenguas romances. Ese traslado de acento fue habitual en las palabras latinas esdrújulas. En castellano medieval el verbo popular derivado fue exir, hoy desusado, pero presente en el Cantar de Mío Cid. En francés antiguo se tansformó en issir. En italiano uscire (antes escire) y en catalán eixir.


Pero ocurrió algo frecuente también con muchas otras palabras, y es que entró también a través del latín escrito como palabra culta con un significado fue fiel al original, salida, desenlace, resultado de algo. Los textos medievales y del Siglo de Oro usan éxito en frases como tuvo buen éxito o tuvo mal éxito, donde la palabra equivale simplemente a resultado, sin la carga positiva que tiene hoy. El giro se produjo a lo largo de los siglos XVII y XVIII, cuando el buen éxito empezó a abreviarse en éxito a secas, por un proceso llamado especialización semántica. Si la palabra siempre iba acompañada de bueno, poco a poco el adjetivo se hizo innecesario porque el sustantivo lo absorbió. Para el siglo XIX, éxito en español ya significaba resultado favorable, triunfo, logro. La salida se había convertido en victoria. El portugués êxito y el catalán èxit compartieron, tal vez por el estrecho contacto, ese sentido de triunfo o logro.

Mientras éxito entraba por la puerta culta de la escritura, exitus tomaba el camino popular del latín vulgar y daba lugar a ejido, una de las palabras más castizas de nuestra lengua. La evolución fonética es regular: del latín vulgar exītus al castellano antiguo exido, y de ahí a ejido por el cambio de la x palatal medieval al sonido velar moderno. El significado es perfectamente coherente con su etimología. Así fue como dio nombre al terreno comunal situado a la salida del pueblo, donde los vecinos reunían su ganado. Hoy también ha dado lugar al nombre de una ciudad, El Ejido, construida en el terreno comunal situado a la salida del pueblo almeriense de Dalías.

En México, el ejido adquirió una dimensión jurídica de enorme alcance al convertirse, con la Revolución, en la forma de propiedad social de la tierra. De ahí ejidal y ejidatario. El gallego conserva la forma eixido. Y en el habla popular de Andalucía sobrevive la contracción de el más ejido en lejío, con el artículo soldado al sustantivo y la pérdida de la -d- intervocálica. Pero su producción no se queda ahí. La tercera gran derivación es la más narrativa: forajido. La palabra es una contracción de la expresión medieval fora exido, literalmente ansioso afuera, que designaba al delincuente expulsado del pueblo o fugitivo fuera de los límites de la comunidad. El forajido era, etimológicamente, el que había ansioso del espacio protegido de la ley. Lo que une a éxito, ejido y forajido es precisamente la idea originaria de salida, el triunfo como salida favorable, el ejido como terreno a la salida del pueblo, el forajido como el que salió del amparo de la comunidad. Tres mundos distintos construidos sobre la misma imagen latina.

https://www.vozpopuli.com/historia/...a-increible-historia-de-la-palabra-exito.html
al hilo un poco offtopic de esto, me ha venido a la cabeza la expresión "la excepción que confirma la regla" viene de la expresión "exceptio probat regulam", que significa "la excepción pone a prueba la regla", lo cual tiene mucho más sentido y significa justo lo contrario.
 
Bonito, bonito... Una Sevilla aún más sucia y desorganizada pero sin Giraldillo.
Bonito me refiero al sinécdoque; la ciudad pues bueno, tiene algún rincón exótico, la plaza, la torre almorávide kutubia (si no recuerdo mal), un paseíllo gracioso por el bazar... pero sí, es una cochambrera más de ese país.
 
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Pocas palabras ilustran tan bien como exitus sobre los imprevisibles caminos del lenguaje. En latín significaba salida, la puerta por la que se abandona un lugar, el final de un proceso, y también el desenlace de una existencia, es decir, la gloria. Fue una voz sin especial pedigrí, funcional y precisa, que cualquier romano usaba para hablar de la salida del foro, del fin de una batalla o del fin de una vida. Lo asombroso es que realizó uno de los viajes más prodigiosos que se pueden imaginar.

Encontramos el origen en el verbo latino exire, compuesto por el prefijo ex- ("fuera de", "desde") y el verbo ire ("ir"). De exire se formó el sustantivo exitus, -us, de la cuarta declinación, que designaba la acción o el resultado de salir: una salida, un desenlace, un fin. En los textos clásicos el sustantivo aparece con frecuencia en contextos graves. Cicerón lo usó para referirse al final de la vida; Tito Livio para el desenlace de las batallas; Séneca para la gloria como salida definitiva de los males del mundo. En el latín tardío y cristiano adquirió también el sentido de tránsito o paso al más allá que reforzó su carga fúnebre.

En su paso por el latín vulgar cambió de lugar el acento. Pasó de la artículación esdrújula /éxire/, a la llana /exíre/, que es la palabra que se fue modificando con los cambios que introdujeron los hablantes de las distintas lenguas romances. Ese traslado de acento fue habitual en las palabras latinas esdrújulas. En castellano medieval el verbo popular derivado fue exir, hoy desusado, pero presente en el Cantar de Mío Cid. En francés antiguo se tansformó en issir. En italiano uscire (antes escire) y en catalán eixir.


Pero ocurrió algo frecuente también con muchas otras palabras, y es que entró también a través del latín escrito como palabra culta con un significado fue fiel al original, salida, desenlace, resultado de algo. Los textos medievales y del Siglo de Oro usan éxito en frases como tuvo buen éxito o tuvo mal éxito, donde la palabra equivale simplemente a resultado, sin la carga positiva que tiene hoy. El giro se produjo a lo largo de los siglos XVII y XVIII, cuando el buen éxito empezó a abreviarse en éxito a secas, por un proceso llamado especialización semántica. Si la palabra siempre iba acompañada de bueno, poco a poco el adjetivo se hizo innecesario porque el sustantivo lo absorbió. Para el siglo XIX, éxito en español ya significaba resultado favorable, triunfo, logro. La salida se había convertido en victoria. El portugués êxito y el catalán èxit compartieron, tal vez por el estrecho contacto, ese sentido de triunfo o logro.

Mientras éxito entraba por la puerta culta de la escritura, exitus tomaba el camino popular del latín vulgar y daba lugar a ejido, una de las palabras más castizas de nuestra lengua. La evolución fonética es regular: del latín vulgar exītus al castellano antiguo exido, y de ahí a ejido por el cambio de la x palatal medieval al sonido velar moderno. El significado es perfectamente coherente con su etimología. Así fue como dio nombre al terreno comunal situado a la salida del pueblo, donde los vecinos reunían su ganado. Hoy también ha dado lugar al nombre de una ciudad, El Ejido, construida en el terreno comunal situado a la salida del pueblo almeriense de Dalías.

En México, el ejido adquirió una dimensión jurídica de enorme alcance al convertirse, con la Revolución, en la forma de propiedad social de la tierra. De ahí ejidal y ejidatario. El gallego conserva la forma eixido. Y en el habla popular de Andalucía sobrevive la contracción de el más ejido en lejío, con el artículo soldado al sustantivo y la pérdida de la -d- intervocálica. Pero su producción no se queda ahí. La tercera gran derivación es la más narrativa: forajido. La palabra es una contracción de la expresión medieval fora exido, literalmente ansioso afuera, que designaba al delincuente expulsado del pueblo o fugitivo fuera de los límites de la comunidad. El forajido era, etimológicamente, el que había ansioso del espacio protegido de la ley. Lo que une a éxito, ejido y forajido es precisamente la idea originaria de salida, el triunfo como salida favorable, el ejido como terreno a la salida del pueblo, el forajido como el que salió del amparo de la comunidad. Tres mundos distintos construidos sobre la misma imagen latina.

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Supongo que pasó lo mismo con el inglés success. De buen suceso a suceso sin más.
 
al hilo un poco offtopic de esto, me ha venido a la cabeza la expresión "la excepción que confirma la regla" viene de la expresión "exceptio probat regulam", que significa "la excepción pone a prueba la regla", lo cual tiene mucho más sentido y significa justo lo contrario.
Es curioso que "probar" tenga dos significados tan distintos (casi contradictorios) como demostrar y poner a prueba.
 

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