15.000€ al mes de pensión: el divorcio que devora a un futbolista
¿Puede un acuerdo firmado durante una depresión arruinar a un exfutbolista durante los próximos dieciocho años? Ese es el nudo del caso que enfrenta a Jota Peleteiro con Jessica Bueno: una pensión de manutención de
15.000 euros mensuales para ella y los hijos, pactada en un acuerdo previo que él ahora impugna alegando que la firmó en pleno bajón anímico. La cifra, 180.000 euros al año, ha puesto patas arriba cualquier conversación sobre derecho de familia y pensiones compensatorias en España.
El asunto llega en un momento en que la pensión compensatoria —esa figura que busca equilibrar el nivel de vida tras un
divorcio— está siendo cuestionada desde varios flancos. Hay quien defiende que un acuerdo es un acuerdo y quien sostiene que el sistema convierte el matrimonio en un contrato de alto riesgo para quien más gana. El caso Peleteiro es la versión extrema de ese debate.
Qué es la pensión compensatoria y por qué se paga
La pensión compensatoria no es lo mismo que la manutención de los hijos. Es una cantidad que un cónyuge paga al otro cuando el divorcio le provoca un desequilibrio económico respecto a la situación que tenía durante el matrimonio. La lógica: si uno de los dos renunció a su carrera o nunca la desarrolló porque el otro aportaba los ingresos, ese desequilibrio se compensa.
El problema es que en la práctica esa figura se ha convertido en una fuente de conflictos interminables.
Según un participante en el debate, un amigo suyo se divorció el año pasado y tiene pensión compensatoria durante un par de años; otra persona cercana la tiene también temporal. Son casos que muestran que la temporalidad existe, pero depende del criterio del juez.
Ahí está el quid: no hay una regla fija. La duración y la cuantía quedan a interpretación judicial, lo que genera una inseguridad jurídica que afecta a ambas partes. Quien paga no sabe cuándo dejará de pagar; quien cobra no sabe si podrá mantener el nivel de vida.
El cálculo que descoloca: 3,24 millones en 18 años
Si la pensión se mantiene hasta que el hijo menor cumpla los 18 años, el total asciende a
3.240.000 euros. Un cálculo que circula en el debate lo desglosa de forma provocadora: suponiendo 100 relaciones sexuales durante el matrimonio, cada una habría costado 32.400 euros. Si fueron 324, la cifra baja a 10.000 euros por encuentro. El ejercicio es burdo, pero ilustra la magnitud del compromiso económico.
La cuestión de fondo es si ese tipo de acuerdos son proporcionados. Un futbolista de primera división puede ganar mucho durante su carrera, pero su vida laboral es corta. La mayoría se retira antes de los 35. Si la pensión se extiende durante casi dos décadas, el dinero tiene que salir de algún sitio.
Hay quien sostiene que un patrimonio bien gestionado genera rendimientos suficientes:
10 millones invertidos al 4% producen 400.000 euros anuales, más que suficiente para cubrir la pensión. El escenario pesimista parte de que no todos los futbolistas tienen esa disciplina financiera.
El patrimonio del exfutbolista: ¿realidad o humo?
Uno de los puntos más discutidos es la supuesta fortuna de Peleteiro. Se habla de un patrimonio que
superaría los 700 millones de euros en 2025, construido a través de cinco empresas en activo tras dejar el fútbol. La cifra procede de informaciones que él mismo habría difundido, según se apunta en el debate.
La duda es razonable. ¿Qué hay detrás de esa valoración? Se menciona una aplicación conectada a un sensor de tierra, creada hace dos años, como principal activo. Para algunos, es imposible que eso valga 750 millones. Para otros, el dato es irrelevante: si tiene dinero, que pague; si no lo tiene, que lo demuestre en juicio.
La discusión sobre el patrimonio importa porque condiciona la pensión. Si los ingresos del exfutbolista caen tras la retirada, la pensión puede revisarse. Pero si el acuerdo ya está firmado, la revisión no es automática.
El debate social: ¿mantener el nivel de vida o trabajar?
Más allá del caso concreto, el asunto conecta con una discusión más amplia: ¿debe una persona pagar para que su expareja mantenga el nivel de vida que tenía durante el matrimonio? Hay quien lo ve como una injusticia:
«en pleno 2025 tener que pasar años y años de dinerales para mantener un nivel de vida» es, para muchos, un sinsentido.
La postura contraria también tiene recorrido: si alguien renunció a su carrera para cuidar de los hijos o acompañar al cónyuge en sus desplazamientos, ese sacrificio tiene un coste económico que debe compensarse. El problema es determinar cuánto tiempo y cuánto dinero.
En el caso de Peleteiro, la discusión se complica porque él alega que firmó el acuerdo durante una depresión. Si el juez acepta ese argumento, el acuerdo podría anularse o modificarse. Si no, tendrá que pagar.
Lo que está en juego para el futuro
El caso sigue en los tribunales. No hay sentencia firme. Lo que sí hay es un precedente incómodo: acuerdos de divorcio firmados en momentos de vulnerabilidad emocional pueden convertirse en trampas financieras de por vida.
La lección práctica es clara: quien se casa con alguien con ingresos muy superiores debería pensarlo dos veces antes de firmar cualquier acuerdo sin asesoramiento independiente. Y quien gana mucho debería saber que el matrimonio, en España, puede costarle más que cualquier inversión fallida.
Al final, la pregunta no es si 15.000 euros al mes son muchos o pocos. La pregunta es si el sistema está diseñado para proteger a la parte débil o para castigar a la parte rica. Y la respuesta, como casi siempre, depende de a quién le preguntes.