El IPC se modera al 2,3% mientras la cesta sube un 10%
La inflación oficial se moderó al 2,3% anual en marzo. En el mismo periodo, la cesta de la compra se encareció alrededor de un 10% en un solo supermercado. La contradicción entre el dato del INE y lo que cada español paga en la caja no es un error de cálculo: es la consecuencia de cómo se construye el índice y de lo que deja fuera.
El desfase no es nuevo. La inflación oficial lleva años siendo cuestionada por quien hace la compra a diario. El café en cápsulas pasó de 3,6 a 3,95 euros en cuestión de semanas. El cacao puro subió cerca de un euro. Los huevos, un 20-30% en los últimos años. Ninguno de esos productos aparece con ese peso en el titular del 2,3%.
Qué mide realmente el IPC y qué deja fuera
El IPC mide la variación media de una cesta de bienes y servicios representativa del consumo de los hogares. El problema es doble: la cesta se actualiza con retraso y la reducción de cantidad por envase no se computa como subida. Si una bandeja de pechugas trae seis piezas en lugar de ocho y mantiene el precio, para el índice la inflación es cero. Para el comprador, el kilo ha subido un 33%.
Ese fenómeno, conocido como reduflación, es una de las críticas más repetidas. El índice tampoco recoge con precisión el efecto de sustituir productos: cuando la proteína animal se encarece y el consumidor pasa a pan, pasta o arroz, la cesta teórica sigue incluyendo la carne. El resultado es un dato que refleja una cesta que ya no es la que se compra.
Por qué el dato baja si el supermercado sube
La moderación del 2,3% se explica en parte por componentes que no se compran a diario. La gasolina y la electricidad bajaron respecto al año anterior, y su peso en el índice es alto. También influye el efecto calendario: la Semana Santa cayó en fechas distintas, lo que desplaza el pico de precios de combustibles y turismo de un mes a otro.
El resultado es una foto que puede ser técnicamente correcta y socialmente engañosa. La alimentación acumula subidas muy superiores al índice general en los últimos años. Un cálculo que circula entre los compradores sitúa el encarecimiento real de la cesta básica muy por encima del 2,3% oficial, aunque no existe una medición alternativa con el mismo respaldo estadístico.
El café, los huevos y el aceite: los termómetros informales
El café se ha convertido en el indicador oficioso de la inflación. Un paquete que costaba 2,19 euros en otoño pasó a 2,50 en Navidades y a 2,99 después. Marcas que antes se consideraban premium ahora cuestan poco más que las básicas, lo que empuja al consumidor a subir de gama sin ahorrar. El aceite de oliva y los huevos han seguido una trayectoria similar, con subidas que en algunos casos alcanzan el 100% en pocos años.
El cacao es otro caso. Las malas cosechas explican parte del encarecimiento, igual que ocurrió con el aceite. La diferencia es que el cacao no tiene sustituto barato y su subida se traslada directamente al lineal. Quien compraba una tableta por dos euros ahora paga tres.
La brecha entre el sueldo y la caja del supermercado
El problema no es solo el precio. Es la relación entre lo que sube la compra y lo que sube el salario. Hay quien lleva veinte años cobrando prácticamente lo mismo mientras la cesta se ha duplicado. El sector privado ha visto cómo sus nóminas se estancaban mientras el gasto corriente crecía sin pausa. Los precios de los alimentos son similares en toda España, pero los sueldos no.
La percepción de que el dato oficial no cuadra con la realidad tiene una consecuencia política: erosiona la confianza en las estadísticas. Si el índice dice 2,3% y la caja dice 10%, el ciudadano deja de creer en el primero. Y cuando eso ocurre, cualquier cifra posterior se recibe con escepticismo, aunque sea correcta.
Alternativas al supermercado de siempre
La respuesta práctica de muchos compradores ha sido cambiar de establecimiento. Las cadenas de descuento y los formatos de cash and carry ofrecen diferencias notables en la misma compra. Un carro de 48 euros en un supermercado barato puede costar 56 en el de siempre. La diferencia, repetida cada semana, compensa el desplazamiento.
También se ha extendido la compra directa en polígonos industriales, donde algunos cash permiten el acceso a consumidores finales. El ahorro en productos básicos puede ser significativo. No es una solución estructural, pero alivia el mes.
Al final, la pregunta no es si el 2,3% es verdad. Es si alguien cree que lo es. Y la respuesta, cada vez que se pasa por caja, es que no.