Un gráfico viral sitúa a España líder mundial en sexo
Un gráfico viral sitúa a España como el país del mundo donde más sexo se practica, por delante de
Italia, Suiza, Polonia y Grecia. El dato, difundido por una cuenta de estadísticas en redes, ha desatado una ola de escepticismo inmediato: la primera reacción mayoritaria no fue celebrar el supuesto liderazgo, sino buscarle la trampa. Y la trampa, según el consenso que se fue formando, tiene nombre:
encuestas.
La tesis dominante es que el ranking no mide lo que se practica, sino lo que se declara. «Ese tipo de encuestas se hacen preguntando. De lo que seremos líderes en tal caso, es de mentir en las encuestas», resume una de las intervenciones más repetidas. La sospecha no es nueva: es el viejo problema del
sesgo de deseabilidad social, ese fenómeno por el que la gente responde lo que queda bien y no lo que hace.
Qué dice el ranking y por qué se cuestiona
El listado coloca a España en el primer puesto, seguida de Italia, Suiza, Polonia, Grecia, México, Brasil, China, Alemania y Rusia. Portugal, Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Malasia y Bélgica completan los puestos siguientes. Ninguna fuente metodológica acompaña al gráfico, lo que alimenta las dudas sobre cómo se construyó.
La comparación con otros países es el argumento más socorrido para desmontarlo. «Seguro que más que en Brasil o Colombia. Segurísimo vamos», ironiza un participante, dando por hecho que la realidad latinoamericana desborda cualquier estadística europea. Otro apunta directamente al sesgo de la muestra: «Quizás lo dicen por los turistas de fiesta y eso».
Hay incluso quien le da la vuelta al dato con un ejemplo estadístico clásico: «Cuando Bill Gates entra en un bar, en promedio son todos millonarios». La media, viene a decir, no describe a nadie.
El argumento demográfico: quién practica y con quién
Una parte del análisis sostiene que el ranking mide mal porque no distingue entre residentes y visitantes. «El problema es que no son españoles los que lo practican», apunta una intervención, en referencia al turismo. Otra lo formula en clave de composición demográfica: «Teniendo la mitad de ese continente dentro, así como África e industán, y que follar es follar, consentimiento o no, se entiende que subamos unos cuantos puntos».
El corolario de esa línea es incómodo: si el dato sube, sostienen, no es por lo que se hace dentro de las casas, sino por lo que ocurre en la calle y en la economía sumergida del ocio nocturno. «País de pvtas y camareros, no se podía de saber», resume una intervención que mezcla hostelería, turismo y mercado laboral en una sola frase.
La queja de fondo: el mercado sexual español
Debajo del chiste hay un diagnóstico repetido: el acceso a relaciones en España se percibe como más difícil que en otros países comparables. «Españolas, italianas y argentinas son de las mujeres más difíciles de conquistar del mundo», sostiene una intervención. Otra lo desarrolla desde la experiencia: «Hace años hablé con uno que estuvo en Brasil trabajando un tiempo. Me dijo que allí follar era algo normal. En España es como una proeza».
El relato se apoya en comparaciones con Francia o Reino Unido, donde varios participantes dicen haber tenido más facilidades. Y en una queja generacional: «Es una vergüenza que tíos de 30 años se follen a viejas de 55 y encima creen que son afortunados».
El fantasma estadístico: todos follan mucho, nadie folla
El argumento más repetido apunta a la brecha entre lo declarado y lo vivido. «Casi todos los solteros que conozco dicen follar casi como Nacho Vidal y que por eso están felizmente solteros. Luego te enteras que llevan muchos de ellos años con telarañas», cuenta un participante. La conclusión que se impone: si la media sale alta, es porque unos pocos concentran la actividad y muchos exageran.
De ahí la broma recurrente: «Sabiendo lo que follo yo, debe haber unos pocos que están follando 7 veces al día». La estadística, otra vez, como espejo roto.
La hipótesis que nadie descarta: la mentira sistemática
La explicación más citada no es sociológica, sino metodológica. «Que tenemos más sexo no sé, pero que somos los que más mentimos en encuestas seguro», zanja una intervención. Otra lo atribuye a un problema de traducción: «Creo que es una mala traducción al inglés de 'el país donde más nos joden'».
El escepticismo se extiende al propio emisor del gráfico. «Es el mismo grupo de X que dice que los españoles son los 10º más inteligentes del mundo», señala un participante, poniendo en duda la credibilidad de la cuenta. Y un tercero despacha el asunto con una comparación demoledora: «A los estudios, encuestas y demás basura que propaga el periodismo les hago el mismo caso que al horóscopo de la semana».
Con estos mimbres, el ranking queda en tierra de nadie. El dato existe, circula y se comparte. La explicación, no. Y la pregunta de fondo —si España folla mucho o solo lo cuenta muy bien— sigue sin respuesta.