Pues eso. Muy bonito ese país, muy clásico todo, mucho monumento, mucha reaccionarioda, muchas dobles ventanas y muy cuco todo. Pero sus aeropuertos dejan mucho que desear. Y sus ciudades, incluidas las más nórdicas y rimbombantes, están bastante descuidadas quitando determinadas calles principales. Incluso calles y barrios residenciales normales, se ven los suelos deteriorados, todo bastante descuidado y viejo.
He estado unos días por la zona norte, y francamente, al llegar al aeropuerto de Alicante era como llegar a un sitio futurista después de venir de un lugar mucho menos desarrollado. Incluso al llegar luego al centro de Alicante y andar por las calles, también se respiraba un ambiente de primer mundo brutal con respecto a lo viejo y estropeado que tienen allí todo.
Empiezo a entender que haya italianos en masa viniéndose a vivir a VLC-ALC, si ves que la otra orilla del mar está infinitamente más desarrollada.
Lo único que sí que tienen ellos que es sorprendentemente superior son SUS TRENES. Es brutal, hasta los regionales. Qué ultramodernos, qué bonitos, qué limpios, qué cómodos. No solo los asientos, también el propio trayecto, parecía que flotabas sobre mantequilla. Silencio total, ni un bache, ni un ruido, ni una vibración.
Luego vienes aquí y los cercanías ALC-MUR o la línea del Vinalopó, dejan mucho que desear. Viejos, de gasoil, llenos de suciedad, olor a quemado, asientos con olor a suciedad.
He estado unos días por la zona norte, y francamente, al llegar al aeropuerto de Alicante era como llegar a un sitio futurista después de venir de un lugar mucho menos desarrollado. Incluso al llegar luego al centro de Alicante y andar por las calles, también se respiraba un ambiente de primer mundo brutal con respecto a lo viejo y estropeado que tienen allí todo.
Empiezo a entender que haya italianos en masa viniéndose a vivir a VLC-ALC, si ves que la otra orilla del mar está infinitamente más desarrollada.
Lo único que sí que tienen ellos que es sorprendentemente superior son SUS TRENES. Es brutal, hasta los regionales. Qué ultramodernos, qué bonitos, qué limpios, qué cómodos. No solo los asientos, también el propio trayecto, parecía que flotabas sobre mantequilla. Silencio total, ni un bache, ni un ruido, ni una vibración.
Luego vienes aquí y los cercanías ALC-MUR o la línea del Vinalopó, dejan mucho que desear. Viejos, de gasoil, llenos de suciedad, olor a quemado, asientos con olor a suciedad.