Cataluña sin mayoría: la aritmética que dispara a Aliança Catalana
Según se apunta en el debate, en Ripoll Aliança Catalana gobierna con mayoría simple y sin socios que le sostengan la silla. Ese es el precedente que sobrevuela cada proyección de escaños para el Parlament de Cataluña. Porque el problema ya no es quién gana: con los números que circulan,
nadie reúne los 68 escaños que exige la mayoría absoluta.
El asunto se ha instalado en un terreno incómodo: encuestas, reparto de escaños y bloques que no encajan. Y en medio del barullo, un partido que hace nada parecía marginal aparece en algunas quinielas como
primera fuerza política de Cataluña. De momento eso es una proyección, no un resultado.
¿Qué proyecciones de escaños se manejan ahora mismo?
Las cifras que se repiten son llamativas: el PSC
por debajo de 35 escaños y Aliança Catalana
por encima de 25. Hay quien da por hecho que, si el partido de Sílvia Orriols queda segundo empatado con los socialistas, en realidad le saca «hasta 5 escaños», un margen que decidiría quién tiene la iniciativa política.
También hay escepticismo. Hay quien califica esos registros de «muy bestias» y sospecha que la proyección del partido emergente está hinchada, frente a un Junts al que, sostienen, las encuestas catalanas han infrarrepresentado históricamente.
¿Por qué nadie consigue los 68 escaños?
El umbral de la mayoría absoluta en el Parlament es de 68 diputados. Ahí se atasca todo. Una de las combinaciones que se ponen sobre la mesa —PSC, ERC y Junts—
se queda en 60 según uno de los recuentos que circulan. Ocho por debajo. No sirve.
La geometría catalana ya no responde a dos bloques, sino a tres: el no independentista, el independentismo que pacta con el Estado y el independentismo de perfil duro. Ninguno alcanza la mayoría por sí solo, y los dos que pierden tienen incentivos para bloquear al que gana. El diagnóstico que más se repite es tajante:
es imposible formar gobierno.
¿De dónde salen los votos de Aliança Catalana?
Aquí está una de las claves del debate. Circula una estimación que atribuye
a Junts el 70% de los sufragios de Aliança Catalana y reparte el 30% restante entre ERC y algo del PSC. La tesis de que Vox alimente al partido de Orriols se descarta con un argumento simple: son la antítesis en casi todo.
Otra cosa son las generales. Si Aliança Catalana no se presenta a las elecciones al Congreso, hay quien anticipa un voto dual AC-Vox al menos en Barcelona y Tarragona. Un trasvase que, de producirse, descolocaría a más de un aparato.
¿Se puede gobernar con mayoría simple?
Sí. Cuando no hay mayoría absoluta, la abstención vale tanto como un sí. En Ripoll ya se ha visto: Aliança Catalana manda sin pacto formal. Basta con que los demás no se pongan de acuerdo para investir a otro, y el escenario se reproduce en el Parlament:
Sílvia Orriols gobernando con mayoría simple si Junts decide no mover ficha.
Las alternativas que se barajan tampoco tranquilizan a todos. Una suma de PSC, ERC, CUP y Comuns mantendría el gobierno actual, con quien lo resume como «cuatro años más». Y los que imaginan un tripartito con Aliança Catalana, Junts y ERC lo ven más como hipótesis que como plan con números. Nadie firma lo que no suma.
El trasfondo migratorio y el desgaste del nacionalismo clásico
Por debajo de la aritmética late el asunto migratorio. En el Parlament se votó una propuesta de Vox en materia de inmigración y reparto de menores no acompañados, y desde algunos sectores se subraya que varios grupos no la respaldaron. El asunto, conviene decirlo, es objeto de disputa política, no un terreno con respuestas cerradas.
Hay una lectura más fría que circula: el desgaste del nacionalismo clásico no lo provoca Aliança Catalana, lo acelera. Junts quedaría atrapado entre el discurso duro que le copian por un lado y el pragmatismo de ERC por otro. Es la posición incómoda de los partidos a los que una polarización extrema castiga por ambos flancos, y que acaban siendo más desestabilizadores que decisivos.
Con esta aritmética, el partido más votado puede quedarse mirando. La clave no es ganar, es sumar 68, un listón que hoy nadie toca.