España con más agua embalsada que en años, Cataluña con restricciones
Mientras los embalses españoles acumulan un 30% más de agua que el año pasado, Cataluña mantiene restricciones con el mismo nivel hídrico que en 2022. Los datos oficiales muestran una contradicción que alimenta el escepticismo sobre el relato de sequía.
El 11 de diciembre de 2023, los embalses nacionales almacenaban 25.621 hm³, un 45,72% de su capacidad, frente a los 20.021 hm³ del mismo periodo de 2022. En Cataluña, la situación es idéntica: 789 hm³, un 40,46%, prácticamente igual que los 802 hm³ del año anterior. La lluvia acumulada en el año hidrológico hasta el 21 de noviembre supera en un 15% la media histórica, y el año ha sido el más húmedo en años, con 612,2 millones de hm³ de precipitación frente a 508 millones del año pasado.
¿Por qué hay más agua embalsada pero se mantienen las restricciones?
La paradoja es evidente. Con más agua que el año pasado, el Gobierno catalán prevé decretar la emergencia por sequía en enero, con un tope de 200 litros por habitante y día. Hay quien sostiene que las restricciones responden a una agenda política, no a una escasez real. El conseller de Acción Climática, David Mascort, ha concretado que la medida se debe a la bajada del 16% de los embalses, aunque los datos muestran que el nivel es similar al de 2022. En el resto de España, la situación es aún más llamativa: algunas zonas han recibido tal cantidad de lluvia que ni desembalsando consiguen bajar los niveles.
La sequía, al parecer, es selectiva.
El mapa de la sequía: ¿dónde está realmente?
La línea de la sequía estructural va desde Badajoz a La Sagra, de ahí a Valencia y sale por el interior de Cataluña. Por encima de esa línea, no hay sequía estructural; por debajo, el apocalipsis. Es más de medio país, y las zonas agrícolas más valiosas. La inflación diferencial en España se atribuye en parte a esta sequía, que vía alimentación se contagiará a Europa. En unos meses, se esperan restricciones en media España. Mientras, en Galicia, Cantábrico interior y Ebro, no pueden dejar que los embalses suban más porque viene un temporal fuerte y se las ven putas para evitar inundaciones. Esas cuencas nunca podrán estar más allá del 80% en estas fechas.
El agua sobra en unos sitios y falta en otros.
El negocio eléctrico del agua: ¿desembalses para generar hidráulica?
Una parte del debate apunta a que los desembalses no responden a la sequía, sino a la generación de energía hidráulica. Muchos días entre un 30% y un 25% de la energía eléctrica generada es hidráulica. La tecnología de bombeo permite almacenar energía subiendo agua al embalse superior durante la noche, cuando hay excedentes eólicos. Pero hay quien duda de que se esté haciendo: «¿Subes el agua con bombas que gastan más energía que la generada?», se pregunta. El cálculo completo, desglosado partida a partida, da una diferencia que sorprende. La realidad es que el agua se suelta para producir electricidad, y eso baja los niveles.
El trasvase del Ebro: la herida abierta
La negativa de Cataluña al trasvase del Ebro sigue coleando. Una parte de los participantes sostiene que los catalanes se opusieron al plan hidrológico nacional porque querían toda el agua para ellos, y ahora se enfrentan a restricciones. Otros recuerdan que el 80% del agua lo consume el regadío y lo que se vacía para vender hidráulica al precio más caro del pool energético. La discusión deriva en ataques y generalizaciones, pero el trasfondo es claro: la gestión del agua es un pulso político.
Mientras, en Marruecos no faltará agua, ironizan algunos, aunque la realidad es que allí también se secan los olivos.
¿Qué pasa con las lluvias y el cambio climático?
Las lluvias han sido cíclicas toda la vida. Si llueve más una estación, la siguiente llueve menos. El problema es que cuando pasan dos meses sin llover, empieza la retaila y los imbéciles asientan. Al poco empieza a llover y los imbéciles a sus cosas. Este año, en el interior de España, se han cogido setas sin parar desde junio, con amanita cesarea y boletus, tras unas lluvias que se cargaron la cosecha de aceituna. Septiembre fue muy lluvioso y desde entonces se han cogido niskalos, boletus edulis y setas de cardo.
Un año histórico, dicen. Pero la agenda climática sigue su curso.
El relato oficial frente a los datos
La conclusión es incómoda. Los datos de embalses y precipitaciones contradicen el relato de sequía extrema. Hay quien sostiene que todo es una excusa para subir impuestos y restringir derechos. Otros defienden que la sequía es real en ciertas zonas y que la gestión debe adaptarse. Lo que está claro es que la información oficial no cuadra con lo que muchos ven en el campo. ¿A quién creer?