Sequía: el Ebro, el trasvase y el agua que va al mar
¿Cómo se explica que un territorio que arrastra restricciones por sequía vea pasar de largo el agua que necesita? La paradoja se resume en una idea repetida en un mensaje que circula —si se deja que el Ebro entregue todo su caudal al mar para luego desalar, o hay incompetencia o hay negocio— y en un dato incómodo: el
canon del agua subirá casi un 30% para usos domésticos en Cataluña, según La Vanguardia.
¿Por qué el Ebro vierte al mar agua aprovechable?
Porque no existe infraestructura que retenga ese caudal y porque desviarlo choca con dos obstáculos: el ecosistema y la física. La defensa del statu quo es rotunda: la
Confederación Hidrográfica del Ebro es, según sus defensores, la primera confederación hidrográfica del mundo, el río figura entre los más regulados del planeta y esa agua es necesaria para mantener el Delta y los ecosistemas fluviales y marítimos. Es, vienen a decir, el
ciclo del agua. Quien crea que los peces y el arroz se fabrican en el supermercado debería repasar el temario.
El contraargumento técnico no es menor: el trasvase sería inviable porque el agua que llega al punto de toma es escasa y con alta salinidad la mayor parte del año. Ese caudal arruinaría los cítricos y la huerta levantina. Y el río baja así, con esos picos, un par de veces al año. Lo demás es
run run.
El trasvase que ya existe y no ha llevado ni un litro
Hay una canalización con sus correspondientes motores desde Tortosa hasta Castellón de la Plana, terminada desde hace años, que, según un participante en el debate, no ha trasvasado ni un litro de agua del río. El motivo que se señala es la oposición de la Generalitat de Catalunya. La explicación que se da desde el otro lado es más prosaica: no se querría el agua
española, ni aun a costa de restricciones, agricultura arruinada y desalación energéticamente cara.
La historia local tampoco ayuda. Los ingenieros propusieron trasvasar agua del Ebro a Barcelona y desde Tarragona se respondió que se prefería ver el agua irse al mar antes que cedérsela a la capital. Solidaridad entre vecinos, se llama. Y sobrevolando todo, la sospecha de siempre: que si no hay plan hidrológico es porque hay
maletines y comisiones, una acusación que se lanza sin pruebas y que conviene leer como lo que es, desconfianza difusa hacia la clase política.
Balsas, hidrobombas y un kilómetro de árboles a cada orilla
Las propuestas técnicas se acumulan. Almacenar agua con hidrobombas, canales de trasbalse, balsas y estanques artificiales que funcionen a modo de batería hidroeléctrica. Replantar un cinturón de árboles de al menos
1 km a cada lado del río para que retenga la lluvia y la vaya soltando poco a poco, porque el cauce, sin vegetación de ribera, se comporta como un tejado en día de tormenta. Y una advertencia que rebaja el entusiasmo: los embalses evaporan mucho con el calor español, así que no son la panacea. El cálculo del aprovechamiento energético del salto final, con caudal, gravedad y un rendimiento estimado por quien lo planteó del
70%, da para un ejercicio que no cabe aquí.
¿Quién paga la sequía: canon, regadío y desalación?
La subida del canon del agua de casi el 30% para uso doméstico ha encendido a quienes ya pagaban. Frente a ella, la sospecha de que el agua es un negocio y de que la escasez se cultiva para que suba el precio. Canal de Isabel II cotizando en el IBEX, se llega a decir. Hay quien no acepta ni un euro público para regar lechugas en el desierto y comprarlas después más caras. Y quien recuerda que no se puede pedir un trasvase mientras se riega a manta en la Comunidad Valenciana.
¿Se puede almacenar el agua que sobra cuando nadie la necesita?
Aquí aparece el problema de fondo: cuando hay exceso de agua y va al mar, nadie la reclama; cuando se proyecta un trasvase, surgen las suspicacias, porque la escasez suele coincidir en todas las cuencas a la vez. También hay quien señala que estos artículos sobre el Ebro aparecen justo cuando es el Guadalquivir el que está vertiendo caudal, y quien recuerda que las lluvias baten récords en el Pirineo de Lleida tras dos años bajo mínimos. La sequía no es lineal: se reparte mal.
Plan Hidrológico Nacional: la obra que nunca se ejecutó
El hilo conductor de casi todo es el mismo: el
Plan Hidrológico Nacional que no se llevó a cabo cuando había dinero para hacerlo. Con trasvases entre cuencas y canalizaciones sin pérdidas por el mal estado de las redes, se sostiene que habría agua para dos décadas, regadío incluido. En su lugar, se apunta al gasto en otras partidas y a los vetos políticos de la época, con nombres propios en el punto de mira. Mientras, las infraestructuras existentes se caen por falta de inversión y mantenimiento. Y el verano llega cada vez antes.
El agua seguirá llegando al mar. El ciclo del agua no negocia. La única obra que avanza sin presupuesto es la del reproche.