Rusia abandona Jersón un mes después de declararla suya
La retirada rusa de Jersón entrega al enemigo una ciudad que Moscú había declarado parte de su propio territorio semanas antes. El repliegue a la orilla izquierda del Dniéper, presentado por sus defensores como decisión del mando militar, deja en manos ucranianas la capital de la región que Rusia acababa de incorporar a su federación tras un referéndum. La pregunta que recorre el asunto no es si se ha perdido una ciudad, sino si eso equivale a una humillación o a una maniobra para salvar el ejército.
¿Qué se juega Rusia al dejar Jersón?
La plaza no es cualquiera. Hubo quien la señala como el primer punto que las tropas rusas tomaron al arrancar el conflicto, y su valor no es simbólico: domina el acceso terrestre hacia Odesa y controla el agua que llega a Crimea. El argumento de fondo es que perder ese lado del río debilita el objetivo de dejar a Ucrania sin salida al mar y entrega el control de presas clave.
Frente a esa lectura, la defensa del repliegue insiste en que el terreno al norte del Dniéper es
difícil de sostener. Con el río como barrera natural y las infraestructuras ya dañadas, mantener posiciones durante el invierno se antoja un ejercicio de desgaste. Hay quien sostiene que las fuerzas rusas sólo se replegaron porque veían ventaja en hacerlo: evitar una sangría o reorganizar el frente.
«Una retirada a tiempo es una victoria»: el relato que niega la derrota
Aquí está el eje del desacuerdo. Una parte del análisis defiende que si el mando militar ha decidido el repliegue es porque conoce mejor que nadie la situación real de sus tropas. Bajo esa lógica, una retirada ordenada supera a un colapso: lo grave habría sido un escenario tipo Jarkov o Izium, con los ucranianos atacando, las líneas rusas desmoronándose y material intacto cayendo en manos del adversario.
El otro bloque no compra el marco. Sostiene que el repliegue se está produciendo igualmente de forma caótica, que el territorio sigue siendo ucraniano y que afirmar lo contrario —aunque se emita por televisión— no convierte una zona en rusa. La crítica resume el episodio en una frase incómoda:
no es que se hayan ido, es que nunca debieron declararlo suyo.
Anexionar un territorio y abandonarlo semanas después
El calendario delata la tensión. Rusia escenificó una anexión con todo su ritual, incorporó la región a la federación y, poco después, la entregó sin dar batalla por su capital. Para los más críticos, eso no es una retirada táctica, es una humillación de mayor calado que si no hubieran anexionado nada: no se pierde una ciudad conquistada, se pierde una que ya contaban como propia.
Los intentos de rebajar la importancia de Jersón no resistieron la comparación interna. Fue lo primero que invadieron. En cambio, decenas de pueblos del interior del Donbás, que muchos ni conocían antes del conflicto, se presentan ahora como vitales. El relato cambia según lo que toque defender.
Los precedentes: Polonia 1920 y Finlandia 1941
La memoria histórica se usó en ambos sentidos. Frente a la idea de que Moscú nunca había vivido algo así, varios mensajes recuperan precedentes donde la humillación fue mayor. En 1920, no pactar a tiempo la cesión de Polonia y Lituania costó repúblicas bálticas, Bielorrusia y toda Ucrania en apenas once días de ofensiva, según uno de esos mensajes. En 1941, el pulso con Finlandia añadió otro capítulo amargo. Y Afganistán cerró la lista con un ejército que acabó rindiendo todo un país. La pregunta que queda flotando: ¿de verdad esto es lo peor que ha encajado Rusia en su historia moderna?
Qué se puede esperar a partir de ahora
El frente se asienta sobre el Dniéper y nadie da por cerrado el asunto. Hay quien avanza que, tras Jersón, el siguiente objetivo declarado sería Crimea, mientras otros descartan que Ucrania tenga capacidad de empujar a Rusia fuera de todo su territorio. Con la movilización de nuevos reclutas en liza, la incógnita se traslada al invierno. Lo prudente, a la vista de los bandazos de los últimos meses, es no apostar aún: quien daba por imparable el avance ruso hace un año hoy explica su repliegue como prueba de sabiduría militar.