Rusia abandona Jersón y repliega el frente hacia Crimea
Las banderas rusas desaparecieron de los edificios administrativos de Jersón antes de que Moscú confirmara nada. La Academia Naval amaneció sin enseña y un corresponsal del diario
Komsomolskaya Pravda lo contó por Telegram a sus más de 680.000 seguidores. Horas después, el general Serguéi Surovikin proponía trasladar la defensa a la orilla izquierda del río Dniéper y el ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, aprobaba el repliegue. Jersón, la única capital regional ucraniana bajo control ruso —anexionada junto al Donbás y la provincia de Zaporiyia—, dejaba de estar en manos de Moscú.
Qué implica ceder la única capital regional ocupada
El anuncio lo dio un militar, no un político. Surovikin, jefe de la agrupación de fuerzas que combaten en Ucrania, admitió que sostener la orilla derecha exigía un esfuerzo que ya no compensaba. La señal venía de lejos: a finales de octubre ya había reconocido que la contraofensiva ucraniana generaba una situación
difícil en la región, una muestra llamativa de debilidad sobre un territorio recién anexionado. Putin, según las informaciones publicadas, se había atrincherado en la ciudad para trazar su nueva línea de defensa. Ahora
esa línea se mueve, y con ella la lectura que hasta ayer hacían propios y ajenos.
La muerte del portavoz prorruso Kiril Stremoúsov
El repliegue coincidió con el fallecimiento del vicegobernador prorruso de la región,
Kiril Stremoúsov. Tenía 45 años y murió en un accidente de coche, según informó la agencia rusa TASS. Stremoúsov era el principal portavoz de las autoridades prorrusas de Jersón y publicaba a diario la situación del frente en su canal de Telegram. Su última entrada, esa misma mañana, aseguraba que las tropas rusas habían repelido un ataque ucraniano pese a que Kiev concentraba cada vez más fuerzas. El calendario, como poco, incomoda.
¿Repliegue táctico o derrota? El pulso del relato
Aquí es donde el análisis se parte en dos. Una corriente defiende que cruzar el río con armas y bagajes, sin dejar materiales ni civiles a merced del adversario, es una
retirada de libro: con Krivoi Rog en manos ucranianas como pivote del margen occidental, Jersón estaba condenada de antemano y defenderla solo servía para desangrarse. Es la tesis del repliegue ordenado.
La otra mitad no compra el guion. Se argumenta que la ciudad es una
cabeza de puente que solo tiene valor si piensas seguir avanzando; si no, mejor cruzar a la orilla propia, más fácil de defender. Y contra eso pesa el argumento incómodo: si el repliegue era tan sensato, ¿por qué se anexionó el territorio y se montaron referendos semanas antes? Hay quien sostiene que todo forma parte de un plan; el cálculo más escéptico recuerda que dar excusas para todo convierte cualquier derrota en estrategia.
Referendos, evacuaciones y los 80.000 desplazados
Las autoridades impuestas por los rusos en Jersón ordenaron en octubre la evacuación de unos
80.000 ciudadanos de la ribera derecha a la orilla izquierda del Dniéper ante el avance ucraniano. Esa cifra, más que ninguna declaración, anticipaba lo que iba a pasar. El problema, apuntan algunos análisis, es la conexión con los referendos ilegales: si no se podía defender, no se podía defender, y quizá bastaba con evacuar a quien quisiera ser evacuado y dejar la consulta para otro día.
Crimea, la línea roja que se acerca al frente
El repliegue desplaza la línea de frente más cerca de Crimea, la península anexionada en 2014 que Putin ha tratado siempre como
línea roja que no se puede cruzar. El precedente es conocido: tras la voladura parcial del puente de Kerch el
8 de octubre, Moscú empezó a atacar objetivos civiles en decenas de ciudades ucranianas. La pregunta que deja el movimiento es qué ocurre cuando el frente y la península dejen de estar lejos.
Que Rusia se retire de la única capital regional que controlaba no cierra la guerra. La abre por otro lado. Y el detalle que descoloca es este: mientras las tropas cruzaban el río, el portavoz que anunciaba victorias en Telegram llevaba ya unas horas muerto.