Miedo a las escaleras mecánicas: lo viral y el cruce político sobre inmigración
En las últimas horas, un vídeo que circula en la red social X ha conseguido algo difícil: que miles de personas se indignen al mismo tiempo por la misma tontería. Una mujer mira una escalera mecánica con el asombro de quien acaba de aterrizar en el futuro. Alguien escribió, con toda la pompa: «Es desolador que estemos llenando España de esto». Y a partir de ahí, cada cual ha utilizado el vídeo como martillo.
La burla, la empatía y el ruido de fondo
Frente a la mofa general, hay quien ve la escena con ternura, no con desprecio: es una persona delante de un artilugio que jamás ha usado, igual que cualquiera que aterriza en un aeropuerto y se enfrenta a una tecnología desconocida. La burla resulta obscena, y más cuando viene de quienes jamás han salido de su barrio. El vídeo no muestra delito ni violencia. Muestra sorpresa. Nada más.
Pero el ruido político no tarda: unos convierten a la mujer en símbolo del fracaso de un modelo; otros responden que el verdadero problema son los que hacen negocio con la inmigración; los terceros acusan a los partidos de turno. Hay quien ironiza con que la protagonista sube a un avión sin inmutarse y luego se asombra en un aeropuerto lleno de escaleras. Nadie habla de lo que se ve.
Una imagen y tres relatos
El episodio condensa la manera en que la política española digiere cualquier escena cotidiana. Hay quien añora, sin rubor, un perfil demográfico distinto, y quien recurre a la vieja metáfora de los espejitos. Y queda la frase desoladora: considerar que una persona que no conoce una escalera mecánica es el fin de un país. La escena es absurda, sin duda. Lo incómodo es que lo absurdo no sea la escalera, sino la facilidad con que una sorpresa se convierte en tuit y el tuit en arma. Aquí es donde el análisis se atasca: a nadie le interesa la protagonista, solo lo que se puede pegar con ella.