Alemania y Francia y el fin del bienestar: lo que se debate
En un hilo de foro se discute si en Berlín y París se dice en voz alta lo que en España nadie quiere pronunciar. Un usuario cita al canciller alemán Friedrich Merz, que según ese mensaje habría dicho que el Estado de bienestar «tal como lo conocemos hoy ya no es financieramente sostenible». Otro participante afirma que en Francia está la derecha en el poder. Aquí, silencio. La discusión que se abre no es menor: qué se recorta, quién paga la fiesta y por qué el ajuste siempre acaba en las pensiones.
Qué prestaciones alemanas están en el punto de mira
Un usuario reproduce una lista, atribuida a medios alemanes, de prestaciones que podrían verse recortadas. El
Bürgergeld —el subsidio básico de desempleo— se pretende abolir y sustituir por un sistema más austero. Los complementos de ingresos para rentas bajas sumaron unos
47.000 millones de euros en 2024, según esa misma fuente. Y las prestaciones para personas sin ciudadanía alemana representan cerca de la mitad del gasto en ese subsidio básico, sostiene otro mensaje.
Ese último dato es el que más incomoda en el hilo. Durante años se vendió la inmigración como sostén del sistema; ahora que los registros migratorios baten récords, el sistema se declara insostenible. La contradicción no es menor y nadie la explica, se queja un participante.
El ajuste que aquí solo se insinúa
En España el margen es más estrecho, según los intervinientes. La idea que recorre el análisis económico es que, para hacer ajustes,
sólo se puede a través de las pensiones. Es la partida que se come el presupuesto y la única lo bastante grande para cuadrar cuentas sin desmantelar sanidad o educación, se argumenta.
Hay quien sostiene que los partidos socialdemócratas no tocarán nada y dejarán que el siguiente se coma el marrón, con la etiqueta de ultraderecha lista para colgar. El precedente no ayuda, según otro usuario: en España fue el PSOE quien congeló las pensiones y quitó una paga a los funcionarios, igual que fue el PP quien eliminó la mili. Cada uno hizo lo que su electorado no le habría perdonado en campaña.
El gasto en defensa que rompe el relato
La incoherencia que más se señala: se recortan prestaciones para reducir deuda y presión fiscal, pero el gasto en defensa se dispara hasta el
5% para comprar armamento. Todo en orden, ironizan algunos.
La pregunta que flota es de dónde sale el dinero. Y la respuesta que se apunta es incómoda: hay capital extranjero comprando capacidad hotelera y apoyando a partidos que controlen el futuro gobierno. Lo que importa, se argumenta, no es que mejore la situación de los ciudadanos.
Ochenta años de bienestar y la tijera de repente
Durante ocho décadas —en algunos países más— hubo Estado del bienestar sin problemas graves, sostiene un usuario. Ahora, de golpe, el relato oficial dice que hay que desmantelarlo. Ese giro brusco alimenta la sospecha de que el problema no es de sostenibilidad, sino de reparto.
Frente a eso, la postura más dura: quien no trabaje, que no coma. Las paguitas no duran para siempre. Y la respuesta simétrica: que quiten también los impuestos, no solo las prestaciones. La bajada de impuestos prometida con Rajoy nunca llegó, recuerdan.
La mili vuelve y el debate se desvía
Alemania recupera el servicio militar, según un mensaje, y en Francia la derecha gobierna. No es casualidad, sostienen algunos: si sobra gente, se crean guerras. Mientras tanto, la conversación pública se distrae señalando a quien no se pliega a la causa palestina. No hay otro debate.
Lo que de verdad importa, según esta corriente, es cuándo empezará a moverse el pueblo europeo. Con generaciones jóvenes que se refugian en opositar —un opositor no da jaleo durante unos años—, el margen se estrecha. Y el funcionariado, visto como casta extractiva, tampoco se libra.
El ajuste llegará, concluyen algunos. La duda es si alguien lo explicará antes o si, como siempre, tocará enterarse por la letra pequeña. La coherencia, en todo caso, brilla por su ausencia.