El FT pide recortar el bienestar para costear el rearme europeo
El Financial Times lo escribió sin anestesia: Europa debe recortar su estado de bienestar para construir un estado de guerra. La cabecera británica, referencia de la prensa económica internacional, sostiene que los recortes de gasto se venden mejor cuando se presentan como una exigencia de la defensa que cuando se justifican por eficiencia generalizada. Hace trece años la canciller alemana Angela Merkel ya avisaba de que Europa concentraba el
7% de la población mundial, una cuarta parte de la producción económica y la mitad del gasto social. Entonces el objetivo declarado era preservar el «modo de vida» europeo. Ahora, según el artículo, se trata de defender las vidas.
¿Qué propone el Financial Times para financiar el rearme?
El texto no esconde el cálculo. Presenta la reducción del gasto social como la vía menos mala para sostener el esfuerzo militar y añade un argumento llamativo: la defensa tendría propiedades de bienestar porque actúa como formadora vocacional y empleadora, sobre todo en las regiones menos privilegiadas. O sea, el ejército como política activa de empleo. La frase que resume la tesis la dejó escrita el propio diario: los recortes son más fáciles de vender en nombre de la defensa que en nombre de una noción generalizada de eficiencia. Ahí está el detalle que incomoda. No se discute si hay que ajustar, sino con qué argumento venderlo.
El argumento demográfico que lo sostiene
Detrás de la propuesta hay una cuenta que no sale. Un análisis apunta que en
1972 el 13% de los británicos tenía más de 65 años, mientras que ahora la proporción ronda una quinta parte. Francia maneja cifras parecidas, Alemania algo más altas, y los tres países envejecerán mucho más conforme avance el siglo. Esas obligaciones en pensiones y sanidad ya eran difíciles de afrontar para la población trabajadora antes del actual shock de defensa. Ahora, sostiene ese análisis, son apenas plausibles. El rearme no viene a sustituir un sistema saneado, sino a tensionar uno que ya hacía aguas. Y a pedir el esfuerzo a quienes todavía cotizan.
Qué países ya están recortando
La tesis del FT no es solo papel, según se recoge en el hilo.
Alemania, Finlandia y Suecia estarían reduciendo de forma clara el gasto en bienestar, mientras la Comisión Europea reclama movilizar cientos de miles de millones para aumentar la defensa. En Reino Unido, los ajustes de bienestar del Gobierno de Keir Starmer habrían dejado a
más de 600.000 personas con discapacidad afectadas. El patrón que describen quienes siguen el asunto es que Europa empieza a asumir que Donald Trump no iba de broma y que puede dejar su economía casi en jaque mate. La conclusión, según este enfoque, es la vieja máxima presupuestaria: la izquierda española descubre de golpe la restricción del gasto.
El miedo como palanca de reforma
Aquí aparece el fragmento que mejor explica por qué se elige este momento. «He llegado a dudar de que las sociedades ricas y democráticas puedan hacer reformas difíciles, excepto en una crisis», resume una reflexión que se repite. «El malestar crónico no es suficiente. Un elemento de miedo real tiene que entrar.» Traducido: los ajustes impopulares necesitan una amenaza que los justifique, y la amenaza disponible tiene nombre. Ese es el mecanismo que muchos señalan en la operación. No es que el recorte sea bueno; es que da miedo discutirlo.
La contradicción de Bruselas
En 2022, la presidenta de la Comisión Europea sostenía que Rusia estaba tan desesperada que desmantelaba lavadoras para obtener chips con los que fabricar material militar. En 2025, la misma institución reclama movilizar cientos de miles de millones para intentar resistir ante el Ejército ruso. Los dos mensajes no encajan bien: o el adversario era un gigante con electrodomésticos o alguien exageró en alguna de las dos direcciones. Esa incoherencia alimenta la desconfianza de quien cree que el relato se ajusta según convenga a cada trimestre.
Eisenhower, el complejo industrial-militar y la deuda
No es la primera vez que se avisa. En su discurso de despedida a la nación, el
17 de enero de 1961, el presidente estadounidense Dwight Eisenhower alertó del peligro del enorme gasto militar, del déficit que generaba y de los contratos del Gobierno con los fabricantes privados de armamento. Acuñó ahí el término «complejo industrial-militar». Sesenta y cuatro años después, la deuda pública marca récords y vuelve el mismo problema de siempre: quién paga la factura. Hay quien lleva la sospecha más lejos y sostiene que todo responde a una agenda de recorte planificada; esas afirmaciones, sin pruebas que las respalden, no pasan de ser conjetura.
El estado de bienestar que, según algunos, ya no existía
Una parte del análisis no compra ni el marco temporal. Sostiene que Europa lleva medio siglo recortando y que el nivel de vida de los años ochenta y noventa no vuelve. Un alemán, dice este argumento, ya no vive mejor que un español como antaño. Bajo esa lectura, la disyuntiva no es bienestar o guerra, sino menos bienestar o menos bienestar con guerra. En paralelo, otra corriente desplaza el foco: antes que rearmarse contra Moscú, sostiene, habría que atender el control de las fronteras y la presión migratoria. El desacuerdo no es sobre las cifras, sino sobre el orden de las prioridades.
El artículo del Financial Times deja una pregunta que nadie ha respondido todavía: si el miedo es la única palanca capaz de mover a las democracias ricas, qué ocurre cuando el miedo pasa y el recorte se queda. Europa avanza hacia un estado que aún no ha decidido si es de guerra o solo de ajustes con bandera. Los datos, de momento, apuntan a lo segundo.