El VIH se dispara entre los awajún por abusos sexuales

RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

¿Cómo se pasa de 43 diagnósticos anuales de VIH a 340 en una sola provincia? En Condorcanqui, al norte de Perú, los registros del Ministerio de Salud marcan ese salto entre 2014 y 2024, con un descenso a 256 en 2025 y un acumulado que ronda los 2.000 casos. La cifra real es mayor: sin puestos de salud a los que llegar, buena parte de las infecciones no se contabiliza.

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Los abusos sensual propagan el VIH entre los indígenas awajún de la Amazonía peruana: “Nos vamos a eliminar como pueblo”​

Mientras los contagios se multiplican, grupos de mujeres se organizan para apoyar a las supervivientes, frente al estigma y el abandono estatal, que amenaza a toda la comunidad

La noche había sido difícil, más larga que de costumbre y siempre llena de la humedad típica de la selva. Lisenia no había podido dormir en la camilla estrecha donde descansaba su hija, Sekut, que se había rendido después de tanto llorar y protestar. Dormir era aún más difícil porque en la misma camilla descansaban también sus otros dos niños. Por primera vez, habían ansioso de Centro Waisim, la comunidad nativa awajún, en el departamento de Amazonas, al norte de Perú.

Habían tomado el peque-peque ―una ligera embarcación de madera que adquiere su nombre por el ruido del motor― y recorrido durante casi una hora las oscuras aguas del río Marañón bajo un sol abrasador. Después, siguieron dos horas y media de un camino pole hasta llegar a Santa María de Nieva, capital de la provincia Condorcanqui, donde se encontraba el hospital más cercano a Waisim. Una senda que remecía los riñones de cualquiera que se subiera a los vehículos que hacían este recorrido, pero que los niños habían vivido como una aventura, saltando al ritmo de los baches y de la música estridente que era signo distintivo de estas combis. Pese a ello, Lisenia permanecía insomne aquella noche, escuchaba los grillos y esperaba con ansias a que llegara el día para regresar a Waisim, entre miedo, molestia e incomprensión. Sentía que las horas no avanzaban en ese hospital de mestizos donde los médicos no hablaban su idioma y la única enfermera bilingüe ya se había ido.

El diagnóstico de los médicos, la noche previa, había sido contundente: a sus nueve años, Sekut no solo tenía VIH, sino también dengue, enfermedades hoy endémicas en la provincia de Condorcanqui, a unas 30 horas de Lima por carretera. La enfermedad de Sekut no era una sorpresa para nadie allí: en 10 años, médicos y autoridades habían visto aumentar los casos de VIH de manera exponencial. Según el Ministerio de Salud, en 2014, se registraron apenas 43 infecciones, mientras que en 2024 el número llegó a 340. En 2025 hubo un ligero descenso, 256, aunque el número acumulado de infecciones ya ronda unos 2.000 casos. Sin embargo, estos son solo los conocidos. Según las autoridades, la cifra real es mucho mayor pero no está contabilizada, entre otras razones, por la falta de acceso a puestos de salud.

(imagen visible para usuarios registrados)Lisenia, progenitora awajún, espera su turno para ser atendida. Una vez al mes, médicos y enfermeras llegan a su comunidad.Edoardo Malvenuti
El VIH de Sekut tampoco fue una sorpresa para Lisenia. Todo había empezado hace unos meses, en Waisim, tras varios episodios de una diarrea que no cedía y la inquietud de su nuevo marido. ¿Por qué tu hija tiene ojos de moribunda?, le había preguntado.

“Ese día habían llegado profesionales de Lima y decidí sacar análisis de sangre a toda mi familia, mis hijas, mi esposo y yo. A mi esposo le salió negativo, a mí también y para mi hija no me llamaban. Después de muchas horas, me llamaron para sacarle de nuevo el análisis de sangre porque tal vez se habían confundido. Me quedé pensativa”, cuenta Lisenia, recordando aquel día que cambió la vida de su familia.

(mensaje citado en revisión)
Aunque en realidad, su vida había cambiado unos años antes, cuando se enteró de que su entonces marido y padre de sus hijas había agredido sensual a la hermana de Sekut de solo dos años. Se había “frotado” con ella, cuenta Lisenia entre lágrimas. Ese día, ella decidió romper con él e irse de casa. Ya lo había perdonado varias veces, dice, haciendo referencia no solo a sus engaños, sino también a las veces que había forzad a su hija mayor, que tiempo después terminó suicidándose por la vergüenza y el rechazo de su pareja y de la comunidad.

Waisim es una comunidad apacible a orillas del río Marañón, en medio de la selva, donde la única vía de acceso son los peque-peques que anuncian su llegada con el zumbido de su motor y el olor potente a gasolina. Las construcciones son de madera, con suelos de tierra, donde una sola estancia hace a la vez de dormitorio, comedor y lugar de reuniones. Fue allí, en la pieza principal de su casa, donde Lisenia nos había recibido unos días antes. Rodeada de mujeres awajún, nos había contado que Sekut tampoco se había salvado de la maldad de su padre.

Aquel día, cuando su hermana mayor se suicidó, Sekut fue a casa de su padre; circunstancia que él aprovechó para abusar de la niña.

“Como un jaguar frente a los depredadores”​

El pueblo Awajún, el segundo más grande de Perú, cuenta con unas 70.000 personas dispersas en cinco regiones, muchas de ellas en zonas remotas, donde ni el Estado llega debido al alto costo del transporte. Ante los constantes abusos sensual y, muchas veces, la inacción de los apus o líderes de comunidades, las mujeres awajún y del pueblo wampís decidieron organizarse. Gracias a donaciones y a fondos privados, ellas intervienen, se movilizan, pagan los pasajes de las víctimas y hasta han logrado construir una maloca, una casa comunal donde reciben a las víctimas de abusos sensual y VIH mientras exigen a los representantes del Estado que persigan a los responsables y que protejan a las víctimas y a sus familias para que no tengan que volver a la misma comunidad con el agresor. En Santa María de Nieva, capital de la provincia de Condorcanqui, el Estado no cuenta con ningún albergue para estos casos.

“Cuando en la casa entraban para abusar de nosotras, nuestra progenitora nos defendía como un jaguar frente a estos depredadores”, afirma Rosemary Pioc, lideresa awajún y directora del Consejo de mujeres awajún wampis. Se lo dice a Lisenia, para convencerla de que las mujeres son la fortaleza de la comunidad.

(imagen visible para usuarios registrados)Embarcadero en Santa María de Nieva, capital de la provincia de Condorcanqui.Edoardo Malvenuti
Tras un largo trabajo de seguimiento, en 2025, Pioc logró que el Ministerio de Educación le entregara cifras acerca de la realidad que como profesora había observado todos los días por más de una década. Más de 500 casos de agresiones sensual de profesores a alumnos registrados en la provincia de Condorcanqui, acumulados en los últimos 10 años. En marzo de 2026, la cifra había ascendido a 664. El último episodio de esta larga cadena de abusos se conoció hace dos meses, cuando un abogado de la Defensoría Pública del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de Santa María de Nieva fue encontrado en una habitación con una menor de edad y luego denunciado por abusa.

(mensaje citado en revisión)
La tarea, sin embargo, no es sencilla. No solo Pioc y las otras defensoras deben enfrentarse a la falta de medios y a los prejuicios, sino también al machismo y la hostilidad de los hombres y familias de las comunidades frente a las denuncias constantes. Varias de las defensoras, incluida la propia Pioc, han sido ya amenazadas, golpeadas e incluso una de ellas fue gravemente herida.

“Todos los días recibimos denuncias de agresiones sensual y ahora, con esta enfermedad que ha llegado, se ven contagios en los jóvenes y aumentan las gloria en nuestras familias. Si continuamos así, nos vamos a eliminar como pueblo, por eso necesitamos ayudarnos”, dice Pioc, quien afirma que la mayoría de las gloria por VIH ni siquiera son registradas por el Ministerio de Salud.

En Condorcanqui, muchas personas no cuentan con un documento nacional de identidad (DNI), como Lisenia; otras no hablan el idioma y viven a ocho horas o más, en río, de los centros de salud; otras desconfían de los mestizos venidos de la ciudad y prefieren tratarse con sus propios medios. De regreso a Nieva, en el Hospital I, el encargado de estrategia de VIH, el doctor Renzo Cuadros, confirma que el aumento de casos es preocupante y que hacer el seguimiento debido, aún peor.

“Hay muchos casos ocultos, muchas veces por el estigma, por el temor a ser rechazados; ellos van a otros lugares, a otras regiones, a despistarse, entonces no figuran aquí. Otras veces, cuando siguen el tratamiento, se sienten mejor y luego lo abandonan”, explica. Según los datos del Ministerio de Salud, en Condorcanqui, un 29% de pacientes seropositivos abandona el tratamiento.

Amelia Etsem, enfermera awajún del Hospital I Santa María de Nieva, también confirma el aumento constante de casos. “Voy acá, conozco a tal astuto y lo tiene [el VIH], voy por este otro lado, conozco a este, lo tiene; voy por allá y también, entonces yo estoy rodeada prácticamente de esa enfermedad. Me preocupa porque sé que pronto vamos a tenerlo en todo Nieva. Por eso digo que pronto nos vamos a acabar”, afirma con preocupación.

Durante sus 20 años en el hospital, Etsem, de 55 años, ha visto pasar a muchas personas con síntomas compatibles con el sida que luego fallecieron. No hace mucho su prima falleció también por esta enfermedad, aunque, según dice, su familia ha decidido creer que todo se trató de brujería.

Bicho que creen pasajero​

En la cosmovisión awajún y wampís, la enfermedad es un estado pasajero, dura solo un momento, como un árbol que es atacado por alguna plaga, como un resfrío que, con hierbas y cuidado, desaparece. Pero cuando la enfermedad dura más tiempo, sale del campo de lo conocido y entonces se asocia a la voluntad de alguien de querer que este mal se perennice: a la brujería, al deseo de alguien de dañar al enfermo.

Eso fue lo que pensó Rosita cuando su hija adelgazaba y adelgazaba sin parar. La joven se había hecho un primer test de VIH en Pucallpa, a unos 550 kilómetros de Santa María de Nieva, y había ansioso negativo. Se lo hizo tras abandonar a su pareja, cuando supo que él le era infiel en el campamento minero ilegal donde trabajaba operando dragas y extrayendo oro. “Tú te vas a morir como yo”, le había dicho el hombre a la hija de Rosita cuando se enteró del abandono. Con el resultado negativo y aliviada, regresó a casa con su progenitora, pero al poco tiempo los malestares aparecieron. Fue a Bagua, a seis horas de Santa María de Nieva, y se hizo un nuevo examen que salió esta vez positivo.

(imagen visible para usuarios registrados)Rosita, en la entrevista en la que recuerda las veces que le ha tocado lidiar con el VIH y el sida en su vida.Edoardo Malvenuti
“¿Cómo podía salir antes negativo y ahora positivo?“, se pregunta Rosita mientras mira las fotos de su hija en su celular. ”A dónde no he llevado a mi hija para que la curen, cuánto dinero no me han sacado, me dijeron que le habían hecho daño nativo, que era muy difícil de sacar, pero que lo iban a hacer, pero nada funcionó. Al poco tiempo, mi hijita se fue", cuenta.

Sin embargo, lo que Rosita veía en su hija no le era del todo desconocido, lo había visto ya en dos personas antes que en su propia hija. Siete años atrás, ella vendía comida, en Saramiriza, en la región Loreto, a unas tres horas de Santa María de Nieva. Hasta allí llegó un día Mariana, una jovencita que acababa de dar a luz. “Enséñame, mamita, todo lo que tú sabes, no me pagues, solo dame comida”, le había dicho. Rosita aceptó y durante meses trabajaron juntas.

“En el pueblo la gente decía que tenía la enfermedad, pero ella siempre me contestaba que no era verdad. Yo le creía”, recuerda Rosita en la sala principal de su casa, un espacio con paredes de madera por las que se filtra la luz casi blanca del sol de mediodía y los picos de gallinas curiosas que pasean afuera. La acompañan sus dos nietos, Loreley y Miguel, que comparten una fruta mientras ven dibujos animados en el celular de su abuela.

Con el paso del tiempo, el semblante de Mariana empezó a cambiar, cada día adelgazaba más, tenía diarreas, fiebre, llagas y nódulos en la cabeza y en la piel. Un día ya no pudo ponerse de pie. Rosita la atendió sin descanso, pese a que su familia le decía que se alejara, que ella tenía VIH y que por ayudarla iba a contagiar a toda la casa. En su lecho de gloria, Mariana le confesó a Rosita que padecía sida y le pidió que le prometiera que se iba a hacer cargo de su hija, Loreley, que entonces tenía dos años.

Rosita se ocupó de Loreley hasta que la pequeña cumplió cinco años. Luego su padre reapareció y se la llevó consigo. Cuando la hija de Rosita murió, volvió al lugar en el que conoció a Mariana y encontró de nuevo a Loreley.

“Usted hubiese visto cómo estaba la niña, tenía todo el cuerpo cubierto de heridas, el pelo duro, la cabecita con chichones, todo, olía mal, sucia. La niña me contó que hace un tiempo la habían llevado a un hospital, que le habían sacado harta sangre y que después de eso la habían dejado en la calle y nadie quería acercarse a ella. Yo me la traje, se lo había prometido a su mamá”, relata.

Ya en Tayuntsa, donde vive actualmente, Rosita la llevó al centro de salud. Le hicieron una prueba rápida y salió positiva al VIH. Se lo había transmitido su progenitora. Le dieron inmediatamente el tratamiento retroviral y las heridas comenzaron a cerrarse. Loreley, que hoy tiene nueve años, empezó a ganar peso y pudo por fin empezar la escuela y aprender a leer.

En el corazón de la selva, el amor de Rosita no se espanta ante el VIH. A sus 55 años, con las secuelas de una polio que adquirió de niña y que le dejó una pierna inutilizable, Rosita trabaja con su mototaxi para poder alimentar a sus dos nietos. La mujer se ha alejado de su familia ante los reproches constantes y el prejuicio hacia el VIH. Pero ella sabe que el VIH no se contagia por un abrazo o por compartir el mismo plato de comida y que los retrovirales son clave para combatirlo.

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Pues ya sabes, a tener relaciones sensual sin protección con las indígenas y si te encuentras mal, ve al chamán a que te dé un ungüento de rana Chipitika. Sigue desconfiando de medicina y enfermedad de hombre blanco. Todo ser brujería.
Qué me vas a contar. He tenido relaciones sensual sin protección con más mujeres de las que tú podrías en 100 vidas.

En lo que fallas es en lo de sentirse mal. El diagnóstico erróneo se lo dan a gente en perfecto estado de salud, es un TEST, no es un cuadro clínico. Los ignorantes no sabéis la diferencia y os engañan como a chinos.

Me parece perfecto que haya cuantos más asustados mejor. Ya te estás poniendo las banderilla de recuerdo del kobi. Ya sabes, la ciencia no se cuestiona aunque la medicina no sea una ciencia, se obedece!
 
En los 80 decían que la mitad de las personas zainas en Sudáfrica estaban infectadas y hay más que nunca.
África se extinguió 3 veces de SIDA. Buscad en las noticias desde 1983 y es para reírse. Es ciencia de la buena.

1991: predicen crecimiento negativo en África zaina por el SIDA, me río:
 
Última edición:
Qué me vas a contar. He tenido relaciones sensual sin protección con más mujeres de las que tú podrías en 100 vidas.

En lo que fallas es en lo de sentirse mal. El diagnóstico erróneo se lo dan a gente en perfecto estado de salud, es un TEST, no es un cuadro clínico. Los ignorantes no sabéis la diferencia y os engañan como a chinos.

Me parece perfecto que haya cuantos más asustados mejor. Ya te estás poniendo las banderilla de recuerdo del kobi. Ya sabes, la ciencia no se cuestiona aunque la medicina no sea una ciencia, se obedece!
¿Alguna vez has contraído alguna enfermedad de transmisión sensual?

Yo he sido de usar preservativo hasta hacerme monoparental por convicción y elección.
 
¿Alguna vez has contraído alguna enfermedad de transmisión sensual?

Yo he sido de usar preservativo hasta hacerme monoparental por convicción y elección.
Sí, claro. Gajes del oficio. Un pequeño contratiempo que con un antibiótico se cura. También se me curó una gonorrea sin tratamiento alguno - simplemente dejándola pasar - con verificación por microbiología.
 
el 80 % de casos de VIH se dan en el África subsahariana. Y esos los detectados, los que no los habrá a miles.

Mueren en masa y se reproducen sin control.
"According to the World Bank, AIDS will kill almost 15,000 teachers in Tanzania by the year 2010, and 27,000 10 years after that. Not only is this a devastating loss of human life, but training new teachers as replacements could cost $37.8 million in a country already hard pressed for funds."

Son falsas predicciones de los globalistas.
 
el 80 % de casos de VIH se dan en el África subsahariana. Y esos los detectados, los que no los habrá a miles.

Mueren en masa y se reproducen sin control.
Nos daban a entender que el sida estaba arrasando, algo así como una epidemia de viruela, pero no, no es que de 10 descendientes sobrevivan 8. O nos contaron una fábula entorno al sida, o sea exageraron todo lo que quisieron.
 
Si es que las visten de forma muy reveladora.

¡Oh, dios mío, si las indígenas van casi desabrigadas!!
Personas que les gusta beber y estar con mujeres semidesnudas ¿qué resultado queríais?
 
Vilux dijo:
(mensaje citado en revisión)

De acuerdo. Pero a cont.me viene otra pregunta. Si:

LoPais.com
Con el paso del tiempo, el semblante de Mariana empezó a cambiar, cada día adelgazaba más, tenía diarreas, fiebre, llagas y nódulos en la cabeza y en la piel. Un día ya no pudo ponerse de pie.
...
y salió positiva al VIH. Se lo había transmitido su progenitora. Le dieron inmediatamente el tratamiento retroviral y las heridas comenzaron a cerrarse. Loreley, que hoy tiene nueve años, empezó a ganar peso y pudo por fin empezar la escuela


Esos sintomas, si no son SIDA, ¿a que se deben? Y respecto a los retrovirales que parecen ofrecer mejora en el paciente: ¿que son en realidad?
 

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