Junts comunica al sindicato de inquilinas que no apoyará los decretos
El portavoz del sindicato de inquilinas subió al escenario de la acampada de Plaça Catalunya para comunicar que Junts no apoyará los decretos de vivienda. La noticia, recogida en un vídeo difundido por
Cadena SER, convirtió una concentración reivindicativa en el escaparate de un bloqueo parlamentario. El sindicato de inquilinas se queda sin el respaldo de Junts. Y el Gobierno, sin los votos que le permitían sacar adelante su paquete normativo sobre el alquiler.
El anuncio se comunicó ante una plaza con tiendas de campaña.¿Qué medidas incluyen los decretos que Junts no apoyará?
El propio presidente del Gobierno había resumido el contenido en un mensaje público: los decretos sirven para
frenar la especulación, facilitar el acceso a la primera vivienda, fomentar los alquileres asequibles y frenar los desahucios. La defensa oficial es tajante —«este Gobierno no va a dar un paso atrás en su lucha por el derecho a la vivienda»—, y esa rotundidad es justo lo que se mide ahora contra la negativa de Junts. Un paquete que mezcla intervención en el mercado del alquiler, ayuda a la compra y protección frente a desalojos. Cuatro medidas y un socio que dice no.
El troceado del decreto y el relato de la coartada
Desde el ala socialista del Ejecutivo se sostiene otra lectura. Un ministro argumentó que, si no se hubiese troceado el decreto, habría cabido la duda de si Junts habría aprobado alguna medida por separado; al dividirlo, «se han retratado, pero de verdad». Traducido: el troceado no debilita al Gobierno, expone al contrario. No todos lo ven igual. Hay quien sostiene que el PSOE ha perdido la ocasión de
demonizar a Junts como haría con el PP y con VOX, y que se queda con una coartada cómoda: lo intentamos y la derecha y la ultraderecha se negaron. Dos relatos, un mismo desenlace. La diferencia es quién aparece como responsable ante el votante que paga el alquiler cada mes.
La acampada: celebración, desconcierto y reproche a las formas
La reacción en la plaza fue desigual. Un participante celebró el frenazo anunciando un
ayuno al día siguiente —«qué alegría cuando me dijeron que no habrá decretazo»—, como si el bloqueo fuera la victoria. Otros ni sabían que hubiera una acampada: se enteraron al ver la noticia, señal de lo poco que ha calado la convocatoria. Y una tercera corriente discutió la puesta en escena: gente sentada en el suelo, sin la tensión que se atribuye a los repertorios clásicos de la protesta callejera. La comparación con sans culottes, segadors y comuneros fue el eje del reproche, que no era al fondo, sino a la postura.
Quién paga el coste político del bloqueo
Aquí se atasca el relato. En el hilo se especula con que unos pocos diputados de otro grupo podrían equivocarse en la votación, los justos para aprobar determinadas medidas, «a saber a cambio de qué» —una insinuación sin pruebas que circula entre los participantes—. La versión oficial del Ejecutivo, en cambio, sostiene lo contrario: que el bloqueo expone a Junts.
Lo que sí queda claro es el efecto inmediato: una plaza con tiendas de campaña, un portavoz dando la noticia y un paquete de medidas de alquiler pendiendo de un hilo. Los partidarios del bloqueo lo celebran. Los inquilinos que esperaban las ayudas, todavía no. Y nadie ha explicado aún cómo se desbloquea esto sin que alguien pierda la cara.