El mito foráneo de San Fermín: sexo, alcohol y el coste económico de un relato
¿Quién inventó realmente el San Fermín de sexo y alcohol? La narrativa oficial vende las fiestas como una tradición ancestral navarra donde todo vale, pero una corriente de análisis sostiene que el mito del desmadre fue importado. Hasta hace dos décadas, el perfil del visitante era internacional: australianos, estadounidenses, franceses. Luego llegó el turismo masivo del sur de España y Latinoamérica, y con él, la percepción de que las cosas se habían ido de madre.
El cambio de perfil turístico y sus consecuencias
El debate apunta a que el turista anterior buscaba la tradición taurina y el ambiente local; el nuevo perfil, más joven y con menos presupuesto, aceleró el botellón y la masificación. Las calles se llenaron de borrachos y la sensación de inseguridad creció. El trágico caso de Nagore Laffage (2008) marcó un punto de inflexión, aunque el asesino resultó ser local –guipuzcoano–, lo que desmonta el relato del extranjero violento.
El coste económico de la transformación
Más vigilancia, más limpieza, seguros más altos: el cambio de perfil tiene un precio. Los negocios locales se han adaptado, pero la atmósfera de las fiestas se ha tensado. Algunos señalan que el verdadero San Fermín, el de los pamploneses, resiste a duras penas entre los cubatas y las acusaciones.
En resumen: si alguien debe disculpas por el desmadre, quizá no sea el navarro que lo padece todo el año, sino el que llegó con la idea de que aquí todo vale. El mito, al menos en parte, era foráneo.