El asesino de Nagore Laffage, condenado a 12 años, salió tras siete y ejerce como psiquiatra en Madrid
Un médico de 27 años, de vuelta de los Sanfermines de 2008, intentó forzar a una enfermera de 20 a mantener relaciones. Ante la negativa, la golpeó 36 veces, rompiéndole la mandíbula y el cráneo, hasta estrangularla. La víctima: Nagore Laffage. El agresor: Diego Yllanes, hoy psiquiatra en la capital.
La condena inicial fue de 12 años de prisión. Cumplió siete. Desde entonces, ejerce la psiquiatría en Madrid. El dato no es nuevo, pero resurge con cada reflote del caso: la brecha de clase en la justicia española.
36 golpes, una fractura de cráneo y una condena reducida
Los forenses documentaron 36 golpes en el cuerpo de Nagore. Tenía la mandíbula rota y el cráneo fracturado. La autopsia reveló una violencia desmedida. La Audiencia de Navarra condenó a Yllanes a 12 años por homicidio, pero con atenuantes como el arrebato. La defensa jugó la baza de la «buena educación» y la falta de antecedentes. Salió en 2015, tras cumplir siete años.
La comparación con otros casos de similar brutalidad, en los que los condenados cumplen la práctica totalidad de la pena, alimenta la sospecha de que el origen social pesa en los tribunales. «Vascos de clase alta son intocables», resume una corriente de análisis que circula desde entonces.
Un psiquiatra para pacientes vulnerables[/ZIZE]
Que un condenado por asesinato, con una conducta violenta extrema, pueda reincorporarse al sistema sanitario sin restricciones públicas es, cuanto menos, paradójico. Y que lo haga en psiquiatría —especialidad que trata a personas en situación de vulnerabilidad— multiplica la inquietud. Ni el Colegio de Médicos ni la Consejería de Sanidad han hecho declaraciones al respecto en los últimos años.
La discusión sobre si un profesional con estos antecedentes debería ejercer no tiene respuesta oficial. Mientras tanto, Yllanes atiende pacientes en su consulta de Madrid.El precio de la «buena familia»
La familia de Yllanes, con recursos y contactos, pudo costear una defensa jurídica de primer nivel. El mismo esquema se repite en otros casos sonados: penas mínimas para quienes pueden pagar buenos abogados y alegar arrepentimiento. Frente a eso, la madre de Nagore ha denunciado en varias ocasiones la sensación de impunidad. «Apenas pisó la cárcel», dijo en una entrevista.
Los datos del caso son tozudos: 36 golpes, 12 años de condena, 7 cumplidos. Y un psiquiatra en ejercicio.
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