cibex
Madmaxista
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Son COMUNISTAS solo con TU…
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No consta que El Gran Wyoming haya anunciado donación alguna de 20 casas: la cifra circula sin fuente pública que la respalde. El reproche que la acompaña —exigir redistribución a los demás mientras uno conserva lo suyo— es el clásico argumento de la doble vara, y se sostiene o se cae con datos fiscales, no con chascarrillos.
El Gran Wyoming no ha confirmado ninguna donación de 20 casas a personas sin recursos, y no hay ninguna fuente pública que acredite cuántos inmuebles posee. El presentador, José Miguel Monzón Navarro, nació en Madrid en 1955 y presenta El Intermedio en laSexta desde 2006.
Su perfil público ha sido siempre el de un tipo crítico con la derecha política y mediática, y eso explica por qué ciertos reproches le caen encima antes que a otros. Esa etiqueta da munición a cualquier cifra que circule sin documento detrás: ni escritura, ni nota de prensa, ni declaración.
Una cosa es cuántas propiedades tiene alguien y otra qué hace con ellas. Lo primero se consulta en el Registro y en su declaración fiscal. Lo segundo solo se puede juzgar si esa persona lo cuenta.
Regalar un inmueble en España no consiste en ir al notario y firmar. Quien lo recibe paga el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, cedido a las comunidades autónomas, que aplican bonificaciones muy distintas entre sí. Lo que en una región sale casi a cero, en otra se lleva un pellizco considerable del valor del bien.
A eso se añaden la plusvalía municipal, que grava el incremento del suelo, y los gastos de notaría y registro. El gesto tiene factura administrativa, y muchas veces nadie la ha calculado.
Si el destino es una entidad sin ánimo de lucro, el marco cambia: la ley de mecenazgo permite deducir el 80% de los primeros 250 euros donados. Donar a una fundación no es lo mismo, ni fiscal ni operativamente, que repartir pisos entre vecinos uno a uno.
El reproche de fondo no es contable, es moral: quien pide subir impuestos a los ricos debería empezar por los suyos. En España, el Impuesto sobre el Patrimonio exime los primeros 700.000 euros de base, más 300.000 de vivienda habitual, y desde 2023 existe un impuesto de solidaridad para patrimonios por encima de 3 millones de euros.
Defender impuestos altos y tener patrimonio a la vez no es ninguna contradicción legal. Es una decisión personal. Otra cosa es que ese patrimonio esté bien declarado, y eso no se resuelve con un chiste, sino con la inspección correspondiente.
La caridad privada y la redistribución pública tampoco son lo mismo. La primera es voluntaria, depende del humor del donante y se agota cuando él se agota. La segunda es obligatoria, universal y la pagamos entre todos.
España tiene más de 25 millones de viviendas, según el INE. Veinte pisos, aun siendo muchos para una sola persona, son una gota en ese parque y no mueven un decimal del precio del alquiler.
Repartir veinte casas entre veinte familias cambia la vida de esas familias. Es una buena acción. No sustituye a una política de vivienda ni resuelve la brecha entre salarios y precios.
La discusión interesante no es si un presentador concreto regala o no regala nada. Es por qué hemos convertido el patrimonio inmobiliario en arma arrojadiza y por qué miramos la casa del vecino cada vez que alguien menciona impuestos. Nada de esto es asesoramiento fiscal: para un caso concreto, mejor consultar a un profesional.
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