Los pensionistas que cobran más de 3.000 euros, a debate
En el hilo de debate se maneja la cifra de que el 10% de los pensionistas cobra más de 3.000 euros al mes. La afirmación reabre la pregunta de siempre: ¿son trabajadores que cotizaron por encima de ese umbral durante tres décadas o una minoría que el sistema mantiene por encima de lo que aportó? La comparación que se cruza es incómoda. Ese 10% de pensionistas se contrasta con un 4% de cotizantes actuales que, según el mismo interviniente, estaría en el tramo máximo de contribución. El stock no cuadra con el flujo.
¿Cuántos pensionistas cobran más de 3.000 euros al mes?
En torno a uno de cada diez, según la cifra que se baraja. El núcleo del asunto no es el porcentaje en sí, sino su asimetría con el presente: si apenas un 4% de quienes hoy trabajan cotiza por la base máxima, lo que entra no alcanza a cubrir lo que sale. La defensa más extendida es que detrás de esas nóminas hay carreras laborales largas.
Llevan cotizando por más de 3.000 euros desde hace 30 años, resume el argumento, que no ve nada excepcional en quien cobra por encima de esa cifra.
El funcionario que cotiza por una cifra fija
Al empleado público se le atribuye casi todo el tramo alto. El dato lo matiza. Como señala uno de los participantes, los funcionarios anteriores a 2011 cotizan por una
cantidad cerrada según su grupo —A, B o C—, con independencia de lo que cobren. Son, con ese criterio, el colectivo que más pierde al jubilarse en proporción a su salario, y de ahí que muchos alarguen la vida laboral. Frente a ellos, según el mismo interviniente, aparecen millones de asalariados de la industria, la banca, la enseñanza privada, la sanidad, los seguros y el Ibex que sí cotizan por encima de los 3.000 euros.
La brecha entre lo que se cotiza y lo que se cobra
Por aquí aprieta el otro lado. El cálculo que circula sostiene que se cotiza unos
1.400 euros por encima de lo que finalmente se recibirá, y que esa distancia no deja de crecer. La conclusión que extraen algunos es que la sostenibilidad del sistema no descansa en su solidez, sino en que las próximas generaciones cobrarán bastante menos de lo que aportan. Es el argumento que late bajo la frase más repetida: las pensiones aguantan porque los de después cobrarán poco.
Pensiones mínimas sin cotización completa
El otro frente es el de las prestaciones que no dependen de lo aportado. Se describe como especialmente llamativo el caso de quienes no completan ni un año de cotización y acaban cobrando la pensión mínima, y se relata la historia de un cargo público que se habría fijado la cotización máxima y habría forzado su jubilación anticipada. Todo eso se cuenta sin más prueba que el testimonio, así que conviene tomarlo como lo que es: casos sueltos, no una regla del sistema.
Con tanto dato cruzado, el punto exacto donde el análisis se atasca es siempre el mismo. Nadie niega que existan fraudes ni que haya carreras de cotización altísima. Lo que sigue sin respuesta es cuánto pesa cada cosa en ese conjunto de pensiones por encima de los 3.000 euros, y si el sistema puede sostenerlo sin que la próxima generación lo pague.