El Begoño planta al juez y la ley se vuelve un chiste
Hay una escena que se repite en los juzgados españoles y que ya nadie se molesta en disimular: la de quien está citado a declarar y, simplemente, no aparece. No hay orden de detención, no hay busca y captura, no hay consecuencias. El caso de Begoña Gómez, investigada por presunto tráfico de influencias y corrupción en el ámbito de su actividad profesional, ha vuelto a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando el imputado decide que el calendario judicial es una sugerencia?
La respuesta, a la vista de lo ocurrido, es que no pasa nada. Su abogado se presenta, comunica que su clienta no va a declarar, y el juzgado sigue con su rutina. Mientras tanto, en cualquier otro procedimiento, un ciudadano sin apellidos ilustres que ignore una citación judicial se enfrenta a medidas que van desde la multa hasta la detención. La comparación no es un ejercicio retórico: es el corazón del asunto.
¿Por qué Begoña Gómez no va a declarar y no le pasa nada?
El marco legal es claro: ante una citación judicial, el investigado puede acogerse a su derecho a no declarar y puede hacerlo a través de su representación letrada. No hay obligación de comparecer personalmente si el abogado asume la representación. Eso es así para todos los españoles, y el juicio ni siquiera ha comenzado. El problema no es jurídico, es de percepción: cuando el caso afecta a alguien del entorno presidencial, la sensación de impunidad se dispara.
Hay quien sostiene que la estrategia de defensa es impecable: no declarar, no comparecer, dejar que el procedimiento se desgaste solo. En contra pesa el argumento de que esa misma estrategia, aplicada por un ciudadano corriente, se interpretaría como obstrucción. La doble vara de medir no es un invento de tertulia: es una percepción que se refuerza cada vez que un imputado con poder decide que el juzgado no es su prioridad.
La ley es igual para todos... menos cuando no lo es
El caso ha reavivado un debate que trasciende a la persona concreta. La pregunta no es si Begoña Gómez es culpable o inocente —eso lo dirá la justicia—, sino si el sistema trata igual a quien tiene recursos y a quien no. Los ejemplos que circulan son elocuentes: un ciudadano detenido por dar 0,65 en un control de alcoholemia, mientras una investigada por presunta corrupción no comparece y sigue con su vida.
La ironía es que el propio sistema ofrece coartadas técnicas para explicar cada caso. El derecho a no declarar existe. La representación letrada es válida. El juicio no ha empezado. Todo cierto. Pero la suma de tecnicismos no borra la impresión de que hay dos velocidades: una para los que pueden permitirse un abogado que les cubra las espaldas, y otra para los que no.
El relato oficial y la realidad que no cuadra
Desde el Gobierno se insiste en que no hay injerencias y que la justicia actúa con independencia. La realidad, sin embargo, muestra un patrón que se repite: investigaciones que se eternizan, comparecencias que se posponen, recursos que se acumulan. El caso de Begoña Gómez no es una excepción, es la norma cuando el investigado tiene poder.
Hay quien sostiene que todo esto es una persecución política sin fundamento. En contra pesa el argumento de que, si no hay nada que esconder, lo más eficaz es declarar y despejar dudas. La estrategia del silencio, legítima en términos legales, es un desastre en términos de imagen. Y la imagen, en política, es casi todo.
¿Qué pasa ahora con el caso de Begoña Gómez?
El procedimiento sigue su curso. El juez Peinado, que instruye el caso, ha visto cómo la defensa de Begoña Gómez ha optado por no comparecer y dejar que sea su abogado quien gestione el trámite. No hay orden de detención, no hay medidas cautelares más allá de las ya adoptadas. El juicio, cuando llegue, será el escenario donde se diriman las responsabilidades.
Mientras tanto, la sensación de que la justicia es lenta y selectiva se consolida. No es un fenómeno nuevo, pero cada caso como este añade leña al fuego. La pregunta que queda en el aire no es si Begoña Gómez declarará algún día, sino si el sistema está diseñado para que algunos nunca tengan que hacerlo.
Datos clave sobre el caso de Begoña Gómez
- Begoña Gómez está investigada por presunto tráfico de influencias y corrupción.
- El juez Peinado instruye el caso y ha citado a declarar a la investigada.
- La defensa ha optado por no comparecer personalmente y gestionar el trámite a través de su abogado.
- No se ha emitido orden de detención ni busca y captura contra ella.
- El juicio aún no ha comenzado y no hay sentencia firme.
La ley es igual para todos. Hasta que deja de serlo. Y entonces, alguien tiene que explicar por qué.