La F1 se desinfla en DAZN: hasta un 49% menos de audiencia
DAZN apostó por el deporte de motor como sustituto del fútbol de LaLiga y el resultado, de momento, es un agujero de audiencia. La plataforma ha visto cómo el Gran Premio de Japón se quedaba en
63.000 espectadores en directo, un
49% menos que en la misma cita del año anterior. La clasificación fue aún peor: 24.000 usuarios. Y no es un problema exclusivamente español. En Francia la caída fue del
43% (404.000 frente a 705.000), en Austria del 36% y en Alemania del 21%. Solo Italia, con un 36% más, rompe la tendencia. La oferta flash del paquete motor no ha convencido a los clientes.
El nuevo reglamento convierte la F1 en otra cosa
El cambio normativo de la FIA está en el centro de la tormenta. Los nuevos motores híbridos V6 mantienen más de 1.000 CV, pero el motor eléctrico pesa ya el 50% del conjunto. La gestión de la batería y el llamado «modo boost» favorecen los adelantamientos, aunque para una parte de la afición son
carreras artificiales. La comparación con la Fórmula E aparece una y otra vez: mismo tipo de adelantamiento con botón, mismo sonido ausente, misma sensación de que el piloto gestiona energía en lugar de pelear rueda a rueda.
El comentarista Antonio Lobato, con veinte años de retransmisiones a la espalda, rechaza esa tesis: «Es maquiavélico decir que es por la normativa, pero qué puñeta va a ser por la normativa, no tiene nada que ver». Para él, la caída se explica porque
Alonso y Sainz van mal. La réplica es inmediata: si el problema fueran solo los españoles, Francia no caería un 43% ni Austria un 36%. Los datos internacionales desmienten el diagnóstico localista.
¿Por qué cae la audiencia de la F1 en DAZN?
Porque confluyen tres factores que se refuerzan entre sí. El primero es el precio:
40 euros al mes por el paquete motor. Cuando la F1 se emitía en abierto, con publicidad, la audiencia española superaba los cinco millones. Ahora, para ver a Alonso salir decimoquinto a las siete de la mañana, hay que pagar una suscripción. El segundo es el espectáculo: coches que sacan tres décimas por vuelta y no pueden adelantarse en el 45% de los circuitos ni con el invento del boost. El tercero es la ausencia de referentes competitivos: los dos pilotos españoles compiten en escuderías que apenas llegan al puesto diez.
Hay quien sostiene que el problema es de producto y no de precio. La F1 actual, se argumenta, ha perdido el riesgo, y sin riesgo no hay emoción. Los coches miden 5,40 por 2 metros, con una aerodinámica que convierte cada adelantamiento en un ejercicio de gestión de batería. «Es un concurso de ingenieros aeronáuticos», resume una de las voces más repetidas. La seguridad, indiscutible en sí misma, ha eliminado el componente de incertidumbre que hacía vibrar al público.
El precedente de Valencia y la incógnita de Madrid
La conversación deriva hacia el dinero público. El circuito de Madrid, todavía en construcción, se compara con el de Valencia: un dineral que no se va a recuperar, con beneficios concentrados en empresas afines. La sospecha de que el contribuyente pague el espectáculo mientras las audiencias se hunden añade leña al fuego. No hay cifras cerradas sobre el retorno, solo el precedente valenciano como advertencia.
Mientras tanto, la afición más veterana ha encontrado su refugio en las carreras de los ochenta y noventa. Senna contra Prost, Mansell a fondo en Eau Rouge, Alonso pasando por el exterior en la 130R sin DRS ni tubo-boost. La nostalgia no es solo estética: es la constatación de que el producto actual ha dejado de interesar a quien antes madrugaba por verlo.
La predicción, con todas las reservas, es que DAZN tendrá que replantearse el paquete motor antes de que termine la temporada. Si Italia sube un 36% y el resto cae, el problema no es la F1 en abstracto, sino cómo se vende y a qué precio. La plataforma puede aguantar un año malo. Dos, difícilmente.