El canal Júcar-Turia, 16 m³/s frente a una riada de 2.000
El acueducto que cruza el barranco del Poyo, en la zona cero de la DANA del 29 de octubre, aparece derribado en las imágenes de la reparación. La pregunta que recorre el análisis no es si cayó, sino qué lo tumbó. El canal Júcar-Turia es una infraestructura artificial que salva cauces y cuencas para llevar agua desde el Júcar hasta el Turia: su capacidad máxima es de
16 m³/s, un caudal que cabe en túneles, sifones y acueductos de sección fija. Por el barranco del Poyo bajaron, según los cálculos que se manejan, más de
2.000 m³/s. La diferencia no es de matiz: es de dos órdenes de magnitud.
Qué es el canal Júcar-Turia y por qué va en alto
El canal no es un río ni una cuenca. Es una conducción construida para atravesar un terreno que, por su propia naturaleza, no permitiría el paso natural del agua. Para lograrlo se levantan acueductos que salvan los cauces, se horadan túneles que cruzan las barreras físicas y se instalan bombeos donde el desnivel obliga. En el punto donde cruza el río Magro, aguas abajo del azud de Carlet, el canal circula elevado en acueducto sobre el cauce y sobre toda la llanura circundante.
Esa elevación es la clave hidráulica del asunto. El agua de una riada no puede saltar hacia arriba para subirse a un acueducto. Si el nivel del Magro llegase a la coronación de la estructura, el agua seguiría el curso de mayor pendiente, no el del canal. Y aunque lo intentara, la sección del acueducto no admite más caudal que el de diseño.
La aritmética que desmonta la tesis del trasvase
El argumento que atribuye la inundación al canal choca con una limitación física elemental:
16 m³/s no pueden inundar la superficie que quedó anegada. Es un pis de gato comparado con el volumen que bajaba por los barrancos tras concentrarse las lluvias montaña arriba. La riada que se llevó por delante construcciones e infraestructuras en el Poyo circulaba con un caudal que multiplica por más de cien la capacidad del canal.
La secuencia que sostiene el análisis dominante es otra: el agua desbocada por el barranco del Poyo socavó las pilas del acueducto y lo derribó. Incluso sería irrelevante si, en el momento del derrumbe, la estructura estaba transportando su caudal artificial completo o una fracción. Lo que la tumbó no cabía por ella.
La cronología: Chiva a las 17:47, Paiporta a las 18:30
La reconstrucción horaria desmonta otra pieza del relato. El barranco de Chiva estaba desbordado a las
17:47. En Paiporta el agua empieza a desbordarse a las
18:30, no a las 19:40 como sostiene una versión que circula. La diferencia se explica por la geometría del cauce: en Chiva el barranco es estrecho y se desborda antes; en Paiporta tiene mucha más capacidad y tarda más en superarla.
A las 19:30-20:00 el nivel sube aún más porque arriba llueve con violencia extrema:
84,4 litros por metro cuadrado en media hora en Chiva. Ese es el motor de la riada, no una compuerta abierta en un embalse a 30 kilómetros en línea recta. La presa de Forata se abrió 40 minutos después de que el barranco ya estuviera desbordando en la zona baja.
Qué papel jugaron las presas y qué queda sin responder
La Confederación Hidrográfica del Júcar centró su atención en la presa de Forata mientras el barranco del Poyo crecía sin monitorización suficiente. El aviso del caudal que bajaba por el barranco llegó por correo más de una hora tarde. Ahí está la negligencia que el análisis señala con más consistencia, y no en un trasvase que físicamente no puede transportar la riada.
Insistir en la tesis del canal, sostienen quienes la rebaten, desvía la atención de las verdaderas negligencias y hace el caldo gordo a quienes quieren meter todas las acusaciones en el mismo saco de la conspiración. La discusión sigue abierta en un punto: por qué la alerta no llegó a tiempo a los municipios de la zona cero.
La pregunta que queda sin respuesta no es hidráulica. Es de gestión: si el barranco del Poyo llevaba horas creciendo, ¿por qué el aviso llegó cuando el agua ya estaba en las calles de Paiporta?