Un tuit viral atribuye cuenta en OnlyFans al 10% de las mujeres de 18 a 24 años en EEUU
Un tuit viral asegura que
1,4 millones de mujeres estadounidenses tienen cuenta en OnlyFans y que 1,2 millones están entre los 18 y los 24 años. La aritmética es sencilla: si en ese tramo de edad hay unos diez millones de mujeres, una de cada diez tendría perfil en la plataforma. El mensaje original lo resume sin matices: «En EEUU un 10 por ciento de las mujeres entre 18 y 24 años se prostituye en OnlyFans». La cifra se ha repetido en foros y redes, pero nadie ha enseñado la fuente primaria. Ni OnlyFans ha publicado esos números, ni existe un registro público que permita contar cuántas cuentas pertenecen a personas reales, cuántas están duplicadas o cuántas son bots.
De dónde sale el 10% y por qué no cuadra
El cálculo parte de un supuesto simple: se toman las creadoras de contenido registradas en Estados Unidos, se filtran las que declaran entre 18 y 24 años y se dividen entre el total de mujeres de esa edad. El problema es que
la base de datos no distingue entre cuentas activas, inactivas, duplicadas o gestionadas por terceros. En el propio intercambio se apunta que algunas usuarias tienen dos cuentas, otras son generadas con inteligencia artificial y muchas pertenecen a agencias que operan decenas de perfiles a la vez. Con esos mimbres, el 10% es más una estimación de orden de magnitud que una estadística.
Hay quien directamente niega el dato: «Esa cifra no es real, y aunque así fuera no daría para mantener a todas vendiendo vídeos». El argumento de fondo es económico:
la mayoría de las cuentas no genera ingresos suficientes para vivir de ello. Se menciona que muchas creadoras no llegan a 20 dólares al mes, mientras unas pocas concentran casi todo el dinero. Es el patrón clásico de las plataformas de contenido: cola larga, cabeza minúscula.
¿Cuánto gana de media una creadora de OnlyFans?
La mayoría de las cuentas ingresa cantidades muy bajas, según los cálculos que circulan en el propio debate. Se habla de
menos de 20 dólares mensuales para una parte amplia de las creadoras, con una minoría que factura sumas altas. La consecuencia práctica es que muchas mujeres acaban exponiendo su imagen a cambio de muy poco, y esas fotos quedan en internet de forma permanente. La ecuación riesgo-beneficio no sale para la mayoría, pero el relato de éxito rápido sigue atrayendo.
El negocio real: atención, no dinero
Una parte del análisis sostiene que el motor no es solo económico. «El dinero no es lo más importante, es la exhibición», resume una intervención. La lógica sería la de una red social más:
la validación inmediata y la atención masculina funcionan como recompensa. Desde esa óptica, OnlyFans sería la versión monetizada de un comportamiento que ya existía en Instagram o TikTok. Otra corriente lo lleva al terreno antropológico: la capacidad de atraer atención se percibe como un recurso, y quien lo tiene lo explota. La discusión deriva hacia si eso es una elección libre o el resultado de un mercado que premia la exposición.
Porno gratis, pagafantas y lavado de dinero
El contraargumento más repetido es que
el porno gratuito inunda la red y nadie necesita pagar por vídeos. «Los tíos queremos contacto físico, los vídeos hace muchos años que los tenemos gratis», se afirma. De ahí surgen dos lecturas. La primera: OnlyFans no puede sostener a millones de creadoras porque la oferta de contenido gratuito es infinita. La segunda, más conspirativa: la plataforma sería una tapadera para blanquear dinero. Esta última no aporta pruebas y se queda en sospecha.
El choque moral y la brecha generacional
El tono del intercambio se endurece cuando entra la moral. Hay mensajes que hablan de «putificación» de las mujeres y citan a un supuesto sabio persa para advertir de que corromper a las mujeres destruye una cultura. Frente a eso, otra voz responde: «Vuestra moral ya no es la de ahora. Para ellas y ellos ya no tiene connotaciones negativas sacar dinero en OnlyFans».
El choque no es tanto sobre el dato como sobre si la práctica se ha normalizado entre los más jóvenes. Y ahí las opiniones se separan sin puente posible.
¿Llegará a España ese 10%?
La conversación se traslada al caso español. Se sostiene que
España importa las tendencias estadounidenses con unos años de retraso, y que el fenómeno aún no alcanza la magnitud que se atribuye a Estados Unidos. También se apunta una diferencia cultural: en EEUU es más fácil cambiar de estado y dejar atrás el pasado, mientras que en España la huella digital permanece. Esa permanencia, se argumenta, actúa como freno parcial.
El dato que descoloca no es el 10%, sino su simetría: si una de cada diez mujeres jóvenes tuviera cuenta activa, el mercado estaría tan saturado que casi ninguna ganaría dinero. Y eso es, precisamente, lo que dicen los números pequeños que sí se conocen.